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Mostrando las entradas etiquetadas como medicina

"SI JUSTICIA OVIERA EN EL MUNDO" (DEL HIJO DE UN MÉDICO CONFESO)

El licenciado Juan de Carmona, vecino de Montilla, era médico y confeso. Hacia 1575 el Santo Oficio procedió contra su hijo, llamado Antonio de Silva. Por el apellido parece que era de origen portugués. En una conversación, "tratando de conversos", dijo: "si justicia oviera en el mundo que el Papa, Rey, obispos y arzobispos avian de ser confesos, más que andava el mundo al revés y que lo mejor que el Rey tenía era traer una brizna". No le faltaba orgullo de casta a Antonio de Silva y no siempre se podía estar callado. Aunque las paredes oyesen. Respecto a la brizna de sangre judía de Felipe II, debía de referirse al linaje de Doña Juana Enríquez, madre de Fernando el Católico. Era asunto conocido en aquellos siglos. Alguien escuchó esta afirmación y fue denunciado. Desconozco cómo acabó todo.

LA PESTE DE 1602 EN JAÉN

No fue demasiado diferente a lo de ahora. Corrieron noticias de una epidemia de peste que llegaba de Córdoba. Ya en febrero de 1601 el Cabildo municipal de Jaén prohibió la entrada de telas de cualquier procedencia, aunque su origen estuviese en lugares libres del contagio. Después se pasó al control de todas las mercancías y viajeros que llegaban a la ciudad. Pasaron los meses y en abril de 1602 se supo de la primera enferma, una mujer que fue aislada en la ermita de San Nicasio que al final fue convertida en hospital de apestados. Era natural que la inquietud y después el miedo se apoderasen de la ciudad. Mandaron a sus casas a los niños que estudiaban con sus maestros las primeras letras, cerraron la escuela de Gramática y dijeron a las mujeres que enseñaban labores a las niñas que dejasen la tarea para mejor momento. Preguntaban a los médicos y nadie sabía, a ciencia cierta, lo que podía pasar. El corregidor de Jaén advirtió con severidad a los médicos de las penas en que incurrir...

MERCADURÍAS JAPONESAS

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El doce de noviembre de 1868 se formalizó un tratado de amistad, comercio y navegación entre España y Japón, a inicios de la Era Meiji. En el texto del tratado, aunque ratificado por el general Serrano como regente del Reino, constan como soberanos Isabel II, ya destronada, y el Tenno del Japón. Se firmó en Kanagawa. El plenipotenciario español fue don José Heriberto García de Quevedo que, además, representaba a España en el Imperio de China y en el Reino de Amman. La relación de honores y condecoraciones de este diplomático es digna de citarse: gentilhombre de Cámara con ejercicio, caballero Gran Cruz de la Real Orden de Isabel la Católica, caballero de primera clase de la Real y Militar Orden de San Fernando, Gran Cruz de las del León de Zabringen de Baden, de la Orden de San Miguel de Baviera y de Federico de Wurtemberg y oficial de la Legión de Honor de Francia. Los plenipotenciarios japoneses eran Kuze Chiujo, Vice Chiji en el Ministerio de Negocios Extranjeros y oficial d...

EL CÓLERA EN JAÉN (1834)

Las primeras noticias del cólera llegaron a Jaén cuando acababa el verano de 1833, en las últimas semanas del reinado de Fernando VII. La Junta Municipal de Sanidad y la Capitanía General de la que dependía la ciudad, tomaron las primeras medidas. Este sombrío panorama se agravó además por la severa crisis de subsistencias vivida en la provincia. Al malestar producido por el pan escaso y los pucheros vacíos se añadía además, ya metidos en 1834, el desasosiego por los continuos rumores de conspiraciones realistas y de la cercanía de partidas de esta obediencia. Pasaron las semanas y algunos de los peores presagios se hicieron realidad. En mayo de 1834 se detectaron los primeros casos de cólera en Jaén. Para evitar una oleada de pánico y quizás de alteraciones en la calle, el corregidor, don Vicente Girón, trató de quitar gravedad a las noticias, aunque se vio forzado a reconocer la existencia de casos de cólera en Andújar además de recomendar las habituales medidas preventivas. Pro...

