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Mostrando las entradas etiquetadas como caza

TAMBIÉN LOS ANIMALES SE ACOGÍAN A SAGRADO

Los cementerios y las cercas de los templos, hasta treinta pasos alrededor, concedían inmunidad a los perseguidos. El presbítero don Antonio de Lobera y Abío, a mediados del siglo XVIII, trató el asunto que, entonces, era fuente de enconadas polémicas y diferencias entre los regalistas y los partidarios de que se respetase la inmunidad de los lugares sagrados. Menciona el presbítero el caso de un jabalí que, perseguido por "El Rey Don Sancho El Mayor de Navarra, y Castilla, gran cazador", se refugió en las ruinas de un templo que estaba bajo la advocación de san Antonio Mártir. Se amparó la criatura junto al lugar donde estuvo el altar mayor y eso le salvó la vida pues cuando se dispuso el Rey a lanzarle un venablo, su real brazo “quedó de tal fuerte entorpecido que no lo pudo menear”. Todo estaba bien claro: el jabalí estaba acogido a sagrado y gozaba de la protección divina que, al fin y al cabo, todos somos hijos de Dios. Después - tras apuros, rezos y ruegos- recuperó Don...

LA ÉPICA SOLEDAD DEL JABALÍ

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“La braveza o bravura del jabalí es proverbial y épica, pues que épica Homero nos lo describe destrozando los sembrados, asolándolos cuando irrumpe en ellos de las brañas de su guarida montesa y es también proverbial y también épica su singularidad, el hecho de que obre solo y solitario, señero.” (Miguel de Unamuno, Definición del jabalí, en La enormidad de España. La imagen: BNE, CC.)

DE CAZA CON EL BARÓN DE CORTES

En 1876 el barón de Cortes publicó Recuerdos de caza: apuntes de cartera, bosquejos, descripciones, chascarrillos, peripecias, emociones, jactancias y consejos trasladados a la ligera, de la memoria al papel . En esta obra describió algunos episodios cinegéticos acaecidos durante los últimos años del reinado de Isabel II.  Para el autor, unas jornadas de caza que estuviesen en gloria, con veinticinco o treinta cazadores, necesitaban los siguientes efectivos: entre treinta y cuarenta “escopetas negras” o cazadores de oficio, otros tantos ojeadores, suficientes perreros para las rehalas, leñadores para suministrar combustible a cocinas y lumbres, cocineros de estado con sus correspondientes pinches y galopines, rancheros para preparar las migas y cochifritos del personal subalterno, un hombre ducho en coser las mataduras de los perros,  varios constructores de chozos, arrieros -encargados de suministrar cada día víveres frescos- mozos de cuadra para acémilas y caballerías y, po...

MÁS NOTICIAS SOBRE LOBOS EN POZOBLANCO (1625)

Pasado el día de San Marcos, el 26 de abril de 1625, el concejo de Pozoblanco libró distintas sumas destinadas a aquellos vecinos que habían cazado lobos y zorros. Como ya he indicado en alguna ocasión, estos fondos procedían de un repartimiento que se realizaba anualmente y de manera expresa para tal fin. En el citado año se recaudaron 10.620 maravedíes y se pagaron, algo más de lo recaudado o previsto para tales gastos. De esta suma, 7.500 maravedíes se emplearon para recompensar a los cazadores de cinco "lobos mayores", a razón de 1.500 maravedíes por cabeza. Uno de los vecinos agraciados por las gratificaciones fue el alcalde ordinario Diego Fernández Redondo. Este personaje aparece también como beneficiario por la captura de otro lobo en 1616 . Si los cazaba personalmente, por afición o necesidad, o lo hacía cualquier otro criado, mozo o pastor de su casa es algo que nunca sabremos. Se pagaron además 36 reales por dieciocho zorros, a razón de dos reales cada uno, a Juan ...

