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Mostrando las entradas etiquetadas como Justicia

VAGABUNDOS A GALERAS

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En las sociedades tradicionales, los vagabundos daban miedo. Los pobres que había en las ciudades o pueblos de cada uno se socorrían o se aguantaban porque así lo mandaban la Iglesia y las obligaciones de vecindad, pero otra cosa eran los vagabundos, gentes errantes, desconocidas y desarraigadas. Georges Lefebvre estudió este asunto en su obra El gran miedo de 1789. A los vagabundos -desgraciados, raros y, algunos de ellos, peligrosos- se les expulsaba de las ciudades y pueblos. Muchos se morían por los caminos o, si tenían suerte, recogidos en algún hospital. Se dictaban bandos en los concejos por los que se les ordenaba salir de los límites municipales en un determinado plazo. A los remisos y desobedientes  las justicias locales les mandaban dar decenas de palos, suministrados por el verdugo local. Conozco algún que otro caso de esta naturaleza, ocurrido en Jaén, en la primera mitad del siglo XVII del que escribiré llegado el momento. En algunos casos las penas en las que in...

EL AGUINALDO DE LOS INQUISIDORES

Decían que eran largos e inciertos pero los pleitos contribuían a animar los lentos días del Antiguo Régimen. Los que vivían en aquellos tiempos los iniciaban y, con mucha probabilidad, no veían en este mundo su desenlace pero eso era lo de menos. Lo mismo que se legaban títulos, mayorazgos y censos, también se heredaban, con absoluta naturalidad, pleitos. No había institución notable o familia medianamente rancia que no contase con un nutrido historial de litigios resueltos y de otros por resolver o iniciar. En las tardes de invierno, junto al brasero, se urdían posibles recursos, poderes y alegaciones, se urdían estratategias y se recordaban victorias sobre primos ambiciosos o, también, se rumiaban derrotas nunca atribuidas a la falta de razón sino a las intrigas y desidias de solicitadores y escribanos.   Uno de estos pleitos fue el mantenido por el Tribunal del Santo Oficio de Córdoba contra el Deán y Cabildo Catedralicio de Jaén. Según la Inquisición, diferentes bulas y ...

GESTOS, SEÑALES Y MALOS RATOS (1673)

Cada época tiene sus códigos. En el siglo XVII, a pesar de las visitas a escribanos y los papeles formales, ciertos gestos y señales tenían todavía un gran valor y obligaban más que una escritura. Mencionaré un ejemplo de los muchos que se pueden encontrar en los archivos. En 1673, Pedro de Campos, un apesadumbrado vecino de Torredelcampo, de la jurisdicción de Jaén, tenía ciertas diferencias con Diego Pancorbo "en raçon de haverle faltado de su cortixo once marranos". No dice más al respecto. La punta de ganado en cuestión no era poca cosa, tenía su valor en el mercado y podía, bien elaborados y administrados sus productos, aportar un año de abundancia y alegría a varias familias de cristianos viejos. El mal rato del ganadero tuvo que ser antológico y al enterarse de la ausencia de los cochinos denunció lo ocurrido ante la Justicia. Pasados los días, algo más apaciguado y seguramente convencido por amigos y parientes, Campos reconsideró su decisión y decidió perdonar a Panco...

LA FUGA DE DOS BANDOLEROS (1766)

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                                                 (Casas del Cabildo de Baños de la Encina, Fotografía de Diego Muñoz-Cobo.) No es cuento, Sierra Morena era un lugar muy peligroso hasta la fundación de la Guardia Civil, la construcción del ferrocarril y la difusión del telégrafo. La causa era el bandolerismo. Frente a interpretaciones románticas y supuestas justificaciones sociológicas o económicas, la actuación impune de partidas de ladrones en los montes españoles, no sólo en Sierra Morena, supuso la comisión de crímenes horrendos, robos, secuestros y demás desmanes. También, por supuesto, un serio obstáculo al comercio, las comunicaciones y una pérdida incalculable de ingresos para la Real Hacienda como consecuencia del contrabando. La tolerancia y la complicidad, de buen grado o forzada, del paisanaje y de las autoridades locales originaron que en comarcas...

