COMER Y DORMIR CON ORDEN Y CONCIERTO (SEGÚN SAN IGNACIO DE LOYOLA)
San Ignacio de Loyola pensaba, con lógica de soldado, que para servir bien había que contar con buena salud. Estaba el Santo en Roma cuando escribió al padre Miguel Ochoa, un jesuita al que no dejaban vivir por su gracia para sanar a los enfermos. Le daba cuenta a san Ignacio de cómo acudían a él los dolientes "que habían dependidos no pocos dineros con los médicos", eran curados "sin pagar blanca" y era tanta "la turba que viene, que no le podría decir". Al parecer sanaba con la imposición de manos. De ello daba fe nada menos que el Padre Polanco, hombre de mucho mando y fama en la Compañía. De manera paradójica, el jesuita taumaturgo no tenía buena salud. Decidió san Ignacio velar por él y lo mandó a Tívoli para que reparase fuerzas. También le dio unas recomendaciones para conseguirlo. Son muy sensatas: comer bien, dormir lo suficiente y, sobre todo, con orden y concierto. También en esto se descubre al militar pues uno nunca deja de ser el que fue algú...