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Mostrando las entradas etiquetadas como Compañía de Jesús

COMER Y DORMIR CON ORDEN Y CONCIERTO (SEGÚN SAN IGNACIO DE LOYOLA)

San Ignacio de Loyola pensaba, con lógica de soldado, que para servir bien había que contar con buena salud. Estaba el Santo en Roma cuando escribió al padre Miguel Ochoa, un jesuita al que no dejaban vivir por su gracia para sanar a los enfermos. Le daba cuenta a san Ignacio de cómo acudían a él los dolientes "que habían dependidos no pocos dineros con los médicos", eran curados "sin pagar blanca" y era tanta "la turba que viene, que no le podría decir". Al parecer sanaba con la imposición de manos. De ello daba fe nada menos que el Padre Polanco, hombre de mucho mando y fama en la Compañía. De manera paradójica, el jesuita taumaturgo no tenía buena salud. Decidió san Ignacio velar por él y lo mandó a Tívoli para que reparase fuerzas. También le dio unas recomendaciones para conseguirlo. Son muy sensatas: comer bien, dormir lo suficiente y, sobre todo, con orden y concierto. También en esto se descubre al militar pues uno nunca deja de ser el que fue algú...

JESUITAS, MISAS Y PRESOS (1760)

Entre las muchas obligaciones asumidas por la Compañía de Jesús estaba la de visitar y asistir a los presos. Es, en este caso, obligado recordar la abnegada trayectoria del padre Pedro de León en la opulenta y peligrosa Sevilla de los siglos XVI y XVII. Hombre abnegado y de gran fortaleza, acompañó al patíbulo a más de trescientos condenados. Otra muestra de esta labor, aunque más modesta, fue la realizada por los padres de la Compañía de Jesús en Jaén. En enero de 1760* unos jesuitas se presentaron ante el Cabildo municipal de Jaén para dar cuenta, ante los caballeros veinticuatro, del abandono que sufrían los presos de la Cárcel Real. Así, afirmaron que los encarcelados:   “se quedan sin misas los domingos y otros días de fiesta, por falta de las limosnas y caudal, en gran perjuicio de sus conciencias y deseando con la obligación que tiene [el Cabildo] procurar buscarles su alivio, acuda a la protección, y aunque de Vuestra Señoría se suplica sea servido, se obligue dar algu...

PRINCESA TAN RECOGIDA Y TAN RELIGIOSA

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Escribió el padre Pedro de Rivadeneira que Arturo de Inglaterra entregó su alma a Dios, cuando frisaba los dieciséis años, por una "calentura lenta". Quedó Catalina de Aragón viuda y allí, en esas islas, volvió a casar con Enrique VIII, hermano del muerto. Rivadeneira, que vivió entre ingleses, hizo un retrato admirable -con sutilezas de jesuita- de Catalina y desentrañó, con fría precisión, las consecuencias de un matrimonio entre personas de "costumbres desemejantes". Fue Catalina de Aragón una mujer inteligente, sensata y virtuosa. Muy consciente de su dignidad real. No era para menos: sobre las espaldas de su Casa -con el recuerdo de la hermana loca y el hermano malogrado en su mocedad- se cargaba un imperio en ciernes, el vivido milagro de la España que veía morirse la Edad Media y alumbrar nuestro gran siglo XVI. Otro era el aire de Enrique VIII, descrito como "mozo brioso, dado a pasatiempos, liviandades y de las mismas criadas de la Reina tenía d...

BARAJAS, TABLAJES Y CASAS DE CONVERSACIÓN

La afición al juego era general en la España de los Austrias. Gentes principales, medianas y menudas, -convocadas alrededor de la baraja- dejaban pasar horas y jornadas. Los naipes malograban reputaciones, caudales y almas. El juego era condenado, con todo rigor, desde púlpitos y confesionarios. Los más preocupados por los males de la Monarquía denunciaban sus perniciosas consecuencias sobre aquellos menestrales y oficiales que, descarriados de sus obligaciones, frecuentaban tablajes y garitos. Tampoco eran edificantes las casas de conversación -escuela de partidas, rifas, faroles y apuestas- a las que acudía la nobleza. Si los lectores de Retablo de la Vida Antigua lo consideran prudente y oportuno pueden leer lo que, sobre este asunto, escribo en Neupic .

LA EDAD Y LA GENTE DEL SIGLO XVI

 Lutero, Rabelais, Bartolomé de las Casas, san Ignacio de Loyola y santa Teresa de Jesús no recordaban con precisión su edad. No era un dato fácil conservar en la memoria ni de demasiada utilidad en la vida de una persona. A veces se conocía el año de nacimiento por su coincidencia con temporales, hambres, grandes nevadas, crecidas de ríos, plagas o epidemias. La gente recordaba, con más facilidad, el día por el santoral o por la celebración de alguna festividad grande de la Iglesia. La hora de la llegada a este valle de lágrimas era más fácil de fijar por el testimonio de la propia madre o de las personas que asistieron al parto o tuvieron noticia de éste. Pasados los sesenta años se perdía la cuenta. El teólogo Martín Pérez de Ayala, natural de Segura de la Sierra y que estuvo Trento, escribió en su autobiografía que no sabía muy bien si había nacido en 1503 o 1504 "porque en un año andaba mi madre dudosa, que no sabía determinarse". Aseguraba, sin embargo, que había sido a...

