FAROLILLOS DE PAPEL
Los españoles de los siglos XVIII y XIX llamaban asambleas a las reuniones sociales celebradas, antes o después de cenar, en casas de cierto tono. No tenían nada que ver con cuestiones políticas, algaradas ni acciones reivindicativas. La frecuencia de estos encuentros podía ser diaria. Asistían hombres y mujeres aunque, una vez metidos en conversación, se separaban en dos círculos bien diferenciados. Allí hablaban de todo, circulaban los chismorreos y se relacionaban unos con otros. Los españoles tenían cierta afición a la vida nocturna, aunque dentro de un orden. Al salir, ya tarde, los que no disponían de carruaje, volvían a sus residencias acompañados por uno o más criados de hacha. Su misión era alumbrar la calle durante el trayecto de vuelta y así evitar tropezones, boñigas y barrizales. También se buscaba la protección frente a maleantes y golfos o evitar las posibles molestias de transeúntes borrachos. Algunos anfitriones, al menos en el primer tercio del siglo XVIII, a la...