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Entradas

SOBRE TRUCHAS Y BARBOS.

El caballero portugués Bartolomé Pinheiro da Veiga, estuvo en Valladolid en tiempos de Felipe III, cuando esta ciudad fue Corte. Don Pascual de Gayangos publicó en la Revista de España las notas que tomó de su estancia allí*. Llamó mucho la atención de Pinheiro la gran cantidad de truchas que, procedentes de Burgos y de Medina de Rioseco, se consumían en Valladolid. Decía: “nunca llegué yo a comprender, ni se puede concebir, como en ciertos días, la mitad de la población las come y se alimenta casi exclusivamente de ellas, como si fueran pescado de mar.” Algunas truchas pesaban varios arreldes, un arrelde equivalía a unos dos kilos, “y no pocas son espantables a la vista por lo crecidas”. Menciona un ejemplar que regaló el duque de Lerma a los frailes de San Pablo que, servida en un gran tablero, dio para que comiesen ochenta frailes. Muchos parecen. También menciona el viajero portugués la afición a los barbos que podían ser, algunos buenos ejemplares, de tres o cuatro arreldes. Ten…
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LA DUQUESA DE CHEVREUSE LLEGA A MADRID

El 30 de noviembre de 1637 la duquesa de Chevreuse, gran conspiradora y después frondeuse, llegó a la Corte de España. Fue hospedada y regalada, dice el autor de unos avisos*, por los marqueses de los Vélez. El seis de diciembre se presentó en Madrid de manera pública y todos se lanzaron a las calles para verla. Fue un acontecimiento memorable y de mucho lucimiento, "saliéndola a recibir toda la nobleza y despoblándose Madrid para verla entrar y aun Sus Majestades vieron la entrada por unas celosías que pusieron en unas puertas del Buen Retiro". El vecindario, todo alborozado y soliviantado. Fue acompañada por grandes y títulos de Castilla como el Almirante, el Condestable, los duques de Híjar, Villahermosa, Alburquerque, Pastrana y Peñaranda, además de los condes de Alba, Veragua y Santa Cruz. Muchos más títulos y caballeros escoltaron el coche donde la de Chevreuse viajaba con las marquesas de Mirabel y de las Navas y la condesa de Santisteban. Iba, según testigos, "…

SOBRE HUERTAS Y HORTELANOS

Recientemente he publicado en Zibaldone, de The Objective, un artículo que habla de huertas antiguas -y no tan antiguas- y de hortelanos. Creo que puede ser del interés de los ilustrados lectores de Retablo de la Vida Antigua que, por lo general, han tenido siempre un probado interés por el campo. Aparecen algunos datos sobre utillaje agrícola, variedades de frutas y aspectos relativos a las labores que se hacían en las huertas. 
Aquí está el enlace:
https://theobjective.com/elsubjetivo/elogio-de-huertas-y-hortelanos/

MARIDILLOS

En los siglos XVII y XVIII había mujeres, para soportar los fríos, se ponían bajo las faldas unos hornillos de barro con una rejuela que recibían el jocoso nombre de maridillos. En vez de ascuas llevaban, en su interior, una pieza de hierro que se calentaba previamente al fuego. Así se evitaban accidentes e incomodidades con los tizones. En realidad, con tan sencillo ingenio, guardainfantes y tontillos y demás vestuario acampanado, hacía las funciones de la castiza mesa camilla en los fríos inviernos barrocos. Todo esto lo escribo al leer, en esta tarde de clausura -como fraile travieso castigado en cárcel episcopal- una relación de precios de 1622 en la que se indica: “maridillos ordinarios,  seys maravedis”. Se labraban en Alcorcón y se vendían en muchas partes del Reino.

NADIE TENÍA DINERO

En los tiempos antiguos lo normal era ser pobre. No mísero, que tampoco era raro, sino nada más que pobre. En unas épocas más que en otras. Fueron muy malos, de estar a dos velas, los años del siglo XVII. España, la verdad sea dicha, fue poderosa pero nunca rica. Ricos eran los holandeses pero no los españoles. Aunque campeamos invictos por Europa durante más de siglo y medio, aquí nunca estuvimos muy sobrados de mercaderías, abastos y reales. Azorín reflexionó al respecto. Contaba como una gitanica entró en la casa de un personaje principal de la villa de Madrid. Cantó, bailó e hizo sus gracias ante la familia del caballero. Al terminar, lo suyo era agasajarla con una propina pero, quién lo diría, nadie tenía un real en la faltriquera. Ni la señora de la casa, ni el escudero, ni las criadas a las que se les pidió prestado. Llegó el caballero a sus casas, teniente en el Cabildo -no se indica si lo era del corregidor, del alcalde mayor o de otro oficio-y tampoco tenía un maravedí. Est…

