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Mostrando las entradas etiquetadas como viajes

LAS POSADAS DE JOVELLANOS

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(Imágenes procedentes de los fondos de la Biblioteca Nacional de España.) Madrugar entre el vocerío de los arrieros y el estruendo del vidriado, bajar con tiento por escalones mellados, dar los buenos días a la concurrencia entre aguardientes del alba y ruido de trébedes y así esperar la llamada de cocheros y mozos de mulas. Eso era ponerse en danza para una jornada de viaje.  No carecían de mérito los que, desasosegados por los males de España, renunciaban a todas las comodidades posibles en el incómodo Antiguo Régimen y se lanzaban a los caminos. Así ha sido siempre entre ilustrados, regeneracionistas y noventayochistas. Concebían el viaje como vía ascética para meditar sobre el pasado, el presente y el porvenir de esta vieja, gloriosa y desventurada nación. Letrados y caballeros particulares recorrían la anchura de España para observar, describir, contar, medir, trazar croquis, dibujar retablos, copiar lápidas, recoger minerales, probar las aguas, reflexionar sobre si prosperarí...

ANTEOJOS

Los relacionamos con los navegantes, los aventureros de diversa condición y los piratas, al igual que el parche en el ojo y la pata de palo. Era muy del siglo XVII la afición a las lentes. En España, al igual que en otros países, las vendían los merceros. Tengo una relación de precios de tiempos de Felipe IV que mencionan distintos tipos de anteojos, con precios moderados. Es seguro que los había más caros y precisos, de mejor óptica pero éstos que voy a citar eran los que compraba la gente corriente o sin demasiadas exigencias. Había anteojos “de camino”, originarios de París, para los viajeros y caminantes, para aligerar la monotonía de las rutas y otear el panorama. Otros eran de “media catarata”, que era una curiosa manera de calibrar sus aumentos. Había anteojos “de larga vista de cañuto largo”, que venían de Alemania. Debían de ser como grandes catalejos para ensimismarse en las lejanías. También anteojos dobles, quizás similares a los gemelos, de tamaño grande y pequeño. Los pr...

DESPERTAR EN VENTA DE CAMINO

Comenzaba la jornada entre ladridos de perros, juramentos de arrieros y descomedidos bostezos de mozos de mulas. Por fuerza tenía que ser ruidoso el despertar de la venta. La noche, mala o regular, en estancias pequeñas o destartaladas, a las que se accedía por escaleras imposibles, con postigos de mal encaje y cuarterones desencajados, horas de mal abrigo con mantas ruanas y piojos maleados por compañeros de cuarto. Poco que ver con las acogedoras posadas de algunos relatos de Dickens. Ya entrado el siglo XIX, la implantación de las diligencias obligó a cierta mejora en los servicios de ventas y demás hospedajes. No creo, la verdad, que se cambiase mucho. Volvamos a la mañana. En un manual de diligencias de 1831, se indica que el viajero de primera, por dos reales, podía desayunar, a elegir, chocolate, café o té -con sin leche- un vaso de leche con azúcar o, para los más castizos, un par de huevos con vino. Por un real más se podía añadir, para iniciar el día y aclarar la garganta, un...

BOTAS, ODRES Y BOTILLOS

La bota va y viene por el área de España y por los espacios de la Historia, decía Azorín, que escribió sobre curtidores, zurradores, guarnicioneros, talabarteros, boteros, odreros, guadamecileros y pellejeros. Gracias a sus páginas sabemos que los pellejos de mayor capacidad eran las odrinas y los de menos el botillo. Azorín encontraba esta explicación al uso y difusión de las botas, odres y demás: "España es un país quebrado, montuoso. Hay en España caminos reales, o carreteras, y hay caminos vecinales  y caminos de herradura. Por los de herradura sólo pueden transitar las caballerías aisladas o recuas. Oficio también nacional es el de recuero, trajinero o cosario. Ninguna vasija más apropiada para ser conducida a lomos de macho, por quebradas y puertos, por cotarros y caminejos torcidos y pedregosos que la vasija de cuero." Y sigue: "Quedamos, pues, en que la bota es utensilio eminentemente nacional. Se encuentra, como en su propia casa en mesones, paradores y vent...