UN CIRUJANO MILITAR DEL SIGLO XVIII

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No faltaron en España medicos y cirujanos militares catalanes . Sirvieron como buenos bajo la bandera de su Rey y sirvieron al Reino tanto en la guerra como en la paz. Uno de ellos fue don José Queraltó. Nació en 1755, en San Martín de Sarroca, cerca de Villafranca del Panadés. Hijo de labradores, estudió Teología durante dos años pero, llegado el momento, cambió la vocación eclesiástica por la medicina y la vida castrense. Ingresó en el Real Colegio de Cirugía de Barcelona y allí estudió durante tres años. Después vino la carrera militar. En 1775 sirvió como segundo ayudante de cirugía en la expedición de Argel . Al retornar de esta empresa, permaneció en Alicante asistiendo al desembarco y cura de los heridos. En 1776 pasó a Cádiz como consultor de la Escuadra y acompañó al general Ceballos a Buenos Aires, prestando sus servicios en el hospital de la isla de Santa Catalina. Al iniciarse las guerras contra los revolucionarios franceses, entre 1792 y 1795, ejerció como cirujano m...

LA ALISEDA O LA VIDA DE BALNEARIO ( Y 3)

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Antes de la construcción del nuevo balneario había en La Aliseda un edificio llamado El Palacio. Era la casa construida en el siglo XVIII por los marqueses de La Rambla. Posteriormente, ya con Salmerón y Amat, se erigió la fonda y, después, el hotel. Lo de contar con un hotel era más cosmopolita y quedaba más elegante. Allí se podían alojar, con toda comodidad, hasta doscientos huéspedes. El balneario ofrecía, además, nueve casas para alquilar con cuatro habitaciones y dos cocinas cada una. Cada una de estas viviendas estaba amueblada, de manera sencilla, con una docena de sillas y dos mesas. Sus inquilinos podían abastecerse de todo lo necesario -víveres, velas, tabaco, vinos, licores y útiles diversos- en una bien provista cantina. La Aliseda pretendía ser un centro moderno y confortable. El hotel podía albergar a doscientas personas, "con todo el orden, limpieza y antisepsia del mejor sanatorio". Contaba con luz eléctrica -lo que constituía una prueba irrebatib...

LA ALISEDA O LA VIDA DE BALNEARIO ( I )

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El balneario de La Aliseda estaba muy cerca del paso de Despeñaperros, en la provincia de Jaén. Durante un tiempo disfrutó de una buena consideración entre los establecimientos de su género. Antes de su fundación, la finca era propiedad de los marqueses de La Rambla que, en opinión de Dios y Ayuda (1797), la habían adquirido en 1730. Ya se tenía constancia de lo saludable de sus aguas y, para disfrute de lugar tan ameno, sus propietarios construyeron una casa. Sin embargo, la inseguridad y el relativo aislamiento, además de otras posibles causas, condenaron a tan apreciable lugar a cierto abandono y olvido aunque los marqueses, con liberalidad que les honra, no impedían que las gentes bebiesen libremente las aguas que ya contaban con justa fama. El espíritu emprendedor de don José Salmerón y Amat cambió la situación de La Aliseda. Nació hacia 1860 en Guix (Almería) y con pocos años llegó a las tierras de Jaén. En el reinado de Isabel II muchos naturales de las provincias de Almería y ...

EL CAPITÁN VERDUGO, LA CERVEZA Y LOS PELIGROS DEL AGUA

Francisco Verdugo sirvió a Felipe II durante muchos años. Sentó plaza de soldado en 1557, cuando la guerra con Francia, nada menos que en San Quintín, demostró coraje y dotes para la vida castrense. Le dieron, entonces, una ventaja de ocho escudos. Desde unos orígenes oscuros, a fuerza de trabajos y peligros, llegó a mucho. Desde 1581, durante catorce años, estuvo en su puesto como gobernador y capitán general de la provincia de Frisia. Dicen que fue el más duro, cínico, frío y desilusionado capitán español del siglo XVI. Y bueno como el que más en lo suyo, añadiríamos nosotros. Decía, con escarmentado realismo, que "al fin las victorias vienen de Dios y él las da a quien es servido, pero también es necesario que los hombres se ayuden y provean de su parte sin dexar cosas a la ventura". Su mando en Frisia le ocasionó muchos desvelos y desengaños: "ha sido gran desgracia mía haber empleado catorce años, los mejores de mi vida, tratando con la gente que en este discurso he...