LECTURAS DE CLASE MEDIA

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Don Felix Manuel Martínez vivió en los felices días del reinado de Carlos III. Su ocupación era la de oficial mayor de la Notaría Eclesiástica de Jaén. Estaba casado con doña Isabel Juana Cantero. No es aventurado presumir que llevaron una vida comedida y, como podremos deducir por lo que indicaremos más adelante, cristiana. Él dedicado a sus expedientes, a ir y venir al Obispado, al trato con clérigos graves y juiciosos. Ella, en la decorosa vida de una mujer de su condición, ni popular ni aristocrática. Nada más sabemos de ellos salvo los títulos de sus libros. Tenían una biblioteca modestísima, de una docena de volúmenes o poco más. En aquellos tiempos los lectores no tenían muchos libros pero, en cambio, los leían muchas veces. Inventariaron los libros y fueron tasados en 106 reales. Don Felix Manuel era propietario de ocho, algunos de gran utilidad para su ejercicio profesional. Se mencionan: "un libro de Sigüenza de claúsulas", "uno de a folio, vida de San Borxa...

EL OTRO SIGLO XVIII

El campo no era lugar seguro en el siglo XVIII. Es evidente que los casos de asaltos, contrabando y bandolerismo marcaron el tono de la vida en caminos y despoblados. La inexistencia de unas fuerzas de seguridad profesionales y dependientes de la Corona, las imperfecciones de las leyes reales y de los mecanismos procesales, además del miedo -o la tolerancia en algunos casos- de caciques, regidores, alcaldes y escribanos perpetuaron esta situación. Éste panorama tardó mucho en cambiar. Fueron necesarias la consolidación del Estado liberal, la fundación de la Guardia Civil y la adopción del telégrafo. Y, con todo, costó mucho. Los crímenes, en general, fueron muy frecuentes en la España rural de tiempos pasados. Otra cuestión es la imagen idealizada que, tantas veces, se tiene del pasado. No fue sólo un siglo de ilustrados y gabinetes. Hubo un XVIII bronco y peligroso. Escribo al respecto, y sirva de muestra, sobre algunos...

DEL CALABOZO AL RUEDO

En 1817, el marqués de Las Hormazas, Hermano Mayor de los Reales Hospitales de Madrid, solicitaba a la Sala de Alcaldes que permitiese salir de la cárcel a Mariano Martínez  Picharrache , reputado banderillero, para su participación en unos festejos organizados por tan beneméritos establecimientos. Desconozco la causa por la que Picharrache estaba encarcelado aunque sospecho que era por algún ruido, como se decía entonces, o pelea. Cuando uno se llama así, la verdad, la suerte está echada. Se justificaba la petición por el beneficio general que supondría "conciliar la diversión de este público en la permisión de la salida de la Cárcel [...] y con la menor ofensa de la parte agraviada". También resultaban favorecidas, naturalmente, las arcas de los hospitales de la Villa y Corte. Por supuesto, el Marqués garantizaba que, " después de concluido su exercicio en esta noche", Picharrache volvería a la sombra conducido por un criado suyo que, sin la menor duda, debía de ...

EL CHATO DE JAÉN O UN GÁNSTER DEL 98

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Antonio José de la Cruz Expósito,  El Chato de Jaén*, f ue un personaje de cierta relevancia en la mala vida de finales del siglo XIX e inicios del XX.   No era un ratero más o menos desgraciado, ni un bandido de los que se tiraban a los caminos- aunque estuvo un tiempo huido en Sierra Morena, como mandan los cánones- sino un gánster, en el sentido más amplio de la palabra. Nació hacia 1868, en Jaén. Era un hombre delgado, ágil y de expresión dura. Lucía un bigote de notable tamaño. Hasta cierto punto y dentro de sus criterios, era refinado. Calzaba zapatillas de terciopelo negro en su casa, llevaba varias sortijas en los dedos y trataba de vestir como un señorito. Vivió en Madrid en la Cuesta de las Descargas, cerca de la Ronda de Segovia y de La Latina, con su querida, María de la Sierra -conocida también como Araceli o como Marcelina Asensio, si es que es la misma- y dos hijos pequeños. Lo de los cambios de nombres era habitual en su mundo. El Chato de Jaén...

