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ANTEOJOS

Los relacionamos con los navegantes, los aventureros de diversa condición y los piratas, al igual que el parche en el ojo y la pata de palo. Era muy del siglo XVII la afición a las lentes. En España, al igual que en otros países, las vendían los merceros. Tengo una relación de precios de tiempos de Felipe IV que mencionan distintos tipos de anteojos, con precios moderados. Es seguro que los había más caros y precisos, de mejor óptica pero éstos que voy a citar eran los que compraba la gente corriente o sin demasiadas exigencias. Había anteojos “de camino”, originarios de París, para los viajeros y caminantes, para aligerar la monotonía de las rutas y otear el panorama. Otros eran de “media catarata”, que era una curiosa manera de calibrar sus aumentos. Había anteojos “de larga vista de cañuto largo”, que venían de Alemania. Debían de ser como grandes catalejos para ensimismarse en las lejanías. También anteojos dobles, quizás similares a los gemelos, de tamaño grande y pequeño. Los pr...

LA PARENTELA DE ALFONSO VIII

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EL VIAJE ALEMÁN DEL CONDE DE LAS ALMENAS

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La vida en el balneario de Spa era elegante pero un poco monótona. Muchos aristócratas españoles pasaban allí la temporada estival. A veces, según un cronista de la época, la alameda de Sept-heures parecía El Retiro o la Casa de Campo. Transcurrían sus días entre excursiones campestres -con meriendas muy bien servidas- bailes, conciertos en el Casino y funciones de teatro. Al parecer, la prohibición de la ruleta, si bien salvó a muchos de la ruina, trajo consigo cierto decaimiento en la estación termal. Con o sin ruleta, imaginamos al conde de las Almenas un poco harto de la vida de balneario. Su carácter inquieto y curioso se ahogaba entre las aguas medicinales y las de aquel lluvioso verano de 1880. Para romper con el tedio, decidió viajar por Austria y Alemania. En Berlín lo esperaba el conde de Benomar, embajador de España. Pocos podían introducirlo mejor entre las elites prusianas. El 18 de agosto escribía desde allí una carta a La Época * en la que Almenas manifestaba sin re...

EL CAPITÁN VERDUGO, LA CERVEZA Y LOS PELIGROS DEL AGUA

Francisco Verdugo sirvió a Felipe II durante muchos años. Sentó plaza de soldado en 1557, cuando la guerra con Francia, nada menos que en San Quintín, demostró coraje y dotes para la vida castrense. Le dieron, entonces, una ventaja de ocho escudos. Desde unos orígenes oscuros, a fuerza de trabajos y peligros, llegó a mucho. Desde 1581, durante catorce años, estuvo en su puesto como gobernador y capitán general de la provincia de Frisia. Dicen que fue el más duro, cínico, frío y desilusionado capitán español del siglo XVI. Y bueno como el que más en lo suyo, añadiríamos nosotros. Decía, con escarmentado realismo, que "al fin las victorias vienen de Dios y él las da a quien es servido, pero también es necesario que los hombres se ayuden y provean de su parte sin dexar cosas a la ventura". Su mando en Frisia le ocasionó muchos desvelos y desengaños: "ha sido gran desgracia mía haber empleado catorce años, los mejores de mi vida, tratando con la gente que en este discurso he...

LOS ESPAÑOLES SEGÚN LUTERO

En sus Cartas de sobremesa * Lutero reflexionaba sobre las características de españoles, italianos, alemanes y franceses. Según él, los españoles tienen andares , costumbres y semblantes festivos, rostro altivo, hablar triste, discurso elegante, culto y jactancioso y vestido exquisito. En la conversación destacan por su cautela. En los amores son impacientes, pertinaces en los odios, vigilantes en los negocios, astutos y rapaces en asuntos de malicia. En el canto gimen a diferencia de los alemanes que ululan, de los italianos que balan y de los franceses que modulan. En los consejos son astutos a diferencia de alemanes, franceses e italianos que son, respectivamente, útiles, desconsiderados y cautos. En el comer los españoles son delicados, los italianos limpios, los alemanes desaliñados y los franceses copiosos. Finalmente, Lutero afirmaba que "se distinguen los alemanes por la religión y artes mecánicas, los franceses en la educación, los españoles por la navegación y los it...

DISCIPLINAS Y DISCIPLINANTES

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Sebastián de Covarrubias en su Tesoro de la lengua española o castellana ( 1611) , definía las disciplinas como "el manojo de cordeles con abrojuelos con que los disciplinantes se açotan". Los abrojuelos o rosetas eran piezas de hierro o de plata que guarnecían los ramales de dichos artilugios. Estos remates se sustituían, a veces, por canalones metálicos o bolas de cera mezcladas con vidrio pulverizado. Algunos, más rigurosos todavía, se mortificaban con cadenillas de hierro.   San Carlos Borromeo aprobaba el uso de disciplinas como medio para compartir el sufrimiento padecido por Cristo o, como decía Covarrubias en un elegante español del XVII, "en remembrança de los açotes que Christo nuestro Señor padeció por nosotros". También se recurría a estas penitencias en las rogativas para pedir el cese de sequías, temporales, terremotos, plagas y epidemias o con motivo de las enfermedades de los reyes y otras personas reales. La práctica de disciplinarse fue muy di...

