UNA PARTIDA CARLISTA DE JAÉN EN 1900

Estaba formada por poco más de veinte hombres. Partieron de Linares, un núcleo minero, poblado por gente procedente de mil lugares, sin tradición carlista y donde la vida podía ser muy dura. Iniciaron su aventura a las once de la noche del tres de noviembre de 1900, la víspera del santo de Don Carlos que, entonces, pasaba sus días de exilio en Venecia. Los carlistas de acción estaban inquietos. Había rumores de revuelta, de que pronto volverían a empuñar las armas. Desde finales de octubre arreció su activismo, se organizaron partidas aquí y allá, un poco a la buena de Dios, y hubo un levantamiento de cierta entidad en Santa Coloma de Gramanet y Badalona. Los más exaltados consideraban que había llegado el momento de una insurrección general en toda España. 

En el antiguo Reino de Jaén, dos carlistas, el padre Sebastián Chinchilla y Francisco Pérez Moreno decidieron organizar una partida y echarse al monte una partida. Los dos vivían en Linares. El coadjutor Chinchilla, descrito como joven y simpático por los que lo conocieron, era natural de Ibros. Pérez Moreno era de más edad, natural de Huesa, también en la provincia de Jaén, de más de cincuenta años y sillero de oficio. Había sido combatiente en la tercera guerra carlista y ni había olvidado su pasado ni flaqueado en su lealtad a Don Carlos. Quizás, mientras fabricaba sillas, entre aneas y maderas modestas, echaba de menos el aire libre de los campamentos, el vivaquear en los montes, el riesgo y la vida de soldado. Reclutaron a un grupo de hombres, todos de condición modesta, mineros en su mayoría, según un informe del Gobierno Civil de Jaén. Algunos de ellos eran repatriados, con experiencia militar en las guerras de Cuba y Filipinas. ¿Qué motivos tendrían unos mineros de Linares para enrolarse en esta empresa?. Dudo que les preocupasen demasiado los pleitos dinásticos de la Casa de Borbón, los legitimismos o los fueros. Que tuviesen convicciones religiosas es más probable aunque, quizás sentían el tirón de la aventura, esa atracción, tan española entonces, por la vida libre de una partida en el monte, fuese ésta carlista, republicana o de contrabandistas. O pudo ser ese desasosiego tan propio de los desmovilizados, de los que han conocido la guerra. Respecto a los riesgos, los considerarían de poco fuste comparados con los que vivían cada día en las minas. Se dijo, también, que el padre Chinchilla les había prometido cuatro pesetas diarias. A nadie le amarga un dulce, pero por un jornal, por generoso que sea, no se mete uno en tales caballerías.

Conozco nombres y señas de los componentes de la partida:

Francisco Pérez Moreno, de 58 y sesenta años, natural de Huesa y vecino de Linares, en la provincia de Jaén, sillero de oficio, veterano de la Tercera Guerra Carlista, jefe de la partida.

Carlos Vals Gil, de 27 años, natural de Alicante, repatriado de Filipinas donde había sufrido cautiverio por los tagalos. Era el segundo jefe de la partida.

Antonio Cobos Martínez, de 24 años, natural de Linares, repatriado de Cuba o Filipinas.

Matías de la Cruz Expósito, de 23 años, natural de Linares, repatriado de Cuba o Filipinas.

Saturnino García Sánchez, de 28 años, natural de Villaverde del Guadalimar, vecino de Riópar (Albacete).

José Jiménez Moreno (o Muñoz), de 26 años, natural de Lucena (Córdoba), vecino de Linares.

Matías López Ortega, de 52 años, natural de ¿Yegen? ( Granada).

Julián Medina Maleno, de 23 años, natural de Cogollos (Granada).

Juan Ortuño Sánchez, de 20 años, natural de Jaén.

Santiago José Ravono Martínez, viudo, natural de Ayora (Valencia)

Bonificacio Pérez González, de 14 años, natural de Huesa, vecino de Linares, sillero e hijo de Francisco Pérez Moreno, jefe de la partida.

Santiago Rienda, de 23 años, natural de Granada.

Juan María Roza Montero, de 28 años, natural de Jaén, repatriado de Cuba o Filipinas.

Juan Valero Extremera, de 24 años, natural de Jaén, vecino de Linares, repatriado de Cuba o Filipinas.

Según una orden de busca y captura, Pérez Moreno era de estatura mediana, color amarillento, barba blanca afeitada, cabeza cubierta con un pañuelo atado y un sombrero redondo, gris y muy viejo, vestía chaqueta también vieja, de paño pardo y rota por las mangas, pantalón viejo de pana color pasa, camisa blanca con motas negras y zapatos viejos de becerro blanco.

