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YO PENSABA EN ESPAÑA

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Escribió Azorín: "Yo pensaba en España. Veía nuestros santuarios, nuestras ermitas; veía los calvarios plantados de cipreses rígidos  veía nuestros humilladeros puestos a la entrada de los pueblos." ( España , 'Epílogo en los Pirineos', 1909)

NADIE TENÍA DINERO

En los tiempos antiguos lo normal era ser pobre. No mísero, que tampoco era raro, sino nada más que pobre. En unas épocas más que en otras. Fueron muy malos, de estar a dos velas, los años del siglo XVII. España, la verdad sea dicha, fue poderosa pero nunca rica. Ricos eran los holandeses pero no los españoles. Aunque campeamos invictos por Europa durante más de siglo y medio, aquí nunca estuvimos muy sobrados de mercaderías, abastos y reales. Azorín reflexionó al respecto. Contaba como una gitanica entró en la casa de un personaje principal de la villa de Madrid. Cantó, bailó e hizo sus gracias ante la familia del caballero. Al terminar, lo suyo era agasajarla con una propina pero, quién lo diría, nadie tenía un real en la faltriquera. Ni la señora de la casa, ni el escudero, ni las criadas a las que se les pidió prestado. Llegó el caballero a sus casas, teniente en el Cabildo -no se indica si lo era del corregidor, del alcalde mayor o de otro oficio-y tampoco tenía un maravedí. Esto...

BOTAS, ODRES Y BOTILLOS

La bota va y viene por el área de España y por los espacios de la Historia, decía Azorín, que escribió sobre curtidores, zurradores, guarnicioneros, talabarteros, boteros, odreros, guadamecileros y pellejeros. Gracias a sus páginas sabemos que los pellejos de mayor capacidad eran las odrinas y los de menos el botillo. Azorín encontraba esta explicación al uso y difusión de las botas, odres y demás: "España es un país quebrado, montuoso. Hay en España caminos reales, o carreteras, y hay caminos vecinales  y caminos de herradura. Por los de herradura sólo pueden transitar las caballerías aisladas o recuas. Oficio también nacional es el de recuero, trajinero o cosario. Ninguna vasija más apropiada para ser conducida a lomos de macho, por quebradas y puertos, por cotarros y caminejos torcidos y pedregosos que la vasija de cuero." Y sigue: "Quedamos, pues, en que la bota es utensilio eminentemente nacional. Se encuentra, como en su propia casa en mesones, paradores y vent...

LOS ESPAÑOLES, LOS INGLESES Y AZORÍN

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                                                (Spanish Battery, Tynemouth, Northumbria) Cuando Alfonso XIII viajó a Inglaterra, en 1905, Azorín escribió unas espléndidas crónicas para ABC. Éstas se recogen, al menos en parte, en el estimable libro de Manuel María de Arrillaga, Lo que no se conoce de la vida del Rey (1955), con prólogo del conde de Vallellano y epílogo de Yanguas Messía. Azorín hace una inteligente reflexión que, como todas las suyas, hay que tener muy en cuenta aunque no deja de provocar cierta sorpresa: "todos los prejuicios que sobre él [el pueblo inglés] tenemos los meridionales, se desvanecen cuando se les visita. No hay nación que se parezca más a la nuestra que Inglaterra. Los ingleses lo dicen y todos los españoles residentes en Londres lo confirman". Parece una ocurrencia pero, si le damos unas vueltas a esta idea -como hacíamos hace ...

CABRERA EN LONDRES

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Galdós en La campaña del Maestrazgo lo describe entre riscos y barranqueras. Azorín también lo evoca, en su "bregar afanoso y valeroso", en dicha comarca, alerta en un paisaje "áspero, luminoso, entre tomillos, cantuesos y espliegos". Desasosegado. Tramando acciones y golpes de mano, admirador de Napoleón, dado a crueldades, cortesías y actos generosos. Insensible o muy hecho al dolor ajeno y al propio, mandaba fusilar a los prisioneros sin reparo alguno. Tuvo mucho del carácter excesivo de los románticos y conoció el infierno, no a través de juegos literarios en gabinetes sino por la terrible y aleccionadora experiencia de la guerra y nada menos que en El Maestrazgo. Defensor de la Tradición y legitimista, tenía en poco las antiguas jerarquías estamentales, católico y pecador, no parecía dado a las triduos y novenas. Cuando acabó la guerra se exilió no en Austria o en Rusia sino en Inglaterra y casó bien, con Marianne Catherine Richards, una inglesa de buena ca...

PUERTAS

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"Una puerta no es igual a otra nunca: fijaos bien. Cada una tiene una vida propia. Hablan con sus chirridos suaves o bruscos: gimen y se expresan, en las largas noches de invierno, en las casas grandes y viejas, con sacudidas y pequeñas detonaciones, cuyo sentido no comprendemos [...] No hay dos puertas iguales: respetadlas todas. Yo siento una profunda veneración por ellas; porque sabed que hay un instante en nuestra vida, un instante único, supremo, en que detrás de una puerta que vamos a abrir está nuestra felicidad o nuestro infortunio". (Azorín, Las confesiones de un pequeño filósofo , 1904). Fuente de la ilustración: aquí.