Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como desastres

EL AÑO DEL DILUVIO

1 626 fue llamado el Año del Diluvio por sus lluvias furiosas. En Sevilla se padecieron muchas desgracias y grandes desastres. Los temporales comenzaron el 17 de enero, al día siguiente de san Antonio Abad,  y no pararon hasta el 20 de febrero. El 24 de enero, a las doce de la noche, se desbordó el Guadalquivir.  Causaba espanto el rugido del agua y del viento. Desde los barcos, avisaban a los vecinos para que, con premura, subieran a las estancias altas de las casas si tenían en algo la vida. Los que escapaban –decía Rodrigo Caro-  gritaban: “¡Que se aniega la ciudad! ¡que se aniega la ciudad!”.  Un comentarista anónimo escribió que era “tan grande [el] estruendo y [el] ruido, que parecía que era el Diluvio general, y que era la fin del mundo”. Desde embarcaciones socorrían a los que estaban en mayor peligro. Hubo muchos actos de valor pero también infamias y pillaje. Se tocaban las campanas sin pausa y “en la oscuridad y tristeza de la noche, todo junto formaba un ...

LA NAVIDAD DE 1750 Y EL TRIGO DEL MAR

Imagen
El año pasado publicamos en Retablo de la Vida Antigua unas líneas sobre   los villancicos   compuestos por don Juan Manuel de la Puente para los seises de la Catedral de Jaén en 1750. Se cantaron en los maitines del día de Navidad de dicho año. Eran tiempos calamitosos pero no faltó, en esa mañana navideña, el sentido del humor, a pesar del mal gobierno de las tripas y de las parcas cenas de la víspera. Como recordarán mis minoritarios y selectos lectores, los cantores soñaban con panecillos y hogazas, al tiempo que hacían una abierta declaración, sin melindre alguno, del hambre que tenían.  Dentro de la más festiva tradición católica, alternaron en los maitines lo sacro y lo temporal, lo espiritual y lo mundano, la tradición piadosa y la preocupación por los males del Reino.También, y es lo que vamos a tratar en esta ocasión, se lamentaban los seises de la mala calidad del cereal que, en situaciones de extrema necesidad, se mandaba traer de Sicilia, del norte de...

SIN TOROS Y CON TEMPORAL

El 10 de mayo de 1754 Fernando VI prohibió los espectáculos taurinos. Así lo dispuso una Real Orden firmada por el Presidente del Consejo de Castilla, don Diego de Rojas y Contreras, obispo de Cartagena. No hubo en Sevilla más festejos hasta octubre de 1759, según consta en los Anales del marqués de Tablantes. El año de la prohibición hubo un huracán que derribó las cercas de madera de la plaza, aparte de otros desperfectos. Los años sin toros contribuyeron a deteriorar gravemente la plaza de Sevilla al pudrirse la madera de los andamios. No perdió la gente, sin embargo, la afición y supo esperar. También quedó maltrecho Fernando VI por aquellos años pues, desde septiembre de 1758, cayó cautivo de melancolías y extravagancias. Tomo el dato de Ricardo de Rojas y Solís, marqués de Tablantes y conde del Sacro Imperio, Anales de la plaza de toros de Sevilla (1730-1835), 1917

GANAPANES

1649 fue año de peste. Leo una relación anónima de las calamidades padecidas en Sevilla. Junto a tantos muertos, desconsuelos y espantos, el desconocido autor dice: "vide a un abogado que auia sido juez lleuar un cuarto de carnero, i a mucha gente honrada cargada con las cosas necesarias, por que no auia de quien valerse". Así se hace constar como prueba irrefutable del desastre de los tiempos. En aquella época la gente principal, o todo aquél que se tuviese por tal, no llevaba bajo el brazo ni el más liviano paquetillo. No era sólo por comodidad, que también, sino por aparecer ante el mundo con la compostura adecuada y mostrar cierta noble ociosidad. Se podía portar, sin asombro de nadie, muleta, vara de justicia, aderezo completo de espada y daga, un misal, un memorial o, incluso, una edición de Plutarco, pero no un carrueco, una talega o un azumbre de vino nuevo sin grave demérito de la estimación general. No digamos un cuarto de carnero, da igual si acecinado o exuda...

EL TERREMOTO DE 1680 Y EL DESORDEN DE LOS TIEMPOS

La peste asolaba los pueblos desde 1679. Sin tregua alguna, el 9 de octubre hacia las seis de la mañana, día de san Dionisio Areopagita, hubo un terremoto. El párroco de San Lorenzo, don Antonio de Ulloa Salto, escribió tiempo después en un libro de bautismos: "Un temblor de los maiores que se han visto, aviendo sucedido antes unas plubias horribles y truenos espantosos los quales duraron continuamente un mes y cayeron piedras el dia diez y ocho de septiembre de este año, como güebos gordos de gallina. Fue año esteril por no aber llovido desde enero, no llobio principios de maio. Y el mes de diziembre de este año despues de cogida la cosecha de la fruta volvieron a florecer los arboles frutales y por henero de ochenta y uno avia manzanas y a fin de este año se vio un tremendo cometa como lo certifico aver vistoy firme". El terremoto podía inquietar, al igual que el cometa que se consideraba señal agorera, pero más espanto debía de provocar ver los árboles por la Pascua de Nav...

SAN SEBASTIÁN Y LAS PESTES DE ANTAÑO

La devoción a san Sebastián está relacionada con el miedo a la peste. No es el único santo protector contra este mal pues también podemos recordar ,por su especial protección contra los contagios, a san Roque y a san Nicasio. Prueban este hecho las numerosas ermitas dedicadas a estos santos como consecuencia de votos solemnemente pronunciados. El agradecimiento por el final de una epidemia o el curarse en salud, sin ser incompatibles ambos fines, movian tales promesas. La ciencia médica casi nada podía hacer. Pobre arbitrio era quemar hierbas aromáticas en las plazas para purificar el aire. Mejor mirar al cielo en busca de remedios divinos pues de los humanos poco se podía esperar. En el verano de 1599 llegaron a Jaén noticias de la existencia de casos de peste en Córdoba. El Cabildo municipal decidió cerrar todas las puertas de la ciudad excepto dos, la Puerta Barrera y la Puerta de Granada. Se mandó avisar a los mesones situados fuera de las murallas "que quiten las tablillas y...