EL LETRADO EN SU ORATORIO

Siempre asociamos la religiosidad barroca con escenarios públicos, urbanos y fastuosos. Las formas externas de la vida religiosa, sin embargo, convivían con otras devociones y prácticas piadosas caracterizadas por la introspección y el rigorismo. Bien puede servirnos, para fundamentar lo expuesto, lo recogido en la hagiografía de la Venerable Gabriela de San José, una carmelita descalza nacida en Granada en 1628*. Su padre, don Juan Correa de Tapia, era abogado de los Reales Consejos y ejercía en la Real Chancillería. Hombre de ánimo sombrío, sólo abandonaba sus alegatos y dictámenes, para rezar el Rosario y recogerse en “la soledad del Oratorio”. En su casa se “frequentaban mucho los Santos Sacramentos, siguiendo su exemplo los hijos, y criados” además de "tener dos horas de oración mental todos los días, una a la mañana, y otra a la tarde, junta en el oratorio toda la familia”. La Venerable Gabriela de San José comenzó desde los ocho años a cumplir los más ásperos  ayu...

MADRASTRAS, CRIADAS Y ENVENENADORAS

El miedo a las envenenadoras se nutría de hechos reales, rumores, supersticiones e infundios. Era un sentimiento probablemente atávico, muy arraigado en las mentalidades de ayer y no carente de una carga misógina. Puedo citar un caso, del desgraciado año de 1640, recogido en protocolos notariales giennenses. Nos da noticia de una mujer llamada Leonor González, presa en la Cárcel Real de Jaén por "la muerte de doña Francisca de Mondragón procedida de un bebediço". El envenenamiento -si se produjo- pudo ser ocasionado con la peor de las intenciones o involuntariamente, como consecuencia de algún remedio - de inciertos ingredientes - para atajar dolencias del cuerpo o del espíritu, combatir el mal de ojo u otro tipo de achaque. Los procesos contra brujas y hechiceras, llevados a cabo por tribunales eclesiásticos y, en particular, por el Santo Oficio, recogían la existencia de brebajes, filtros, polvos y otras mixturas de presuntas virtudes medicinales o mágicas. En el XIX, el e...

USUREROS

En los siglos XVI y XVII, dentro de la tradición aristotélica y tomista, se consideraba inmoral e ilícita la percepción de intereses derivados de los préstamos de dinero . No faltaron, sin embargo, casos de evidente comprensión o de abierta aceptación de esta práctica, ineludible dentro de la propia evolución de los hechos económicos. Es el caso, entre otros posibles, de Domingo de Soto, perteneciente a la Escuela de Salamanca. La persecución de las prácticas usurarias por las jurisdicciones real y eclesiástica fue, en cualquier caso, tan real como estéril. Los préstamos se realizaban entre particulares sin mayores inconvenientes. Estas transacciones se realizaban ante los escribanos públicos como supuestos actos de buena fe, de ayuda desinteresada, más que como negocios. La ausencia de un sistema financiero, el elevado riesgo de no recuperar lo prestado y los pocos escrúpulos de los prestamistas originaban tipos de interés muy altos. Los deudores eran, normalmente, personas de modes...