 La partida salió de Linares, hacia las once de la noche del tres noviembre, camino de Ibros. Iban a pie y, para evitar sospechas, divididos en dos grupos. Hacia las tres de la madrugada, uno de éstos, formado por tres hombres que portaban unos sacos, fue descubierto por una pareja de la Guardia Civil que hacía su servicio en la carretera a la estación de Linares-Baeza. Previamente, los efectivos de la Benemérita habían sido alertados por el capitán Eduardo Entralgo que, gracias a unos confidentes, tenía conocimiento de que los carlistas tramaban algo. Los tres hombres fueron detenidos y se les intervinieron armas blancas, varios revólveres, una maquina para fabricar cartuchos así como abundante pólvora y dinamita, posiblemente procedente de alguna mina. Tras ser interrogados, confesaron que se dirigían a Ibros, donde debían contactar con un sobrino del cura Chinchilla, conocido como El Ratón y que éste les debía suministrar más armas y dinamita. Su objetivo era volar el puente de hierro de la línea férrea entre Vadollano y Vilches. Después, decían, se ocultarían en Despeñaperros y allí, en esas espesuras y riscos, esperarían que el levantamiento carlista fuese general. También, se dijo, pensaban matar al presidente de la Junta Carlista de Baeza por su negativa a apoyar el plan descrito. Los guardias civiles, Francisco Blanco López y Enrique Torres Alonso, tras poner a buen recaudo a los detenidos en un cortijo, salieron en busca del resto de la partida. La interceptaron antes de llegar a Ibros. Hubo un tiroteo y fueron reducidos y apresados trece de sus componentes. Seis carlistas, entre ellos el jefe de la partida, escaparon a fuerza de escopetazos. Se dirigieron, a continuación, a Ibros para capturar a El Ratón pero éste, advertido de lo ocurrido, consiguió escapar. Fue detenido días más tarde. Los guardias civiles condujeron a los insurrectos a Baeza. Después, por su valor y su sentido del deber, fueron condecorados con la Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco. 

Conocidos estos hechos, fue movilizada la Guardia Civil y el Batallón de Cazadores de Segorbe, acuartelado en Úbeda. También enviaron al Regimiento de Infantería de la Reina desde Córdoba a Despeñaperros para custodiar el puente de Vadollano. La autoridad militar mandó controlar el telégrafo y se sometió a censura cualquier información periodística. Hubo rumores, sin demasiado fundamento, de la existencia de otras partidas en la estación de Jódar, Sabiote e Ibros. 

Durante el seis y el siete de noviembre se produjeron registros y detenciones en distintos puntos de la provincia. El Gobernador Civil dijo que se habían tomado medidas contra un banquero, un canónigo, un beneficiado, varios párrocos y dos propietarios, aunque reconocía que no eran "carlistas de acción". Fueron cesados, por afines a la Causa, los alcaldes de Escañuela, Villarrodrigo y Santisteban del Puerto. El siete de noviembre capturaron al cura Chinchilla y a su tío El Ratón, en cuyo domicilio encontraron documentos comprometedores y unos sellos con las efigies de Carlos VII y Doña Berta de Rohan. En esas horas, detuvieron en Linares al sastre José Antonio Ruiz, carlista notorio y hombre de avanzada edad, y se registraron las casas de Matías Acosta, presidente de la Junta Carlista local, las de un maestro de primaria llamado Alaminos, las de Manuel Murdieront y las de veinte personas más cuyos nombres desconozco. En Baeza tomaron igual medida con un diputado llamado Cirujeda y en Martos con un sacerdote apellidado Páez. En Jaén registraron las de "un rico comerciante", creo que de la familia Sáenz, las de Lorenzo Sáenz Fernández - Cortina, de gran peso en el carlismo provincial así como las del banquero Félix García, Tomás Pérez Villaplana y la de un vecino llamado Moreno. Rufino Peinado y Eugenio Sánchez, personajes muy relevantes entre los carlistas, fueron detenidos. Para capturar al segundo, la fuerza pública llegó a bloquear la calle Maestra Baja, una de las principales vías urbanas de Jaén. Un registro muy sonado fue el que se produjo en el domicilio del lectoral Cristino Morrondo, hombre de muy mal carácter y con enemigos dentro del carlismo giennense. Además, se registró la casa del prior de San Bartolomé, el padre Herrera. 

Se suspendió, además, El Pueblo Católico que protestó y trató de desmarcarse de la conspiración al alegar su condición de integrista y rechazar cualquier relación con el carlismo. Igual hizo, sin negar su fidelidad a la Causa, El Libertador

<<Es falso que los carlistas de Jaén hayan hecho alijo alguno de armas, ni que trabajen con fuerzas algunas del Ejército para llevarlas a su campo [...] es falso de toda falsedad que estuvieran preparados para un golpe el diez de marzo [...] es falso que las reuniones que tenemos y excursiones que hacemos tengan otro objeto que el de trabajar legalmente por nuestros ideales y el ejercicio solaz necesario a nuestra constitución física>>

Por fuerza, tal situación tuvo que ser funesta para el carlismo giennense. 

Durante esos días de noviembre la prensa dio cuenta de la detención del jefe de la partida, Francisco Pérez Moreno, oculto en una casa de la calle Jaén, en Linares. Sin embargo, un año después de los sucesos descritos, la Justicia Militar todavía lo buscaba  y se publicaron sus señas y descripción. También eran reclamados su hijo, Bonifacio Pérez González, Saturnino García Sánchez, José Jiménez Moreno, Julián Medina Maleno y Félix Valero Extremera.

__________________

*Sobre el carlismo giennense a finales del XIX, se puede consultar mi artículo en

https://www.sendadeloshuertos.com/mediapool/135/1355481/data/senda_pdf/71-72-senda_.pdf

Comentarios