DE PERROS Y DE CAZA (1864)

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En el libro de don Pedro de Morales Prieto , Las monterías en Sierra Morena a mediados del siglo XIX, (Madrid, 1902), del que ya nos hemos ocupado en una ocasión, se da cuenta de los perros que tomaron parte en unas jornadas de caza que tuvieron lugar en el otoño de 1864.  Se describen también algunos rasgos de las realas de aquellos tiempos y de las obligaciones de los podenqueros. El autor considera al podenco, de manera indiscutible, "el perro predilecto para la caza de reses en Sierra Morena". Afirma que era habitual su crianza cruzándolos con mastines, alanos y "buldoks".  Recuerda al general Serrano, duque de la Torre, cuando llevó a Arjona una collera de podencos finos de las Baleares llamados Hachón y Mola "que dejaron en las monterías [...] más allá de su justa fama y fueron la base de la excelente raza que aún se conserva en el pueblo, aunque muy cruzada". El autor refiere el caso de don Diego Manuel de Alférez, un mayorazgo de Arjona  que ...

LOS LOBOS DE POZOBLANCO EN 1614

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En las cuentas del concejo de Pozoblanco, en Sierra Morena y en el Reino de Córdoba, correspondientes al año 1614, según consta en su Archivo Municipal, se registran unos libramientos por valor de 8.112 maravedíes destinados al pago "de personas que an matado lobos y zorras". Las libranzas, tal y como aparecen en el documento consultado y en el mismo orden, fueron las siguientes: A Miguel Ruiz: 1.500 maravedíes por un lobo. A Luis Gómez: cuatro ducados por una camada de lobos. A Juan Gómez: 1.500 maravedíes por un lobo. A Diego García Redondo: 1.500 maravedíes por un lobo. A Juan Ruiz El Mozo: 1.500 maravedíes por un lobo. A Alonso Alamillo y Juan Bautista: 612 maravedíes por nueve zorras. La caza de lobos y zorros se financiaba a través de un repartimiento al que contribuían los concejos integrados en la mancomunidad de las Siete Villas del Valle de los Pedroches.

DEL MARQUÉS DE LOS VÉLEZ

Los tres Vélez  fue el último libro escrito por Gregorio Marañón . Esta obra melancólica, solemne y, me atrevería a afirmar, desengañada estudia tres generaciones de la Casa de Vélez. Fueron estos Fajardo señores de mucho mando en el Reino de Murcia desde los años bajomedievales, cuando en España se mataban unos a otros sin faltar a la cortesía y había tragedias que espantarían al mismo Shakespeare. En el libro, don Gregorio, que se sabía ya cercano a la tumba, trata con especial dedicación la personalidad de don Luis Fajardo, II marqués de los Vélez. Fue hijo de don Pedro Fajardo y de doña Mencía de la Cueva y Toledo, nieto, por tanto, de los duques de Alburquerque . No le faltaban antepasados esclarecidos, desde luego. Don Luis Fajardo, nacido hacia 1508 y hombre de guerra, sirvió a Carlos V y a Felipe II. En su juventud se jugó la vida, a cuerpo gentil, frente a los piratas berberiscos que, aún siendo gente de cuidado, le cogieron miedo pues lo conocían como "El ...

EUGENIA DE MONTIJO VA DE CAZA

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Doña Eugenia de Montijo   estuvo en España en el otoño de 1863. Fue a cazar a La Albufera. Todo un acontecimiento. El barón de Cortes , hombre   de campo y de mundo, estuvo allí y escribió sobre la jornada en sus Recuerdos de caza (1876) . Cortes, con el general Prim y otros, era arrendatario del cazadero. El lago estuvo cerrado a toda embarcación durante ocho días, custodiado por guardas y fusileros, para que no se ahuyentase la caza y, ante la calma existente, acudiese la mayor volatería posible. Llegado el día, cientos de coches acudieron a El Saler para ver y vitorear a la Emperatriz. La acompañaban, entre otros personajes, el embajador de Francia, la princesa Murat y los marqueses de Alcañices y Bogaraya. Desde allí partió el pailebot real -el barón de Cortes al frente- junto a un centenar de barquichuelas engalanadas con banderas de España y de Francia, tripuladas -recordaba Cortes- por gentiles valencianas "hijas del cielo y de las flores". Tal despliegue de es...