PLANES PARA LA NAVIDAD DE 1825

Se podía adquirir un billete de la Real Lotería para el sorteo del 23 de diciembre. En 1825 hubo 25.000 pesos fuertes para el número 9.275. Si uno no resultaba agraciado, por éste u otros premios de menor enjundia, siempre podía acogerse a los aguinaldos, gallofas y limosnas que se repartían- con o  sin jubileo de caja- por tales fechas . La Colecturía de Expolios y Vacantes, en dicho año, distribuyó 144.400 reales entre la Inclusa, los hospitales de Madrid, Zaragoza y Palencia, la Casa de Incurables, el Hospital de los Italianos, las casas de expósitos de Burgos, Teruel, Orihuela, Jaén, Toledo y Zamora, las casas de Misericordia, Zaragoza y Valencia y entre muchos pobres de solemnidad, pedigüeños  y vergonzantes. También los pacientes de la Casa de Locos de Toledo recibieron agasajos y donativos por la Navidad. Era, además, uso extendido el envío, a parientes y amigos, de tarjetas, “para dar días, y pascuas”, según consta en un anuncio. Estas felicitaciones estaban grac...

GRIPES, CATARROS Y VISITAS

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Ahora que vienen tiempos de catarros, gripes, dolores de coyunturas y otros achaques no es mala idea seguir los consejos de don Juan Manuel Calleja* si nos vemos en el compromiso u obligación de visitar a un enfermo. En primer lugar, nos recomienda que tales visitas sean cortísimas. Coincido con el autor pues es inhumano que el visitante se instale al lado de un ser quebrantado, normalmente sin posibilidad de huir y, durante horas,  aumente sus padecimientos con el látigo de su palabra. No hay derecho, la verdad, ni necesidad de padecer tales tormentos. El visitante, eso sí es lo correcto, y lo advierte don Juan Manuel, debe interesarse por el estado de salud del visitado, ponerse a su disposición, también a la de su familia, y largarse pronto. Nuestro autor proscribe la impertinente, imperdonable y agorera costumbre de hablar mal de los médicos que atienden al doliente "porque es sembrar la desconfianza y el desconsuelo en el enfermo y en la casa". El visitante ha "de...

LOS POBRES DEL HOSPITAL Y LOS TOROS

Los hospitales eran lugares para recoger a desgraciados y moribundos sin casa ni cobijo digno. Nadie se ocupaba de esta tarea salvo los frailes y las instituciones religiosas. Así ha sido y así es en buena parte del mundo, incluso más cerca de lo que pensamos. Morirse tirado en la calle o en un camino no era cosa insólita hace trescientos años. Los hospitales solían estar financiados por medio de mandas caritativas, patronatos y asignaciones municipales. No siempre, sin embargo, estos ingresos eran suficientes y los procesos inflacionistas dejaban en poco las rentas asignadas, muchos años atrás, para su sostenimiento. Lo que se obtenía se gastaba en médicos, cirujanos, medicinas, jabón y mantenimientos. En julio de 1725* llegaba al Cabildo municipal de Jaén la noticia de cómo el Hospital de San Juan de Dios carecía de camas suficientes para el elevado número de enfermos que albergaba. Los hermanos de la Orden que los atendían tuvieron, incluso, que ceder las suyas. No eran éstas, adem...

