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EL MARQUÉS DE VALDEGAMAS Y LA DESAMORTIZACIÓN DE MENDIZÁBAL

El moderantismo español mantuvo una posición crítica hacia las desamortizaciones. No se opuso frontalmente a estos procesos pero tendió a templarlos y a obstaculizar su aplicación. En algún caso, desde las propias filas moderadas, hubo un rechazo abierto a estas medidas, como ocurrió con don Juan Donoso Cortés, marqués de Valdegamas. Las desamortización eclesiástica, conocida como la de Mendizábal, en opinión de dicho personaje, fue funesta para los labradores y en general para los más pobres. Así lo expresó en su “Discurso sobre la situación de España”, el 30 de diciembre de 1850, que, según Julio Burell, contribuyó a derribar un gobierno. Donoso Cortés, reaccionario al fin y al cabo, idealizaba el pasado pero no dejaba de tener razón en buena parte de su análisis. La puesta en manos privadas de un enorme cúmulo de bienes raíces provocó, entre otras consecuencias, el hundimiento y la proletarización de una clase de labradores que habían sido, durante generaciones, arrendatarios de tie...

CABRERA EN LONDRES

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Galdós en La campaña del Maestrazgo lo describe entre riscos y barranqueras. Azorín también lo evoca, en su "bregar afanoso y valeroso", en dicha comarca, alerta en un paisaje "áspero, luminoso, entre tomillos, cantuesos y espliegos". Desasosegado. Tramando acciones y golpes de mano, admirador de Napoleón, dado a crueldades, cortesías y actos generosos. Insensible o muy hecho al dolor ajeno y al propio, mandaba fusilar a los prisioneros sin reparo alguno. Tuvo mucho del carácter excesivo de los románticos y conoció el infierno, no a través de juegos literarios en gabinetes sino por la terrible y aleccionadora experiencia de la guerra y nada menos que en El Maestrazgo. Defensor de la Tradición y legitimista, tenía en poco las antiguas jerarquías estamentales, católico y pecador, no parecía dado a las triduos y novenas. Cuando acabó la guerra se exilió no en Austria o en Rusia sino en Inglaterra y casó bien, con Marianne Catherine Richards, una inglesa de buena ca...

APUNTES SOBRE MUÑOZ GARNICA

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Don Manuel Muñoz Garnica nació en Úbeda en diciembre de 1821. Estaba emparentado con los marqueses de Navasequilla y con los condes de Belascoain. Fue lectoral en Jaén, se alineó con el influyente círculo integrista que rodeaba a Isabel II desde los años del Bienio Progresista. Figuró como redactor en el periódico El Conciliador, fundado y dirigido por Balmes, también escribió en La España , financiado por el duque de Riánsares, esposo de Doña María Cristina de Borbón. En 1849 escribió un opúsculo Dos palabras sobre las últimas revoluciones, carta dirigida al Excmo. Sr. Marqués de Valdegamas.   Destacó por sus dotes en oratoria sagrada y fue predicador en la Corte de Isabel II como capellán de honor de la Real Capilla de Palacio. En abril de 1857 pronunció un elocuente sermón en el oficio religioso celebrado en la inauguración del Hospital de la Princesa, en Madrid. Estuvieron presentes los Reyes y la Princesa de Asturias, además del Patriarca de Indias, el ministro de la ...

EL CLÉRIGO Y LOS LIBERALES

El escolapio don Felix Sardá y Sardany no era amigo de los liberales. Ya en 1875 había escrito ¡Te conozco, católico-liberal!  y más adelante, ya avanzada la Restauración, publicó El liberalismo es pecado (1884) . Sardá consideraba a los liberales como herejes y miembros de una secta. "El mundo de Luzbel" encubierto, decía. Para el clérigo catalán "ser liberal es más pecado que ser blasfemo, ladrón, adúltero u homicida, o cualquier otra cosa de las que prohíbe la ley de Dios y castiga en su justicia infinita", es decir, "el mal sobre todo mal". Los apacibles miembros del Partido Conservador o los sagastistas del círculo más cercano debían de espantarse al ser considerados peores que los más sanguinarios bandidos o que los libertinos de más incorregible y pervertido historial. Había en opinión de Sardá, naturalmente, distintos grados de liberales como, afirmaba, distinta gradación tiene el aguardiente despachado por el tabernero. Desde los de Cádiz de 181...

LOS JACOBINOS, EL INQUISIDOR Y EL LECTORAL

Don Agustín Rubín de Ceballos fue obispo de Jaén e inquisidor general. Murió el 11 de febrero de 1793. Al parecer, la decapitación del Rey de Francia , a manos de los jacobinos, le produjo tal pesadumbre que enfermó y le costó la vida. Al menos eso dijo, en sus exequias, el canónigo magistral de la Catedral de Jaén, don Juan Julián de Titos: Fatigado de mil cuidados, oprimido y consumido de las muchas y grandes aflicciones interiores, que le causaban las novedades de estos tiempos, siendo la que hizo más impresion en su Leal y Catolico corazon, el horrendo suceso, acaecido en Paris el 21 de Enero, no pudo resistir la fuerza del accidente. No es raro, la gente antes se dejaba morir por malos ratos, melancolías y desengaños. Don Agustín intuía que, con la tragedia de Luis XVI,  acababa el siglo XVIII y con éste el viejo orden monárquico, católico y estamental. Cuando se decapitaba a un rey, a un ungido, el mundo se tambaleaba. Aunque fuese el Rey de Francia. Lejos quedaban los e...

VESTIR COMO UN REACCIONARIO

En una obrilla titulada Los percances de un carlista, de D.M.B Aguirre (1840), se describen las vestimentas de un carlista y de un partidario del Estatuto Real. El carlista, acérrimo y arruinado por sus donativos a la Causa, se llamaba don Pantaleón. Según el autor vestía "con trage bastante anticuado". Don Canuto Remolacha,"servil más ilustrado", era partidario del Estatuto Real  y se presentaba "con trage más elegante pero exagerado en estremo: gran lente; grandes picos en el cuello de la camisa; gran alfiler en la chorrera; peluca muy rizada". Otro personaje, también devoto de Don Carlos, llamado don Eleuterio, aparece con calzón corto, zapato con hebilla y casaca de moda. Todas estas prendas se asociaban al Antiguo Régimen . Lo estirado, rígido, acartonado y grotescamente anticuado se muestra como rasgo común de los adversarios del esparterismo y,  en general, del liberalismo progresista.  En la obra citada se rep...

EL FÚTBOL COMO VÍA CABALLERESCA

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Eran los primeros tiempos del fútbol en España. Existían, en aquellos años, ciertas dudas sobre si era conveniente su práctica entre personas de buena crianza. Las carreras detrás de una pelota, los balonazos en la cabeza, el rodar por los suelos, en fin, todo lo que implicaba dicho ejercicio, era contemplado con evidente estupefacción por los fieles a los modales y a la compostura del siglo XIX.  Aquel siglo en el que los tipos bien educados jamás corrían. Ni en la guerra. El debate estaba abierto, una vez más, entre reaccionarios y modernos. En el semanario Gran Vida , 1º de marzo de 1904, un autor - firmaba V.de C.- consideraba al fútbol como una disciplina varonil y educativa. Una práctica higiénica y saludable entre jóvenes bien educados, siempre que se practicase con prudencia, gallardía y empuje, lejos de toda animosidad y rencor: "con sinceridad os lo dice un gran entusiasta y defensor del foot-ball : si separáis al jugador del hombre bien educado, no queda mas que u...