NICOLÁS DE BOBADILLA

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Fue Nicolás de Bobadilla uno de los primeros jesuitas. Siguió a san Ignacio desde la primera hora, cuando todavía no existía la Compañía de Jesús. Nació en Bobadilla del Camino en 1508 ó 1509. Era un tipo indomable y vitalista. Se contaba de él que, siendo un niño, "trepaba las más altas torres o las rocas más escarpadas para desnidar a los pájaros, a riesgo de romperse los huesos". Fue limosnero de los imperiales en la guerra contra los protestantes de la Liga de Smalkada. Había que ser valiente para ir, como si fuese cosa de poco cuidado, por aquella Europa desgarrada por las guerras de religión. En esas jornadas enfermó de peste y se curó, lo apresaron y se escapó. Por si fuera poco, un luterano le asestó un  alabardazo en la cabeza. No tuvo mayores consecuencias por la costumbre que el jesuita tenía de llevar un sombrero grueso que, como si se tratase de un castoreño, le amortiguó el golpe. Quizás aprendió a temer a la Muerte lo justo -ni más ni menos- y vio una señal...

LA EXPERIENCIA GUERRERA DE BALTASAR GRACIÁN

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Fue Baltasar Gracián capellán de soldados . No era cosa extraña entre los jesuitas de aquellos tiempos a los que, por honra a su fundador, siempre les tiraba lo militar. Evaristo Correa Calderón estudió esta vivencia del escritor. Estuvo Gracián en el socorro de Lérida en 1646, en la guerra contra Francia, cuando lo de Cataluña. En noviembre de ese año contaba en una carta lo que había vivido en esos días. Decía: "estuve exhortando los tercios así como entraban a pelear". Los soldados, vistos en peligro de muerte, querían ponerse a bien con Dios: "toda la noche confesé marchando y cuando hacíamos alto; en mi vida trabajé más". Añade: "venian a porfía por mí los maeses de campo y hubo cabo que dijo que importó tanto esto como si les hubieran añadido 4.000 hombres más". No estuvo Gracían bien recogido en la retaguardia sino en lugares de peligro, con gran riesgo de su persona: "por señas que dieron dos balas de artillería en el mismo escuadrón donde yo ...

UNA BULA CONTRA EL TABACO EN 1642

Tras la lectura de la última y espléndida entrada de Pinceladas de Historia Bejarana , he recordado la obra del jesuita Alonso de Quintadueñas dedicada a explicar una bula, concedida por Urbano VIII a petición del Deán y Cabildo de la Santa Iglesia Metropolitana de Sevilla en 1642, que trataba de prohibir el consumo de tabaco en las iglesias, patios y otras áreas dependientes de su jurisdicción. Motivó tal documento pontificio "la grave indecencia con que assi eclesiasticos, como seglares profanaban las Iglesias, Sacristias, Coros, y otros lugares sagrados con el uso del tabaco". Se tomaba por la nariz, se mascaba, se fumaba o se bebía disuelto en agua. Circulaba en el coro y habia constancia de "averse algunas veces visto a algunos tomar tabaco de humo en las Capillas de las Iglesias y aun llegar a encender el instrumento a las velas de los altares, y en estos celebrando o siendo Diaconos o subdiaconos". Se daba tambien fe de los malos hábitos de los dados al tab...

UN DEVOCIONARIO PARA CABALLEROS

El padre Remigio Vilariño, de la Compañía de Jesús, escribió El caballero cristiano , cuando ya la Restauración entraba en sus años finales. Se trata de un devocionario destinado, como indica el título, a hombres de las clases medias y altas. integrados en un universo tradicionalista o conservador. Tuvo un enorme éxito en su tiempo y se reeditó en numerosas ocasiones. Uno de sus seguidores más asiduos fue don Antonio Maura. Cuadraba muy bien esta lectura con el retorno a lo caballeresco que está en el fondo del maurismo. Entre las muchas recomendaciones que aparecen en la obra tomo varias al azar que indican bien su tono y estilo, así: "Es sumamente honroso y provechoso para el alma el ayudar a misa" y no se debe considerar oficio sólo de monaguillos "sino también de caballeros". O al tratar sobre el examen de conciencia ha de preguntarse el caballero cristiano: "¿has desafiado, has aceptado desafíos, o cooperado, asistido, intervenido en ellos". Y en...