DON CELESTINO VIAJA A INGLATERRA

Don Celestino del Piélago y Fernández de Castro era teniente coronel del cuerpo de Ingenieros en 1844. Fue enviado por el Gobierno a Francia, Inglaterra, Prusia y Bélgica. Debía obtener información sobre academias, acuartelamientos, arsenales, fortalezas y otros aspectos de la vida militar de esos países. Una vez de vuelta, publicó su Relación del viaje a Francia, el Rhin, la Bélgica e Inglaterra (Madrid, Imprenta Nacional, 1847) en la que dio cumplida cuenta de lo que había visto. Gran parte de sus observaciones –y que me abstendré de mencionar- son áridas y de carácter técnico. Otras, en cambio, tienen todos los rasgos propios de un libro de viajes. En esta breve incursión mencionaré algunas consideraciones que escribió sobre Inglaterra. Visitó, entre otros lugares, Woolwich, acompañado por el coronel Wylde, veterano de la primera guerra carlista. En su Academia de Artillería e Ingenieros -observó nuestro teniente coronel- los cadetes ingresaban a los quince años con su ejemplar de ...

LA EMPRESA DEL SEÑOR DE BEAUMONT

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Isabel, reina de Inglaterra, era hija de Felipe el Hermoso de Francia. Vivió en la primera mitad del siglo XIV. Mal casada con Eduardo II, se le hizo la vida tan insufrible en las Islas, por ingratitudes y celadas, que decidió retornar a Francia en busca de amparo. Fue muy bien recibida y agasajada por su hermano el rey Carlos Capeto pero, pasado el tiempo, razones de Estado y mezquindades cortesanas le hicieron ver que debía buscar otro cobijo. Siempre ha sido así con los reyes desterrados y caídos en desgracia. Mucho le quedaba por penar y padecer a tan gentil reina. Hubo de recurrir, entonces, a quien con más generosidad y valor estuviese dispuesto a hacer valer su derecho. Encontró una espada a su servicio en Jean de Hainaut, señor de Beaumont, hermano del conde de Hainaut, que le dijo:  “ciertamente señora, ved aquí a vuestros caballeros que os seguirán hasta la muerte aunque todo el mundo os falle. Haré todo lo que pueda para acompañaros a vos y a vuestro hijo a Inglat...

MÁS SOBRE COCHES DE CABALLOS

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En junio de 1637, el conde duque de Olivares puso en danza ochenta mulas para ir de Madrid a Loeches. El viaje era de ida y vuelta en el día, dos horas para cubrir cuatro leguas. Algunos coches  iban tirados por seis mulas. Este convoy fue visto por muchos como una muestra de ostentación. Los coches levantaban siempre polémicas. Para unos daban ocasión a todo tipo de inmoralidades y derroches. Para otros, empleaban irresponsablemente un elevado número de mulas y caballos que se podían dedicar a la labranza y a la guerra. La misma crianza de las mulas , decían, destinadas a los coches ponía en peligro la disponibilidad de caballos para los ejércitos católicos. Y, por si fuera poco, la nobleza abandonaba el ejercicio ecuestre entregándose a la vida muelle y desidiosa. La Corona tomó medidas, para reducir el número de coches, que no sentaron bien. Después de tantos gastos y desvelos, pensaban los poseedores de los carruajes, se les prohibía su uso. En 1612, las Cortes presentaro...

HOTELES ISABELINOS.

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En la Guía oficial de los viajeros en los caminos de hierro, vapores y diligencias (Imprenta de La Iberia, Madrid, 1865) se incluyen varios anuncios de fondas y hoteles de Madrid y del extranjero. Comencemos con los de Madrid y, en particular, con el Hotel de Francia, ubicado en la calle del Carmen, 30, y a cargo de Bautista Landarreche. En el anuncio se destacaba su centrica posición, cercana a la Puerta del Sol y también que "la cocina está dirijida a la francesa y a la inglesa", con mesa redonda a las seis de la tarde y restaurant en la planta baja. La mesa redonda -de la que Josep Pla da cuenta en su Viaje en autobús-  consistía en un servicio de comedor en el que los clientes comían juntos y en buena compañía sin que, en principio, tuviesen relación familiar o de amistad. El restaurante o restaurant, que es el término utilizado, era -o pretendía ser- de más empaque y los comensales se distribuían en mesas individuales. Otro establecimiento anunciado es el Gran Hotel...