DE ROGATIVAS Y DEVOCIONES CONTRA LA PESTE

Ante la amenaza de epidemia se recurría a dos medios. En primer lugar, los concejos tomaban medidas preventivas para evitar la expansión del contagio; después, y esto no era menos importante, se decidían las de carácter espiritual, representadas por las penitencias y rogativas. En Jaén durante el siglo XVII, se recurrió al amparo de la Virgen de la Capilla y de los santos especializados contra la peste: san Sebastián, San Roque y san Nicasio. De san Sebastián se decía en Alcalá la Real que era “patrono e defensor de cloración de los aires e pestilencia e reparador de las ruynas”.La popularidad de estos santos queda demostrada por la existencia de muchas ermitas que, bajo su advocación, se erigieron en la provincia. Era, en muchos casos, la consecuencia de votos pronunciados por los concejos al superar alguna epidemia. Estos votos, que obligaban al mantenimiento del culto en dichos santuarios y a una fiesta anual, a veces se olvidaban para ser otra vez reanudados, en medio del espanto …

LA PESTE DE 1602 EN JAÉN

No fue demasiado diferente a lo de ahora. Corrieron noticias de una epidemia de peste que llegaba de Córdoba. Ya en febrero de 1601 el Cabildo municipal de Jaén prohibió la entrada de telas de cualquier procedencia, aunque su origen estuviese en lugares libres del contagio. Después se pasó al control de todas las mercancías y viajeros que llegaban a la ciudad. Pasaron los meses y en abril de 1602 se supo de la primera enferma, una mujer que fue aislada en la ermita de San Nicasio que al final fue convertida en hospital de apestados. Era natural que la inquietud y después el miedo se apoderasen de la ciudad. Mandaron a sus casas a los niños que estudiaban con sus maestros las primeras letras, cerraron la escuela de Gramática y dijeron a las mujeres que enseñaban labores a las niñas que dejasen la tarea para mejor momento. Preguntaban a los médicos y nadie sabía, a ciencia cierta, lo que podía pasar. El corregidor de Jaén advirtió con severidad a los médicos de las penas en que incurrir…

LOBOS RELLENOS DE PAJA

Hubo un tiempo en el que el lobo era enemigo natural del pastor y del caminante. Ahora se concibe todo de otra manera y, sin desear el perjuicio de los ganaderos, nos alegramos de que este animal vuelva a nuestras sierras. Pero no era así antes. El lobo es una figura fascinante y amenazante, arquetípica incluso. No es casualidad que los lobos pueblen los romances, los escudos de armas y los cuentos o que, como escribió el sabio antropólogo Manuel Amezcua, a las criaturas de poca edad se les enseñase a cantar aquello de “Cinco lobitos tuvo la loba”. Luis González Ripoll, cuenta en sus Narraciones de caza mayor en Cazorla, el caso de un lobo cazado, mucho antes de la guerra de España, y que fue entregado al padre de unos críos que habían dado cuenta de su presencia. ¿Qué se podía hacer con un lobo muerto?. Pues bien, fue desollado y la piel, adobada y rellena de paja, la llevaron por los pueblos, aldeas y cortijos para pedir una gratificación a los ganaderos, que eran muchos. Ésta consi…

DÍAS DE EXILIO EN INGLATERRA (1842)

En nuestro siglo XIX la experiencia del exilio fue compartida por unos y otros: liberales febriles y exaltados, circunspectos progresistas, carlistas no controlables por abrazos y convenios, republicanos de distinta obediencia y moderados. Siempre imaginamos a estos últimos como aburridos administradores y burgueses de brasero y chocolate pero no, los hubo de vida arriesgada e incorregiblemente aventurera. Uno de ellos fue el general Fernando Fernández de Cordova. Dejó constancia de esta experiencia en sus memorias, publicadas en 1889. Partió al destierro durante la regencia de Espartero. Estuvo primero en Lisboa y Évora y, desde allí, acudió a la llamada del general Narváez en abril de 1842, entonces emigrado en París. Para llegar a esta ciudad, Fernández de Córdova, pasó primero por Inglaterra. Viajó en un buque llamado Britania, cuyo capitán conocía. Hizo la travesía sin grandes inconvenientes ni padecer mareos “sin duda para no desmentir mi raza, toda de marinos”. Desembarcó en S…

VELETAS

Las veo arriba, en la vigilia de estas noches de invierno, cercadas de montes, sobre las torres de la Catedral. Las veletas están emparentadas con los faros de las costas en su escrutinio del tiempo y de las lejanías, y dan testimonio de verdad del destino de los vientos. El presbítero don Antonio Lobera y Abío en su libro El porqué de todas las ceremonias de la Iglesia y sus misterios (1758), escribe sobre las veletas. Decía que era costumbre antigua poner sobre la cruz un gallo como símbolo de prelados y predicadores y que la veleta  “es al modo de banderila, que se vuelve a todos ayres, y está debajo de la Cruz, nos da a entender que en todo ayre, próspero o adverso, hemos de tener la Cruz sobre nosotros, que es la señal del verdadero cristiano”.