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DÍAS DE EXILIO EN INGLATERRA (1842)

En nuestro siglo XIX la experiencia del exilio fue compartida por unos y otros: liberales febriles y exaltados, circunspectos progresistas, carlistas no controlables por abrazos y convenios, republicanos de distinta obediencia y moderados. Siempre imaginamos a estos últimos como aburridos administradores y burgueses de brasero y chocolate pero no, los hubo de vida arriesgada e incorregiblemente aventurera. Uno de ellos fue el general Fernando Fernández de Cordova. Dejó constancia de esta experiencia en sus memorias, publicadas en 1889. Partió al destierro durante la regencia de Espartero. Estuvo primero en Lisboa y Évora y, desde allí, acudió a la llamada del general Narváez en abril de 1842, entonces emigrado en París. Para llegar a esta ciudad, Fernández de Córdova, pasó primero por Inglaterra. Viajó en un buque llamado Britania, cuyo capitán conocía. Hizo la travesía sin grandes inconvenientes ni padecer mareos “sin duda para no desmentir mi raza, toda de marinos”. Desembarcó en S…
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VELETAS

Las veo arriba, en la vigilia de estas noches de invierno, cercadas de montes, sobre las torres de la Catedral. Las veletas están emparentadas con los faros de las costas en su escrutinio del tiempo y de las lejanías, y dan testimonio de verdad del destino de los vientos. El presbítero don Antonio Lobera y Abío en su libro El porqué de todas las ceremonias de la Iglesia y sus misterios (1758), escribe sobre las veletas. Decía que era costumbre antigua poner sobre la cruz un gallo como símbolo de prelados y predicadores y que la veleta  “es al modo de banderila, que se vuelve a todos ayres, y está debajo de la Cruz, nos da a entender que en todo ayre, próspero o adverso, hemos de tener la Cruz sobre nosotros, que es la señal del verdadero cristiano”.

EL MONTE SIN BELLOTAS (1662)

En el otoño de 1662, los ganaderos de cerda de mi concejo estaban muy apesadumbrados. Ellos, señores de reses tan galanas - alegría, gloria y ornato de los montes de Jaén- dieron cuenta al Cabildo municipal de las penurias que padecían por ser “año esteril y no la avía [bellota] en todo este Reino y comarca sino era la que se había reconocido en la dehesa de la Mata”. Fue un tiempo de sequía o, al menos, de lluvias tan tardías como menguadas. El 24 de noviembre de ese año, por Santa Catalina, en el citado Cabildo se consideró prudente oficiar rogativas a la Virgen de la Capilla “respecto de estar el tiempo tan adelante y el pueblo afligido no aver acudido a tiempo los temporales”. _____________ Archivo Municipal de Jaén, Actas, 1662, cabildos de 6 de octubre y 24 de noviembre.

FUE EL DILUVIO (1694)

Recordemos los grandes temporales, las grandes lluvias caídas antaño. Como las del dos de junio de 1694 cuando descargaron con furia las nubes sobre Cazorla, en la provincia de Jaén. Se abrieron los cielos durante algo más de una hora y aquello fue el diluvio. Así quedó grabado en los muros de la iglesia de Santa María, para recuerdo de generaciones venideras. Allí las aguas derribaron los muros de la sacristía e inundaron el templo. Este desastre fue relatado por el cronista Baltasar del Castillo. Hasta sesenta y siete personas entregaron el alma y se perdió plata por valor de 10.000 ducados y más de cincuenta sacerdotes quedaron sin ornamentos para ejercer su ministerio. La tormenta destruyó también la imagen de Nuestra Señora de Gracia y se pudo rescatar la del Santo Cristo del Consuelo, muy venerado por todos los vecinos, “que se sacó al otro día mojado hasta la mitad y herido de las piedras”. Daba pena contemplar todo esto en aquellos días en los que acababa el siglo XVII. _______…

ESPINOS ALBARES

Por estos pagos se les da el nombre de majoletas. Son las bayas del espino albar, de un rojo esplendoroso y heráldico, anuncio de los días cortos y pobre mercancía  de vendedores callejeros que, antaño, las llevaban en cestas de mimbre muy viejas. Sabían a campo de otoño, a fruta pasada y a dulzura de octubre. A estas alturas, ya en noviembre, deben de quedar pocas en las ramas por los vientos y las aguas. Iba yo, hace años, a ver este regalo de Dios a la cara norte de Jabalcuz, a dos leguas de mi ciudad, entre alhucemas y enebros. Kipling menciona el espino albar, en su Puck, vinculado a la vieja Inglaterra que quiso recobrar en su retorno. También era planta de la predilección de trovadores y demás espíritus poéticos y caballerescos del siglo XIII.