EL VIAJE DE FELIPE IV Y LOS RECIOS TEMPORALES DE 1624

Con motivo de esta primavera lluviosa voy a recordar el viaje de Felipe IV a Andalucía en 1624. Un viaje real era empresa de mucha dificultad, trabajo y gasto. No era para iniciarlo a la ligera. Había muchos libramientos que contabilizar, numerosas partidas que barajar en una Real Hacienda quebrantada y unas arcas locales empeñadas y plagadas de trampas. Los concejos por donde pasaba la comitiva real tenían la obligación de aportar víveres, arreglar caminos y preparar aposentos. El dispendio era enorme y a todos estos gastos se unía la obligada organización de festejos y regocijos para honrar al Rey. Cada pueblo o ciudad festejaba su llegada como podía. Algunas demostraciones eran modestas e incluso ingenuas, como en Santisteban del Puerto donde, según Joaquín Mercado Egea, prepararon una iluminación con lamparillas y un cordel de cohetes "que venía uno y respondía otro". En Jaén, entre otros espectáculos y homenajes, hubo salvas artilleras desde el Castillo de Santa Catalin...

VIAJAR EN COCHE NO ERA PARA JOVELLANOS

Jovellanos tenía a veces un carácter un tanto descontestadizo. Veamos su opinión sobre los viajes en coche de caballos. No les podía negar ciertas ventajas: "es ciertamente una cosa muy regalada", decía, pero "no muy a propósito para conocer un país". La causa: "la celeridad de las marchas ofrecen a la vista una sucesión demasiado rápida". Además, "el horizonte que se descubre es muy ceñido, muy indeterminado, variado de momento en momento y nunca bien expuesto a la observación analítica". C.S Lewis, otro gran conservador, coincidirá, en cierta medida, con las apreciaciones de Jovellanos cuando, en Surprised by Joy (1955) ,  afirmó que uno de los efectos más deplorables de los transportes modernos es que acababan con las distancias -"uno de los dones más preciados que hemos recibido"- y que un joven de su tiempo viajaba cientos de kilómetros con una sensación de liberación menor que la que experimentaban sus abuelos en un viaje de quin...

GOYA EN FRANCIA O LA NOSTALGIA DE ESPAÑA

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"Goya, con sus setenta y nueve pascuas floridas y sus alifafes, ni sabe lo que espera, ni lo que quiere: yo le exhorto a que se esté quieto hasta el cumplimiento de su licencia. Le gusta la ciudad, el campo, el clima, los comestibles, la independencia, la tranquilidad que disfruta. Desde que está aquí no ha tenido ninguno de los males que la incomodaban allá; y, sin embargo, a veces se le pone en la cabeza que en Madrid tiene mucho que hacer, y, si le dejaran, se pondría en camino sobre una mula zaina, con su montera, su capote, sus estribos de nogal, su bota y sus alforjas". De Moratín a Juan Antonio Melón, Burdeos, 14 de abril de 1825.

COCHES DEL MADRID ISABELINO

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A finales del siglo XVIII Antonio Ponz admiraba la abundancia de coches de punto en Londres y París. No dudaba de la excelente acogida que tendría en Madrid la existencia de este transporte público que ahorraría grandes caminatas, incomodidades y penalidades de toda suerte a vecinos y transeúntes. A mediados del XIX había ya unos trescientos coches de uso público, de distintas características*. El viandante del Madrid isabelino los podía encontrar estacionados en la Puerta del Sol -desde la calle Carretas hasta la de Espoz y Mina- y en las plazas del Progreso, Santo Domingo, del Rey y de Isabel II. También en las calles de Alcalá y Fuencarral. En horario de espectáculos los coches de punto estaban situados en las inmediaciones de los teatros y en horas del paseo en las calles de Alcalá y Carrera de San Jerónimo, entradas del muy concurrido y mundano Salón del Prado. La carrera en un carruaje de un caballo, para una o dos personas, costaba cuatro reales durante el día, seis entre el...