ROPA DE GALEOTES

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El triste atavío de los condenados a galeras constaba, según se recoge en Guzmán de Alfarache , de dos camisas, dos pares de calzones de lienzo, una almilla colorada, un capote de jerga y un bonete colorado. Una almilla era un jubón de abrigo, con mangas y ajustado al cuerpo. Sobre esta prenda iba el capote. A todos, antes de amarrarlos al banco, se les rapaba la barba y la cabeza como remedio -ineficaz- contra piojos, pulgas y otros insectos que poblaban esos tristes paraderos. Por su buena relación con el cómitre, el personaje de Mateo Alemán pudo mejorar su estampa con "un vestidillo a uso de forzado viejo, calzón y almilla de lienzo negro ribeteado, que por ser verano era más fresco y a propósito". Esto le permitiría al pícaro mejorar su estado de ánimo y, de paso, agudizar su ingenio para salir de tan complicado destino. La buena presencia siempre ayuda en cualquier trance. Para resguardar, de mala manera, a los forzados del sol y de la lluvia, se cubrían los bancos c...

INDULTOS POR LA PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR

En La España del Antiguo Régimen existía la tradición de indultar a determinados reos en Viernes Santo.  Según Tomás y Valiente, estas medidas de gracia no eran aplicables a los condenados por delitos considerados especialmente graves: lesa Majestad -divina y humana-, contrabando, homicidios alevosos y sacrílegos, incendios, pecado nefando, cohecho, hurto, incendios, blasfemia, malversación de fondos públicos, resistencia a la Justicia y desafíos. Con todo, es dudoso que tales limitaciones se cumpliesen de manera rigurosa. El indulto sólo tendría efecto si los reos eran previamente perdonados, de forma expresa, por las víctimas o la parte ofendida.  Era una práctica frecuente en los casos de muertes violentas, lesiones y delitos contra el honor y la honestidad, pues se concedían perdones, entre particulares, a cambio de dinero o bajo ciertas condiciones. Por una disposición de Juan II el número de beneficiados por el indulto del Viernes Santo no podía superar la veintena por a...

EL MALTÉS DE MADRID

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Es el título de un romance de ciego -un pliego de cordel- en el que se narra la siniestra experiencia vivida por un maltés en la Corte. Debía de ir bien provisto de dinero pues los de su nación solían dedicarse a los tratos y negocios en la España de los siglos XVIII y XIX. Los hechos tuvieron lugar un Jueves Santo, en un año indeterminado, y fueron los siguientes: una falsa dama, con astucias y engaños, condujo a nuestro personaje  -caballerete elegante y no mal intencionado- a su casa. Decía que iba a invitarlo a bizcochos y agua. El maltés quizás imaginando una aventura galante o, simplemente, por agradar, aceptó el agasajo. La frugalidad de la colación se debía a que tal día era de ayuno obligado. El objetivo de la perversa anfitriona era, una vez en su casa, robar y asesinar a nuestro personaje. Éste se olió el asunto cuando, al entrar en la infame residencia, vio en la sala tres embozados de muy mal aspecto. Mal panorama se presentaba. No era para menos. Consiguió salvars...

TABACO Y OCTAVILLAS EN 1780

Las disposiciones contrarias a los fumadores no son nuevas. Desde las relacionadas con el pernicioso efecto del tabaco para la salud, pasando por las dudas existentes sobre si el tabaco rompía el ayuno o de si se podía consumir dentro de los templos. Ya hemos tratado este asunto en otras ocasiones , siempre con los acertadísimos comentarios de los ilustrados lectores que, con tanta paciencia como indulgencia, frecuentan este cuadernillo sobre los españoles antiguos. El tabaco, además, siempre ha tenido una especial relación con el fisco. En la España de los siglos XVII y XVIII no era barato y su venta estaba controlada por la Real Hacienda. Los estancos actuales son, por tanto, cosa ya antigua conocida por los tatarabuelos de nuestros abuelos y desde antes todavía. Este control estatal era burlado por los contrabandistas que, a mayor o menor escala, daban esquinazo a recaudadores y guardas, carabina en ristre, para introducir en el mercado el tabaco y otros productos de distinta natura...