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PAPELES DE COLORETE

Hace tiempo, nada menos que quince años, escribí unas líneas sobre la afición de las españolas del siglo XVII  a maquillarse con solimán, albalyalde y otros compuestos o mixturas. Sólo hay que recordar que, en uno de los patios centrales del Alcázar de Madrid, había unos bustos de mujeres célebres bien provistos, para mayor realismo, de colorete en mejillas y hombros. Esto por cierto, desmiente el carácter tétrico, tantas veces atribuido a la Corte de los Austrias. Francisco Santos, en su Día y Noche de Madrid, escrita en ese siglo, menciona también ciertos "parchecitos para las sienes". Eran los famosos papeles de colorete elaborados, sobre todo, en Guadix y Granada. Rodríguez Marín, menciona a Juan Cortés de Tolosa, a Lope de Vega y a Polo de Molina que dan cuenta de éstos. Polo de Molina escribió: "poniendo con cautela / sobre la blanca tela / dos rosas encarnadas / del papel trasladadas / sellada provisión que un dedo cita / dada en Granada y en Guadix escrita"....

LOS ESPAÑOLES SE ABRIGAN CAMINO DE RUSIA

A finales de noviembre de 1856, don Juan Valera formó parte de una embajada a Rusia. La enviaron para cumplimentar a Alejandro II, recién coronado, y la encabezaba el duque de Osuna . Hasta llegar a Varsovia, viajaron “a lo príncipe" pero desde allí, comenzó lo más duro del viaje. Don Juan, en una carta, dio cuenta, no sin cierta maldad, del secretario personal del duque, de familia ilustre y natural de Sevilla “aunque por lo bobo parece de Coria”. Hacía tanto frío, unos catorce grados bajo cero, que el secretario iba forrado de pieles y “tan empellejado y tan raro, que en una estación de camino, por poco se lo comen unos perros, tomándole por alimaña de los bosques”. Los otros españoles se abrigaron de manera más discreta y tuvieron la prudencia de cubrirse con gorras de nutria. "Se diría que andamos en busca de sir John Franklin”, perdido en aquellos años en su expediciones polares. Don Juan Valera precisó asimismo que en Varsovia "las damas miran de una manera que de...

DEL AJUAR DE MARIA CARRILLO

  Leo unas notas, tomadas por mí hace décadas, de la carta de dote de María Carrillo. Fue extendida en 1609 y se conserva en el Archivo de Protocolos de Jaén. María era, posiblemente, morisca. En la escritura, entre trébedes, sartenes, raseras y algún almirez, aparecen una caldera mediana morisca, un paño morisco labrado y una sábana morisca con cenefas de seda.  Estos paños moriscos se utilizaban en ocasiones para cubrir las paredes. Poco pudo disfrutar de su ajuar María Carrillo, si es que fue de tal condición. Es posible, aunque difícil, que fuese amparada por el Concejo de Jaén que pidió al Rey que no se desterrase a los casados con cristiano o cristiana vieja. Pero estos casos eran pocos, apenas reducidos a una docena de casas en la ciudad. Mal año fue para María Carrillo, malos días para nupcias felices.

EL PRECIO DE UN CABALLO

Era castaño, cerrado de edad y con sus arreos. Seguro que tuvo nombre y caminos en su memoria. Aunque no sepamos ni lo uno ni lo otro. Fue de don Fernando Carrillo y Velasco que lo vendió en Jaén, en el año de 1676, a Pedro de Campos por 275 reales.

SEÑORITAS DE PUEBLO

Carlos Arniches en Los caciques , publicada o representada en 1920, menciona, con unción y afecto, a las señoritas de pueblo. Dos personajes, Cristina y Alfredo, conversan. La primera reconoce no ser más que una señorita de pueblo a lo que Alfredo responde: “La señorita de pueblo siempre me ha inspirado a mí una viva simpatía”, y continúa: Cuando en mis viajes he visto paseando por los andenes de las pequeñas estaciones, esos grupos de muchachas cogidas del brazo, me ha parecido siempre adivinar en la mirada de sus ojos dulces el cansancio de la vida monótona, y es su triste sonrisa el anhelo de una existencia mejor. ¡Con qué resignada melancolía miraban alejarse el tren!...A mí, te digo, que me daban ganas de cogerlas a todas en un puñado y llevarlas a otro mundo, y a otra vida que valiese la pena de vivirse, fuera de aquel estrecho ambiente pueblerino, egoísta y brutal, que sólo ellas encantaban con el hechizo de su juventud. Creo que ya no hay señoritas de pueblo. Los personajes y l...

LAS MINAS DE ALMADÉN O EL INFIERNO EN VIDA

  Comenzaron a explotarlas los Fúcar en el siglo XVI. La falta de trabajadores para las minas de azogue de Almadén se suplió con condenados a galeras y a presidio. Así fue hasta 1801. De todo había, pero no todos habían cometido delitos atroces. Hay razones para pensar que eran el infierno en vida. El vestuario de los presos, según las ordenanzas de 31 de enero de 1735, se componía de una casaquilla colorada, una chupa y calzones, todo confeccionado con paño de Torremilano. La dieta diaria de los esclavos o forzados , así se les llamaba, que trabajaban en la mina o realizaban trabajos duros consistía en tres libras de pan, dos cuartillos de vino y una libra de carne. A los destinados a las herrerías y otras tareas, consideradas menos penosas, y a los convalecientes, se les suministraba una “comida menor”, limitada a dos libras y media de pan, cuartillo y medio de vino y una libra de carne. Los enfermos y los exhaustos recibían una alimentación más variada: una libra de pan, tres c...

AULAGAS

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Las aulagas alegran las tardes de febrero. Tienen un color de librea de escudero o, si se quiere, de disfraz o disfrace, como decían en el siglo XVI, de carnaval. Pasear cerca de una ladera de aulagas levanta el ánimo y presagia el final del invierno. Si en la distancia, alborotan las perdices, ya lo tenemos todo. Estas plantas de flor amarilla -no sólo las aulagas sino también las retamas y genistas- tienen muchos nombres. En algunos casos se intuye su razón de ser pero en otros son un puro enigma. Unos, como montesina o marigüela, parecen de romance muy viejo o de pliego de cordel, de los que narraban crímenes, ajusticiamientos y grandes amores;  otros nombre, mencionan al santo de la estación, como yerba de san Blas , amigo de cigüeñas y sanador de gargantas. Por el color, la aulaga es también conocida, alegremente, como canario o canariera. Hay muchas denominaciones más: hallada, eulalia, santa jaulaga, abulaga, argoma, ulagino, cascaula, aulaga diente de perro, archilaga, arde...