MULAS BARROCAS

Es costumbre vieja adornar las caballerías con cascabeles y campanillas . En Jaén, en 1627 se vendía cada "campanilla de harriero"de latón -así consta en el documento que consulto- a tres reales. Se mencionan también "las campanillas chiquitas de pretil de mulas" -de cobre o estaño- a un real cada una. Recibían también el nombre de esquilas o esquilillas. De todo esto podría haber dado cumplida cuenta Juan Eberardo Zetzner, estrasburgués, de viaje por España en 1718. Tuvo la fortuna de recorrer los caminos en un carruaje tirado por dos mulas. Iban éstas bien pertrechadas de cascabeles y plumeros. A lo mejor tenían nombres como Capitana, Generala, Briosa, Valerosa o Peregrina .    Gloriosos tiempos en los que hasta las mulas podían ser tan solemnes como un alabardero de Palacio. Así,   Ortega , que escribió sobre el viajero, hace constar: "tanto el cochero como las mulas avanzaban con la misma gravedad española". Seriedad de los viejos caminos ibéricos, e...

VIAJAR Y PADECER

Lo de viajar por afición no es costumbre muy vieja. Gente inquieta nunca ha faltado: espíritus desasosegados, aventureros y curiosos de andar y ver, como diría Ortega. Viajaban los soldados, los misioneros, los embajadores y los mercaderes. Pero, en general, la vida de viaje era fuente de incomodidades, peligros y mal asunto para la bolsa, a merced de ladrones, venteros desaprensivos. Cuestión aparte, y no menor, el bregar con cabalgaduras revenidas, resabiadas, coceadoras y mordedoras, de carácter intratable,fuente de disgustos y origen de costaladas en caminillos ruines y rastrojeras. Así se ponía uno en camino por servir al Rey, para ganarse el cielo o el pan,para pleitear, huir de los alguaciles o escapar de una situación muy comprometida pero, en muy pocos casos, por gusto. Habría sido cosa de locos. Como le pasó a Don Quijote aunque él, bendita sea su memoria, salió de su aldea por las imposiciones propias de la Cab...

MÁS SOBRE ARRIERÍA

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Ilustración: BNE CC Según una relación de precios de Jaén, fechada en 1627, el alquiler de un mulo de silla, con la paga del mozo de mulas incluida, ascendía a cuatro reales la jornada. Los servicios de un mulo de albarda o de carga costaba a razón de dos reales y medio por día. Al no existir todavía un servicio de diligencias , el alquiler de mulos o el ajustar viaje con un arriero constituían gastos obligados. Las recuas formaban, a veces, caravanas, encabezadas por una acémila, llamada cebadero, a la que seguían hasta cuarenta caballerías mayores y menores. Debían de ser dignos de ver estos cortejos por los caminos. La compra de un mulo era una inversión de indudable calado. El precio más alto pagado por uno, según mis notas de archivo, es de 200 reales. Digno de formar en el tronco del más lustroso carruaje . Debía de ser poderoso y conocido en los ambientes de aficionados y tratantes a estas caballerías. Es una pena que no haya quedado recuerdo de su nombre. 200 reales o el ...

TOROS POR LA INFANTA DOÑA CARLOTA

 En  abril de 1785 inició su viaje, camino de Portugal, la infanta Doña Carlota,  nieta de Carlos III e hija del Don Carlos, Príncipe de Asturias. Iba a contraer matrimonio con el Infante Don Juan de Portugal. Dirigía la expedición el duque de Almodóvar. A su  paso por los pueblos, los concejos organizaban fiestas y regocijos en honor de la real persona. El Rey había advertido que no cayesen en excesos y que se gastase con prudencia. Buena decisión pues ya estaban más que alcanzadas las haciendas de los municipios españoles. El cronista del viaje recuerda: "Unas regulares iluminaciones, algunas danzas, y alegres corridas de novillos, que entretenían mucho a la Señora Infanta, pues nunca había visto semejantes diversiones". Memorias históricas de los desposorios, entregas y respectivas funciones de las reales bodas de las Serenísimas Infantas de España y de Portugal la Señora Doña Carlota Joachina y la Señora Doña Mariana Victoria en el año 1785: escritas en el año ...