EXÁMENES, MEMORIA Y ESTUDIANTES BARROCOS

Los estudiantes de otro tiempo, matriculados en escuelas de gramática y universidades, estimulaban su memoria con anacardina. Era, como es evidente, un compuesto de anacardos.  El Padre Nieremberg , siempre tan grave, la mencionaba en sus sermones. Serrano de Vargas, un ingenio del siglo XVII, escribió su  Anacardina espiritual. El Padre Feijoo se ocupó de la anacardina -entre otros vigorizantes de la memoria- en sus Cartas Eruditas. La consideraba peligrosa pues le constaba que podía provocar locura, fatuidad o estupidez. Sus efectos, además, duraban muy poco tiempo.También dio cumplida noticia del ámbar, las cubebas de Java, el cardamomo, el incienso y un brebaje llamado "agua de magnanimidad" que aparece en los tratados farmacéuticos antiguos. Yo creo que -dada su curiosidad y medida extravagancia- ingería estas sustancias en la soledad de su celda, entre libracos, cronicones y cartas. Después atendía su c...

DE LO PROSAICO DE LA GUERRA

En Algo de mí mismo   Kipling destacaba la importancia de situar bien las letrinas en los campamentos. Lo había aprendido en la Guerra de los Boers. Era natural esta preocupación. Las bajas causadas por el tifus, el cólera y otros males podían superar a las originadas por los combates. Dos siglos antes el conde de Montemar aconsejaba construir las letrinas a unos 300 pasos de las últimas tiendas del campamento. Las llamaba, con toda corrección,  lugares comunes. Además recomendaba "que cada quatro días en verano, y cada ocho en invierno se renueven, cubriendo los hechos, y se castigará al soldado que no fuere a ellos con el cuidado que merece; por ser cosa de que depende la salud del Campo." No podemos dejar de resaltar la finura demostrada por el militar para referirse a ciertas miserias humanas con el nombre de hechos . Hay realidades que las personas bien educadas, como nuestro Conde, no tienen -necesariamente- que llamar por su nombre. Aconsejaba además: "estos lug...

TAUROMAQUIA, OSAMENTAS Y TRAPEROS

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Instituciones de beneficencia y cofradías han organizado, desde hace siglos, festejos taurinos para obtener fondos o celebrar -con el debido brillo- los días grandes. Era el caso de los Hospitales Real y de la Pasión de Madrid. Los traperos de la Villa y Corte hacían constar en sus ordenanzas , de 1789, como acostumbraban "a ajustar con los comisarios de los mismos reales Hospitales el que se  les den, por los precios que pactan, los caballos que mueren en dichas Fiestas de Toros". Éstas se celebraban "en la Plaza que para este intento hay en las inmediaciones de la Puerta de Alcalá". Las pieles de los jacos las vendían a los curtidores y la carne era empleada como pasto para perros. Estaba rigurosamente prohibida su venta para el consumo humano. Otra cuestión es que se cumpliese o no esta norma. Las osamentas de los caballos debían ser quemadas en basureros públicos. El gasto de tal tarea estaría a cargo de los citados comisarios y no de los traperos.

FIN DE SIGLO

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"Considero antihigiénico meditar de continuo sobre la muerte. Haciéndola blanco perpetuo de nuestro cariño acaba, como la mujer amada, por enamorarse de nosotros. Y se nos lleva temprano, con sus alas de búho, hacia la gruta tenebrosa e insondable". Santiago Ramón y Cajal, Charlas de café, 1921.

IGNACIO EL CORTESANO

Contaba Juan Alfonso de Polanco de san Ignacio de Loyola en sus años de mocedad: "como todos los jóvenes que viven en la corte y se hacen fanáticos por las cosas militares, era bastante libre en los asuntos amorosos, del juego y del honor". Ribadeneyra describió al Santo, antes de su conversión, como "un soldado desgarrado y vano", atento al cuidado de sus manos, su jubón y su birrete. Eran los rasgos propios del hombre de armas, aristocrático, del siglo XVI. Algo de este sentido de la elegancia le debió de acompañar siempre. Después vendrá la acción de Pamplona, el 21 de mayo de 1521, y será llamado a servir bajo otra bandera. Precisamente por las heridas recibidas en la pierna izquierda, le quedaron dos deformidades, segun Ribadeneyra:" un hueso que le salía debajo de la rodilla feamente" y la cortedad de la propia pierna. Le  extrajeron en la cura "veinte pedazos de huesos". No podía el santo "andar ni tenerse sobre sus pies". Al se...