NOVIEMBRE

La pena dentro,
puerta de cementerio,
la pena fuera.


GRANADAS

Las granadas me recuerdan a un tiempo viejo. Es una fruta de aparador en casa antigua, de frutero de tías venerables, de muchos años, de huerta con árboles ya sin hojas, en las tardes cortas con olor a humo. Decía don Rafael Ortega y Sagrista, caballero muy erudito de Jaén, y algo pariente mío por los Bonilla, los Toral y los Nieto, que la granada es fruto de invierno y de cuelga, es decir, apropiado para conservar atado a tomizas y espartos en terrados o cuartos fruteros, que deben ser estancias secas y bien ventiladas. Citaba él distintos tipos de granada. La enumeración al respecto es un verdadero tesoro: granadas albares, cajines, zafaríes, ciñuelas y de diente de perro o de Castilla, muy agrias y buenas para acompañar las migas. Las granadas zafaríes nos sugieren la vida de frontera, venturosa y arriesgada, a las ahumadas y cabalgadas del siglo XV. Seguro que los personajes de los romances fronterizos desgranaban granadas tafaríes cuando oteaban los horizontes en los portillos de…

EL PRIOR DE LA ROCHELA Y LOS SECESIONISTAS (1642)

Pellicer recogió en sus avisos, correspondientes al cuatro de febrero de 1642, el viaje que hicieron unos catalanes que se levantaron contra Felipe IV en busca de alianzas con Francia y Portugal. Aquí, dice Pellicer, el duque de Braganza los despidió con buenas palabras y poco más, sin compromiso alguno por su parte. Alegó que las penurias del Reino y  sus cortos medios no daban para mucho. Bastante tenían con lo suyo. A la descaminada comitiva secesionista le fue peor, según la fuente citada, en Francia. Fueron a parar a La Rochela y el Prior de esta plaza, al conocer sus fines, les dijo lo que sigue:
 “que se espantaba que los catalanes teniendo tal generosidad del Rey como el de España, que quisiesen sujetarse a otro [el de Francia] que por la menor palabra ponia a los pies la mas principal cabeça y confiscaba sus bienes y tenia puestos tantos tributos que hasta de casarse y de enbiudar le pagaban y de los criados que despedian”.

No contaban con la simpatía del público en general pue…

EN EL CASINO DE EL CENTENILLO

En Retablo de la Vida Antigua ya hemos tenido la alegría de citar el libro de Luis García Sánchez-Berbel dedicado a El Centenillo*. Hay una espléndida descripción del casino de este honrado pueblo que el que esto escribe recuerda haber visitado a finales de los sesenta e inicios de los setenta, ya muy en decadencia, camino de la familiar dehesa de Navalcardo. El casino contaba con unos urinarios, y perdonen ustedes por detalle tan poco fino, majestuosos, creo yo que poco menos que eduardianos que bien podrían haber estado instalados en el Royal Albert Hall de Londres. Cuando El Centenillo estaba en pleno esplendor, por la actividad minera, el casino contaba con una notable biblioteca y un salón de juego decorado con diferentes trofeos de caza, entre los que se contaban lobos, jabalíes, ciervos, zorros, águilas, búhos, mochuelos y jinetas. Este alarde de taxidermia no escandalizaba a nadie en aquellos tiempos. Desconozco si se caldeaba con chimenea o estufa de leña. Entre los asiduos a…

EL CIELO DEL OTOÑO

Cuando Libra haya igualado las horas del día y las del sueño y separa ya la mitad del orbe entre luz y sombras, poned los bueyes al trabajo, labradores, y sembrad en los campos la cebada hasta las lluvias finales del intratable invierno.
(Virgilio, Geórgicas, I, 8-12.)