HUMBOLDT Y LAS CAMPANAS DE ESPAÑA

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A  J.B., autor de  Paideia , en este día, por tantas horas de grata conversación y hospitalidad alemana. No pudo olvidar Guillermo von Humboldt el paisaje español. Así lo afirma Luis Díez del Corral: "tanto el adusto de Castilla, como el risueño de la bahía de Cádiz o el variado y humano de Cataluña". Tampoco le fue indiferente Sierra Morena, capaz de sobrecoger a los más decididos viajeros de finales del siglo XVIII. Siempre recordaría Guillermo von Humboldt el sonido de las campanas de España. Tañidos de campanas de ermitas, de iglesias de pueblo, de hospicios, de catedrales, de torres de la vela y conventos de mendicantes. Quizás, también, las de El Escorial. Allí fue recibido por Carlos IV en 1799. En las veladas de invierno en Tegel daría vueltas alrededor de estos recuerdos. Es digna de considerar esta afición a las campanas entre ilustres alemanes. Mucho tiempo después, Heidegger escribió "Sobre el misterio de campanario" recordando su infancia como hij...

EL VALOR DE UN MARINERO RUSO DE 1815

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El 23 de marzo de 1815, El capitán Sevilla viajaba a Indias a bordo de la fragata La Providencia. Formaba parte de las fuerzas destinadas a sofocar la rebelión general que contra España se extendía por todo el Imperio en América. Recordaba nuestro oficial como en dicha travesía una ola lanzó al mar a un hombre. Un marinero se lanzó a salvarlo en medio de un espantoso oleaje. Causaba horror presenciar el trance. Con grandes riesgos y trabajos el marinero -de nación rusa- consiguió subir a cubierta al capitán Pereira, que así se llamaba el caído al mar. El capitán del buque mandó que, con premura, suspendieran a Pereira, agarrándolo por los pies para que -a fuerza de sacudidas- expulsara el agua que había tragado. Acudió, con este fin, un tripulante, fuerte como un toro pero corto de talla por lo que los vapuleos propinados al medio ahogado capitán no fueron efectivos. Decidió entonces asumir esta tarea el marinero que antes se había jugado la vida. El ruso -recordaba el cap...

BARRENDEROS DE CÁMARA, GALOPINES Y OTRA GENTE DE ESCALERA ABAJO

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En 1785 casó la Infanta Doña Carlota, nieta de Carlos III, con el Infante Don Juan de Portugal. Para la celebración del matrimonio, Doña Carlota tuvo que viajar a dicho Reino escoltada por una nutrida comitiva al mando del duque de Almodóvar. Entre los muchos acompañantes, y centrándonos en los de más modesta condición, había varios chulos, palabra que, como es sabido, tiene diversas acepciones . Así en la  Cocina de Boca, según consta en la crónica del viaje,  servían Juan Martínez Ventero, "chulo que va haciendo de portador", Agustín Feito "idem en todo", Antonio Rodríguez, chulo y despensero y Juan Cancio, chulo, sin más, así, a palo seco. Sospecho que Ventero, Feito y Cancio debían de ser tipos muy despiertos y que estarían bien contentos de participar en esta jornada, distribuida en etapas no demasiado fatigosas pues, si bien se ponían en marcha temprano, cubrían su carrera a mediodía pues la Infanta debía descansar y no llegar quebrantada a Portugal. En lo...

ARRIERÍA

Los caminos de España o el batallar de arrieros, recuas y mozos de mulas. Fue la arriería ocupación muy frecuente entre los moriscos. También eran célebres, en este útil oficio, los arrieros maragatos, de una formalidad de marca mayor en sus tratos, sin perjuicio de los de Arévalo y los de Ibros, éstos en el Reino de Jaén. Los arrieros transportaban mercancías, trajinaban con mercaderías de diversa naturaleza y llevaban, de unos sitios a otros, cargas, paquetes, equipajes, cartas, obsequios, documentos, dinero y noticias. Al igual que los carreteros tenían fama de juradores y mal hablados. Quevedo acompañó a Felipe IV en su viaje a Andalucía en 1624 y dio cuenta del trance pasado cerca de Linares cuando, empantanados y calados de arriba a abajo, "Oíanse lamentos de arrieros en pena, azotes y gritos de cocheros, maldiciones de caminante". Si se tenía la penosa obligación de viajar, pues muy pocos lo hacían por afición, era aconsejable concertar plaza con un arriero de confianz...