EL BÁLSAMO DEL CIRUJANO MIGUEL SANTA CRUZ

Miguel Santa Cruz Villanoba fue cirujano mayor de los Reales Guardias de Infantería Española y del Regimiento de Caballería de Barcelona. Ejerció su oficio en la segunda mitad del siglo XVIII. Estuvo en las campañas de África, Portugal y Cataluña. Publicó en 1762 un tratadillo titulado Bálsamo prodigioso a favor de la vida de los heridos de puñal, espada y palo. Después se reimprimió en 1792, cuando las guerras contra la Francia revolucionaria . El remedio estaba compuesto a base de pez griega, trementina, resina de pino, cera de romero, polvos de lombrices de tierra y aceite de hipérico, una hierba medicinal también llamada corazoncillo. Se calentaban los ingredientes a fuego lento y tras un ligero hervor, se filtraba y depositaba en una vasija con vinagre. Después se aplicaba a la herida del soldado, a aguantar y que fuese lo que Dios tuviese a bien mandar. Miguel Santa Cruz, con honradez profesional, advertía que su bálsamo no era de utilidad para las heridas de bala. Tomo los da...

DE ANTIGUA CIRUGÍA MILITAR

En la cirugía militar de siglos pasados hubo apasionadas polémicas sobre cuál era el tratamiento más adecuado para curar las heridas de arma de fuego. Se creía que la bala estaba envenenada por la pólvora.  Esto provocó frecuentes diferencias sobre si era o no conveniente extraer el proyectil. Los contrarios a esta última práctica consideraban, con buen criterio, que muchas veces era más peligrosa la operación que el arcabuzazo. Las heridas de bala, pensaban, se debían curar con aceite hirviendo para cauterizarlas y se podían cerrar con un compuesto a base de clara de huevo y yeso cernido. Algunos cirujanos aconsejaban aplicar sobre la herida, entre otros remedios, bálsamo del Perú, lombrices secas, grasa de cachorros, sangre de drago, bol arménico y acíbar. Era conveniente suturar las heridas con tripa de cordero, cuerdas de vihuela o hilo de seda. Se recomendaba proceder al cosido "con técnica de pellejero". Es evidente que no se andaban con tap...

DEL MELÓN Y SUS PELIGROS

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En el refranero se recoge el siguiente consejo: "El melón en ayunas es oro, al mediodía plata y por la noche mata". El melón podía, además, ser fuente de serios riesgos y no por razones digestivas. Algo de esto sabía Juan de Montilla, vecino de Jaén, aporreado a principios de septiembre de 1768 "en el sitio de la Fuente de la Zarza, donde estaba guardando un melonar suio propio, por impedir a dos hombres que en él estaban cogiendo melones". No debió de ser el lance de capa y espada sino de garrote y árnica. Tampoco imaginamos a Scaramouche defendiendo melonares.

MÁS SOBRE EL TABACO EN EL BARROCO

Las polémicas sobre el tabaco vienen de antiguo. Según don Francisco de Leiva y Aguilar, médico filósofo, el consumo del tabaco provocaba los siguientes males y desperfectos: "Acortar la vida, agranujar y afear el rostro, ofender el ingenio, escupir sangre, depravar la vista, llagar la garganta, causar locura y melancolía, destruir el olfato, hazer apoplexias, causar calbas, dañar los dientes, desmedrar la castidad". Lo de agranujar el rostro no quiere decir que al fumador se le pusiese cara de truhán o de pícaro sino que se refiere a los granos que, según el autor, salían en la faz del aficionado al tabaco. Es para disuadir a cualquiera, incluidos los más incorregibles y pertinaces. Todo esto se puede consultar, para mayor ilustración, en su obra  Desengaño contra el mal uso del tabaco  (Córdoba, 1634).