CAZADORES, PODADORES Y BUSCADORES DE PANALES

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Lo muy antiguo ha perdurado en España hasta hace poco tiempo. La obra de Moreno Castelló , en su estilo sencillo, de indiscutible amenidad, aporta valiosos datos sobre el campo y la gente de hace más de cien años en tierras de Jaén. En sus recuerdos, que se remontaban al reinado de Isabel II y a los primeros años de la Restauración, menciona a un personaje que vivía en una choza  cerca de Los Villares, en la Sierra de Jaén. Venía este hombre de familia de cazadores de oficio, es decir, de gente dedicada a cazar no por afición sino para vivir. Era un gran tirador. Fue además un reputado podador de olivos, destacando en el manejo del hacha incluso fuera de su pueblo. En la misma obra, páginas más adelante, se cita a otro cazador que contaba, además, con una prodigiosa habilidad en la poda de chopos y álamos. Para comenzar su faena, se encaramaba a la copa del primero y, desde ahí gracias al balanceo del tronco, pasaba de uno a otro, hasta acabar con el último. Sin tocar el s...

MAESTROS ARCABUCEROS

En el siglo XVI llegaron a España, por orden de Carlos V, dos armeros alemanes. Fueron quizás los primeros en  fabricar cañones en Madrid. Uno se llamaba Simón Macuarte, conocido como Simón de Hoces, y el otro, su cuñado, Pedro Maese. Aquél firmaba sus obras con dos hoces, de ahí el apellido, y el segundo -para diferenciarse- en vez de dos, colocaba tres hoces como marca. Simón tuvo dos hijos que siguieron en el oficio: Felipe y Simón, éste sirvió como artífice a Felipe III. Marcaban, por su parte, arcabuces también con dos hoces, como su padre, pero poniendo el nombre al lado. Al parecer, Simón inventó la llave de patilla. Arcabuces, carabinas y escopetas, aunque de menos calidad que los de los reyes, se difundieron entre los españoles de aquellos tiempos. Algunas veces estaban tan mal aviados que reventaban los cañones con la consiguientes desgracias y quebrantos. Servían para la guerra y la caza. También para defenderse o resolver asuntos a mano airada. A veces, apostados detrá...

NAVAS

Escribe Mariano Benavente y Barreda en su Grandeza y Miseria de la caza mayor en España (1994) que una nava es una llanura elevada y   yerma, rodeada de montañas y cerros. También se entiende por nava la tierra baja y llana. Según el citado autor la nava corresponde, con mayor frecuencia, al terreno llano entre montañas, y afirma que es término "de gran solera hispana, de origen sin duda prerrománico y que constituye el primer elemento de muchos topónimos que se refieren a fincas serranas: Navalcaballo, Navalcardo, Navalasno, Navalaborrica, Navamartina, Navalayegua". Por otra parte, el navero es el que vive en las navas o en pastos a poca altitud. Afirma Benavente y Barreda que es nombre dado, no sin cierto matiz despectivo, a esta gente por aquéllos que viven en serranías más arriscadas y cerradas.

LOBEROS

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Estos alimañeros cazaban lobos y capturaban camadas de lobeznos. Después los mostraban por cortijadas, caserías y casas de ganaderos para recibir alguna que otra recompensa. Al final, los llevaban a los ayuntamientos y recibían la correspondiente gratificación. Moreno Castelló hace constar que, en el último cuarto del XIX, se pagaban en tierras de Jaén unos diez reales por cada lobo abatido. Una vez librado el dinero, se cortaba una oreja del animal para evitar que se volviese a presentar como recién cazado. Se encuentran muchos datos, al respecto, en los archivos de Jaén. Cuando los lobos campaban por los montes concejiles, villas y lugares de sierra.  Matabegid, La Pandera, Valdepeñas y Los Villares aparecen citados con especial frecuencia. Precisamente Moreno Castelló menciona este último pueblo, Los Villares, donde vivía, un hombre dedicado a cazar lobos. Detectaba sus guaridas por el olor y por los pelos que los animales dejaban. Para capturar los lobeznos, en ocasione...

