lunes, 28 de noviembre de 2022

EL LEGIONARIO Y LA NINFA

 José María Blázquez en su imprescindible y poco conocido Diccionario de las Religiones Prerromanas en España (1975) recoge la devoción existente en España hacia Conuentina o Couentina. Era una ninfa que pasaba sus días en una fuente cercana al Vallum Hadriani, en Britania y que tenía habilidades proféticas. Al parecer, se ganó el fervor de un legionario de la Legio VII Gemina Antoniniana Pia Felix que estuvo destinado allí y, de vuelta en Hispania, difundió su culto por Galicia y León donde estaba acuartelado con sus conmilitones. No es que este hombre duro se dedicase al apostolado pero, por la razón que fuese, creo yo que estaría agradecido por algunos favores o por prodigiosos avisos. Después, las creencias se hacían más o menos generales y así se extendían y arraigaban en los lugares para, después, ser olvidadas con el tiempo -que puede con todo o casi todo- o ser cristianizadas. Los soldados de la Legio VII Hispana, como también era conocida, estuvieron también en tierras de Hungría y Austria, recorrieron los Balcanes y contemplaron las aguas del Danubio y del Rhin; además, los que sirvieron bajo sus estandartes tuvieron que ver en la caída de Nerón. Trajano condujo a esta legión, con toda premura, desde el noroeste de España a Austria y causa admiración saber que estos legionarios, alimentados con pan, aceite de oliva y vino, recorrían el Imperio a paso de marcha y de la manera más natural.

viernes, 18 de noviembre de 2022

BRASEROS NAZARÍES

Leopoldo Torres Balbás escribió en 1934 sobre los braseros de la Alhambra. Nos explica, con pocas y precisas palabras, los medios utilizados en dicho lugar para combatir las bajas temperaturas del invierno granadino. Es inevitable, al visitar la Alhambra, sobre todo entre noviembre y abril, pensar que en aquellos patios, salones y palacios debía de hacer un frío considerable. Torres Balbás nos recuerda, sin embargo, que cuando la Alhambra estaba habitada, las estancias contaban con puertas, celosías y vidrieras, los suelos y muros se cubrían con alfombras y tapices y que, probablemente, se utilizaban los espacios más pequeños y, sobre todo, orientados al sur. Además, añadía, es posible que, en las habitaciones de mayor fuste, se utilizase un sistema de calefacción similar al diseñado por los romanos, con cámaras de aire caliente bajo el pavimento. No parece imposible que consiguiesen, en algunos espacios y con estos recursos, un ambiente lo suficientemente caldeado e incluso confortable. Otro medio para no quedarse como un carámbano era el uso de braseros. Aparecieron algunos en las excavaciones y demás trabajos de restauración del monumento y se conservan en el Museo de la Alhambra. Eran de piedra y mármol, de factura sencilla, cuadrados y circulares, con pies y salientes para trasladarlos de un lugar a otro sin necesidad de abrasarse por el calor de los tizones. No eran de gran tamaño, apenas unos hornillos,  y estaban decorados con líneas e incisiones de inspiración popular y que, según el mencionado estudioso, recuerdan a las ornamentaciones bereberes. 

viernes, 11 de noviembre de 2022

EL NACIMIENTO DE ALFONSO VIII

 Nació el once de noviembre de 1155. Era viernes y quizás fue una jornada soleada, de hojas en el suelo y membrillos en las huertas, como corresponde al veranillo de San Martín. Era hijo de Sancho III y de Doña Blanca Garcés y también tataranieto del Cid por linaje de madre. A los tres años quedó huérfano de padre y madre aunque no solo en el mundo. De su prodigiosa parentela ya escribí alguna cosilla hace un tiempo. Leo en el gran estudio de Carlos Vara, dedicado a Las Navas de Tolosa, un documentado análisis del personaje. En esa grave y victoriosa y jornada estuvo al frente de los ejércitos cristianos y demostró una vez más su valor y empuje. Cita el mencionado estudioso al cronista Núñez de Castro que hace una descripción de Don Alfonso y así sabemos que fue "de estatura más que mediana, de rostro hermoso, en quien sobresalió lo encendido; la frente sin desproporción, abultada, el cabello de color de la barba, tibiamente negro, los ojos garzos, la nariz inclinada a grande, sin desmesura que ocasionara fealdad". Fue un hombre tan del siglo XIII que, según la tradición, conoció a san Francisco de Asís en Burgos. Nació en otoño y en otoño murió en Garci Muñoz, el seis de octubre de 1214, cerca ya de los sesenta años. El año anterior fue de muchas muertes, hambres y calamidades en Castilla.