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Mostrando las entradas etiquetadas como Linares

UNA PARTIDA CARLISTA DE JAÉN EN 1900

Estaba formada por poco más de veinte hombres. Partieron de Linares, un núcleo minero, poblado por gente procedente de mil lugares, sin tradición carlista y donde la vida podía ser muy dura. Iniciaron su aventura a las once de la noche del tres de noviembre de 1900, la víspera del santo de Don Carlos que, entonces, pasaba sus días de exilio en Venecia. Los carlistas de acción estaban inquietos. Había rumores de revuelta, de que pronto volverían a empuñar las armas. Desde finales de octubre arreció su activismo, se organizaron partidas aquí y allá, un poco a la buena de Dios, y hubo un levantamiento de cierta entidad en Santa Coloma de Gramanet y Badalona. Los más exaltados consideraban que había llegado el momento de una insurrección general en toda España.  En el antiguo Reino de Jaén, dos carlistas, el padre Sebastián Chinchilla y Francisco Pérez Moreno decidieron organizar una partida y echarse al monte una partida. Los dos vivían en Linares. El coadjutor Chinchilla, descrito co...

EL ANILLO EN LA MANO O CUANDO LOS CAMPOS ALBERGABAN MILAGROS, PRODIGIOS Y AVENTURAS

El Padre Francisco de Bilches, jesuita y rector del Colegio de San Ignacio de Baeza, escribió a mediados del siglo XVII, Santos y santuarios del Obispado de Jaén y Baeza. En esta obra leemos la vida de santa Eufemia. Defiende el autor, frente a otros estudiosos y hagiógrafos, que la Santa era natural de Cástulo, población cercana a Linares, famosa por sus minas desde muy antiguo, y no muy alejada de Baeza. Al tratar sobre la familia de la Santa, que vivió en los tiempos de las persecuciones romanas, Francisco de Bilches no puede evitar describirla con los rasgos que constituían las familias de lustre del siglo XVII. Él, cosa que a todos nos pasa, escribe como veía el mundo. Así, sus padres eran de linaje noble y cristianos “y como ellos eran, así salió la hija”. Llevaba Eufemia una vida decorosa y, sin caer en rasgos precoces de devoción, que se sepa, se dedicaba “sin hazer caudal de la abundancia de su casa […] cosas de manos por su voluntad, que no es bien que estén ociosas las señor...

EL VIAJE DE FELIPE IV Y LOS RECIOS TEMPORALES DE 1624

Con motivo de esta primavera lluviosa voy a recordar el viaje de Felipe IV a Andalucía en 1624. Un viaje real era empresa de mucha dificultad, trabajo y gasto. No era para iniciarlo a la ligera. Había muchos libramientos que contabilizar, numerosas partidas que barajar en una Real Hacienda quebrantada y unas arcas locales empeñadas y plagadas de trampas. Los concejos por donde pasaba la comitiva real tenían la obligación de aportar víveres, arreglar caminos y preparar aposentos. El dispendio era enorme y a todos estos gastos se unía la obligada organización de festejos y regocijos para honrar al Rey. Cada pueblo o ciudad festejaba su llegada como podía. Algunas demostraciones eran modestas e incluso ingenuas, como en Santisteban del Puerto donde, según Joaquín Mercado Egea, prepararon una iluminación con lamparillas y un cordel de cohetes "que venía uno y respondía otro". En Jaén, entre otros espectáculos y homenajes, hubo salvas artilleras desde el Castillo de Santa Catalin...

ARRIERÍA

Los caminos de España o el batallar de arrieros, recuas y mozos de mulas. Fue la arriería ocupación muy frecuente entre los moriscos. También eran célebres, en este útil oficio, los arrieros maragatos, de una formalidad de marca mayor en sus tratos, sin perjuicio de los de Arévalo y los de Ibros, éstos en el Reino de Jaén. Los arrieros transportaban mercancías, trajinaban con mercaderías de diversa naturaleza y llevaban, de unos sitios a otros, cargas, paquetes, equipajes, cartas, obsequios, documentos, dinero y noticias. Al igual que los carreteros tenían fama de juradores y mal hablados. Quevedo acompañó a Felipe IV en su viaje a Andalucía en 1624 y dio cuenta del trance pasado cerca de Linares cuando, empantanados y calados de arriba a abajo, "Oíanse lamentos de arrieros en pena, azotes y gritos de cocheros, maldiciones de caminante". Si se tenía la penosa obligación de viajar, pues muy pocos lo hacían por afición, era aconsejable concertar plaza con un arriero de confianz...

NOBLEZA Y TAUROMAQUIA

El ejercicio de la tauromaquia era signo de nobleza en el siglo XVII. En 1624 se tomaba información sobre la ascendencia y el linaje de don Pedro de Benavides, un hidalgo de Linares que pretendía ingresar en la Orden de Santiago. Un testigo, para acreditar la condición aristocrática del pretendiente, "dixo que sabe andar a caballo" y que lo "a bisto en fiestas lidiando toros y que ha tenido y tiene caballos y los ha tenido y le ha visto jugar cañas y alancear un toro". El regidor Benito Pimentel, afirmó que "es grande hombre de a caballo".  Don Pedro era nieto de Sancho de Benavides El Bueno, buen nombre para un abuelo de otros tiempos, y deudo del conde de Santisteban del Puerto, aquél de tan esclarecida memoria que comenzó su carrera militar con una pica al hombro. Los datos constan en el expediente de ingreso en la Orden de Santiago de don Pedro de Benavides Burman, Archivo Histórico Nacional, Ordenes Militares, Caballeros de Santiago, expediente 981.