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EL CRÉDITO DE LA NACIÓN ESPAÑOLA

Antonio Fernández de Biedma, era un soldado viejo que no anteponía el don a su nombre. Su hidalguía no necesitaba de adornos ni tratamientos. Fue teniente de la alcaidía de la castillo de Jaén y mandaba la guarnición de cuarenta soldados que guardaban la fortaleza.  Tuvo dos hijos también soldados que sirvieron en los tiempos de Felipe III y Felipe IV. Uno fue don Gaspar de Biedma y Narváez, caballero veinticuatro de Jaén, capitán de arcabuceros, a las órdenes de don Antonio de Mendoza y Salazar, combatiente en numerosas jornadas y hechos de armas, entre los que podemos recordar la toma de La Mamora, la Jornada de la Reina de Hungría y la defensa de Cádiz, frente a los ingleses en 1625. Murió, como bueno que era, en el sitio de Casal. Su hermano, don Gabriel de Biedma y Narváez, sirvió en Flandes entre 1624 y 1632. Estuvo en la toma de Breda, de manera que bien pudo ser uno de los soldados inmortalizados por Velázquez. También se batió -y transcribo los nombres como los leí en un ...

LA POBRE MUERTE DE DON JUAN DE AUSTRIA

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"Al anochecer del martes 16 de septiembre de 1578, sintió repentinamente don Juan de Austria intenso frío de calentura y un como desabrigamiento general de todos sus miembros". Estaba en el campo de Tirlemant, después de la jornada de Malinas. Temieron unos que fuese la peste, que señoreaba en el campo protestante, y otros el veneno. Supo Don Juan que se moría y mandó que lo llevasen a un fuerte, a una legua de distancia, que entonces construía Gabrio Cervelloni. Quiso que su traslado no fuese conocido por sus soldados para que no cundiera entre ellos, tan fuertes siempre, ni la melancolía ni el desánimo. Prepararon en el fuerte un palomar que servía de alojamiento a don Bernardino de Zúñiga, capitán de Infantería. Lo limpiaron, mandaron colgar lumbreras y damasquillos y rociaron todo con agua de olor. Después subieron por una escalera de palo a Don Juan que en tantos palacios había vivido. Su confesor fray Francisco de Orantes escribiría después a Felipe II: "Murió en ...

ARCANOS DE LA MECÁNICA Y DEL TIEMPO

Los relojes mecánicos fueron, en opinión de Ernst Jünger un invento más revolucionario que la pólvora, la imprenta o la máquina de vapor. Crearon el tiempo artificial o abstracto en contraposición al vivido de acuerdo con las estaciones y los trabajos del campo. No sin lentitud, los relojes se impusieron de forma inexorable en la vida cotidiana.  Don Manuel del Río, autor de la obra Arte de reloxes de ruedas, para torre, sala, y faltriquera, ya en el siglo XVIII, afirmaba: "España está llena de reloxes". Aunque estaba todavía marcado por lo sagrado, las horas canónicas, el santoral y el año litúrgico, la secularización del tiempo había dado su primer paso. Pero, claro está, los relojes eran máquinas complicadas. Se desajustaban, se descomponían y se rompían con frecuencia. Tras estas contrariedades estaba la mano inexperta de los sacristanes o el simple uso diario. A veces se recurría, para su reparación, a arcabuceros y cerrajeros, expertos en mecanismos de cierta comple...