MAESTROS ARCABUCEROS

En el siglo XVI llegaron a España, por orden de Carlos V, dos armeros alemanes. Fueron quizás los primeros en  fabricar cañones en Madrid. Uno se llamaba Simón Macuarte, conocido como Simón de Hoces, y el otro, su cuñado, Pedro Maese. Aquél firmaba sus obras con dos hoces, de ahí el apellido, y el segundo -para diferenciarse- en vez de dos, colocaba tres hoces como marca. Simón tuvo dos hijos que siguieron en el oficio: Felipe y Simón, éste sirvió como artífice a Felipe III. Marcaban, por su parte, arcabuces también con dos hoces, como su padre, pero poniendo el nombre al lado. Al parecer, Simón inventó la llave de patilla. Arcabuces, carabinas y escopetas, aunque de menos calidad que los de los reyes, se difundieron entre los españoles de aquellos tiempos. Algunas veces estaban tan mal aviados que reventaban los cañones con la consiguientes desgracias y quebrantos. Servían para la guerra y la caza. También para defenderse o resolver asuntos a mano airada. A veces, apostados detrá...

HUMBOLDT Y LAS CAMPANAS DE ESPAÑA

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A  J.B., autor de  Paideia , en este día, por tantas horas de grata conversación y hospitalidad alemana. No pudo olvidar Guillermo von Humboldt el paisaje español. Así lo afirma Luis Díez del Corral: "tanto el adusto de Castilla, como el risueño de la bahía de Cádiz o el variado y humano de Cataluña". Tampoco le fue indiferente Sierra Morena, capaz de sobrecoger a los más decididos viajeros de finales del siglo XVIII. Siempre recordaría Guillermo von Humboldt el sonido de las campanas de España. Tañidos de campanas de ermitas, de iglesias de pueblo, de hospicios, de catedrales, de torres de la vela y conventos de mendicantes. Quizás, también, las de El Escorial. Allí fue recibido por Carlos IV en 1799. En las veladas de invierno en Tegel daría vueltas alrededor de estos recuerdos. Es digna de considerar esta afición a las campanas entre ilustres alemanes. Mucho tiempo después, Heidegger escribió "Sobre el misterio de campanario" recordando su infancia como hij...

NICOLÁS DE BOBADILLA

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Fue Nicolás de Bobadilla uno de los primeros jesuitas. Siguió a san Ignacio desde la primera hora, cuando todavía no existía la Compañía de Jesús. Nació en Bobadilla del Camino en 1508 ó 1509. Era un tipo indomable y vitalista. Se contaba de él que, siendo un niño, "trepaba las más altas torres o las rocas más escarpadas para desnidar a los pájaros, a riesgo de romperse los huesos". Fue limosnero de los imperiales en la guerra contra los protestantes de la Liga de Smalkada. Había que ser valiente para ir, como si fuese cosa de poco cuidado, por aquella Europa desgarrada por las guerras de religión. En esas jornadas enfermó de peste y se curó, lo apresaron y se escapó. Por si fuera poco, un luterano le asestó un  alabardazo en la cabeza. No tuvo mayores consecuencias por la costumbre que el jesuita tenía de llevar un sombrero grueso que, como si se tratase de un castoreño, le amortiguó el golpe. Quizás aprendió a temer a la Muerte lo justo -ni más ni menos- y vio una señal...

LA VIDA HEROICA

Patrick Leigh Fermor , en su obra El tiempo de los regalos , describe las cruces de los caminos de Alemania. Esta referencia me hacer recordar un pasaje del  Comentario de la Guerra de Alemania de don Luis de Ávila y Zúñiga donde se narra el siguiente suceso: "El Emperador, con mayor trote que podía sufrir gente de armas, seguía el camino que los enemigos llevaban, en el cual halló un crucifijo puesto, como suelen poner en los caminos, con un arcabuzazo en medio de los pechos. Esta fue una vista para el Emperador tan aborrecible, que no pudo disimular la ira que de una cosa tan fea se debía recibir y mirando al cielo dijo: <<Señor, si vos queréis, poderoso sois para vengar vuestras injurias>>".  Sigue así: "y dichas estas palabras prosiguió su camino por aquella campaña tan ancha y tan rasa: y porque el polvo de nuestra vanguardia era muy grande, y el aire le traía a darnos en los ojos".  Campaña ancha y rasa, el polvo levantado por la caballería. O ...

SOBRE RETABLO DE LA VIDA ANTIGUA Y EN ALEMÁN

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PAIDEIA  donde el conocimiento es vocación y verdad desvelada. Con todo mi agradecimiento por su generoso escrito. PAIDEIA wo das Wissen Berufung  und enthuellte Wahrheit bedeutet. Mein herrrlicher Dank  fuer Ihr edelmuetiges Schreiben Danke schoen.