ÁGUILA EN RIOCUCHILLO

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En el diario La Iberia  de 15 de septiembre de 1889 se publicó la siguiente noticia: "En Riocuchillo (Jaén) un cazador mató hace pocos días una magnífica águila que mide tres metros de extremo a extremo de las alas, con la particularidad de tener el pico cortado por la mitad de la parte superior, sin duda de algún balazo que le dieron hace mucho tiempo". Para mayor información del público se indica en la noticia que el cazador vendió el ejemplar por quince pesetas "á un aficionado, que la ha mandado disecar".

PELIGROS DE LA CAZA

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Víctor de la Serna, en su Nuevo viaje de España. La ruta de los foramontanos (1955), menciona un suceso, acaecido hacía ya muchos años, que tuvo por protagonista al cura de Ricabo. Éste se encajó en la montera dos cuernos de rebeco - más o menos como los que podemos ver en la ilustración- para que se le pusiera a tiro a un animal de la naturaleza citada. No fue un recurso prudente pues "atrajo, en cambio, un postazo que le sacudió un vecino tomándole por un rebeco de verdad". Victor de la Serna asociaba este ardid, planeado por el honrado clérigo, con la antiquísima costumbre que tenían  los jinetes germánicos, los celtas o los normandos, de coronar sus yelmos con cuernos y alas. Es posible. La caza siempre tiene sus riesgos, por eso de ir de acá para allá con escopetas y morrales, al arrimo de despeñaderos y entre las espesuras de los jarales. Los verdaderos aficionados atestiguarán que vale la pena pasar todo tipo de penalidades para ejercer tan viejo y noble ejercicio....

ARRIEROS, VARAS Y AMULETOS

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Moreno Castelló en sus recuerdos de cazador, durante los años de la Restauración, describe a dos arrieros que formaban parte de una expedición cinegética en Sierra Morena, en el término de Andújar: "atendían a todos y llevaban unas veces en la mano y otras sujetas entre el cinto de cuero y la faja, sendas varas, con las que de vez en cuando castigaban al burro descuidado". El arriero, que llevaba los equipajes del autor, puso sobre la albarda un par de mantas - la eterna manta de los españoles antiguos- y una zalea, ciñendo todo el aparejo con un cordelillo.  La caballería iba sin jáquima, con un cordel ajustado al cuello del que colgaban "unos cuernecillos y diges, que he visto mucho en las arrierías y que supongo que usan como higas, amuletos ó medios de preservar a los animales que los llevan, de todo mal". Así es. Estos amuletos los ha visto también el que esto escribe, en los mulos, burros y demás ganado asnal del término de Jaén. Hasta bien entrados los añ...

NOCHE DE PERROS Y MALA JORNADA

Ahora que comienza la temporada de caza es buen momento para recordar a don José Moreno Castelló, profesor y silvelista, hombre elegante. En sus escritos sobre caza, a finales del siglo XIX, describió las penalidades pasadas en un cortijuelo, cerca del Guadiana Menor, en la provincia de Jaén.  El relato tiene mucho sentido del humor y no carece de interés etnográfico pues refiere algunos detalles sobre formas de vida del pasado y la pobreza existente en los medios rurales. Don José se desplazó allí con otro cazador, también cuquillero,  con la esperanza de, al día siguiente, cazar la perdiz con reclamo. Vivían en el cortijillo, que les iba a servir de alojamiento, dos hermanos solteros y de pocas palabras. La única pieza habitable era la cocina que se hallaba a la entrada. A cada lado de la lumbre había dos poyos, para sentarse o dormir, con apenas un par de metros de longitud. El combustible para la lumbre consistía en boñigas de reses vacunas y granzones. El alumbrado se lim...

GALGOS Y CARNEROS DEL DUQUE DE OSUNA

Lo cuenta Antonio Marichalar, marqués de Montesa, en su Riesgo y ventura del duque de Osuna (1930) .  En octubre de 1856 el zar Alejandro envió dos cartas a Isabel II por las que le daba cuenta de su acceso al trono. Se designó al duque de Osuna para que llevase la respuesta de la Reina a Rusia. Esta expedición fue legendaria por la ostentación demostrada por el aristócrata en regalos y gratificaciones. Su generosidad, principesca, alcanzó cotas fabulosas y extravagantes. En su camino al Imperio Ruso, acompañado por don Juan Valera, presentó el Duque sus respetos al Rey de Prusia que manifestó un marcado interés, entre otras cuestiones, por los carneros merinos de España. No eran ya los tiempos gloriosos de la Mesta pero la fama de los vellones ibéricos no se había olvidado. Se dice que el Duque, considerando insuficiente cualquier descripción verbal, mandó que se enviasen desde España unos pastores, un rebaño de reses merinas y sus correspondientes mastines. Aficionado a estos ges...

CUESTIONES DE CAZA MENOR

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DON GREGORIO DE TAPIA Y SALCEDO no quitaba importancia a la caza de la liebre pues "su ligereza y astucia es tanta, que empeña el corage a los cavalleros y cavallos, y perros en su seguimiento". Tal ejercicio cinegético tenía sus riesgos "particularmente cuando es por viñas" por las posibles caídas. Es caza, dice don Gregorio, que se hace con galgos, considerados "animales ligeríssimos sobre los demás deste genero" además "divierte infinito, y hace al cavallero muy firme en la silla, y atrevido".  No desdeñaba la realeza la caza menor pues Doña Margarita de Austria, reina de España, era muy aficionada a salir al campo con ballesta y "tiraba con ella a pie a los conejos". Pocas veces fueron cazados con tanta gentileza y solemnidad. Para abatirlos nuestro tratadista recomendaba usar "virotes de cabeça redonda" de sauce, con plumas hasta la mitad y dos tercias de largo.

LO ARCAICO

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Lo más antiguo ha pervivido en el monte hasta hace poco tiempo. El barón de Cortes en sus   Recuerdos de caza , de 1876, nos habla de los ojeadores que, provistos de "pitos de canilla de buitre y cornetas naturales que son enormes caracolas de mar", acompañaban a las escopetas blancas y negras en viejas partidas de caza. Silbar con canillas de buitre. No sería un sonido extraño a los bisontes de Altamira.

PERROS ANTIGUOS

Leo En los montes de La Mancha (1879) de José de Navarrete algunas noticias sobre perros que vivieron en el siglo XIX. Los conoció el autor en sus jornadas cinegéticas y da cuenta de sus nombres: Como tú, el Palomo, la Gacela, el Ronquillo, el Cojo de Antequera, animal de gran valor y conocimiento, Perico, el Terrible, Herodes, Arrogante, Bolera y Careto, entre otros. Creo que los perros ya no se llaman así. Sus señas no carecen de interés, así Navarrete describe al podenco Perico como "cenceño, encerado y corbato, algo festoneado de las manos y zarco del ojo izquierdo" además de "resero y conejero tenaz; herido en un brazo y en una cadera". Herodes era "colorado, careto, rabón, gacho de una oreja, resero puro con especialidad de jabalíes". Se da el caso de que a Herodes se le arrancó un cochino que le asestó "dos cuchilladas en el brazo derecho". Debió de ser un trance comprometido. A pesar de los costurones, del pan reseco y de no conocer los...