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SERMONES Y PREDICADORES EN EL MADRID DE LA ILUSTRACIÓN

Las formas de devoción religiosa vigentes en el siglo XVIII poco habían cambiado respecto al siglo anterior. Puede fundamentar esta afirmación lo siguiente: entre el Miércoles de Ceniza y el Lunes de Pascua de 1769 se concertaron , sólo en Madrid, 1.835 sermones. Los predicadores "dispuestos a sembrar la Divina Palabra , para utilidad de las almas" eran sacerdotes, capellanes y religiosos de diferentes órdenes. La mayoría de los que subirían al púlpito eran frailes, unos 268 frente a 65 seculares. Los más numerosos fueron los franciscanos y los capuchinos. En ambos casos contaban con una gran presencia en los medios populares. Seguían, con menos oradores, los trinitarios, carmelitas, mercedarios, escolapios, afligidos, gilitos y agonizantes, entre otros. A la Villa y Corte llegaban, además, predicadores de los pueblos cercanos e incluso de alejados reinos y territorios de la Monarquía. Así se contaba con la presencia, en dicho año, del teólogo de Nueva España don Francisco Za...

QUAN TRABAJOSO Y PELIGROSO ES EL OFICIO DE PREDICADOR

Don Francisco Aguilar Terrones del Caño era natural de Andujar, fue obispo de Tuy y de León y vivió entre 1551 y 1613. Sabía que no era broma de muchachos el negocio de la salvación pues muchos pecadores, conmovidos por un buen sermón, podían cambiar de vida y abominar de pasadas bellaquerías. Para aconsejar a los que subían a los púlpitos escribió su Instrucción de Predicadores. No es libro ameno, a decir verdad, pero está escrito con claridad y tiene reflexiones de gran valor. Consideraba que e l predicador “a de ser de mediano aspecto” y no “monstruosamente feo, o espantable de rostro”. Desaconsejaba predicar a gritos, las acciones vehementes y descompuestas “hundiendose en el pulpito, braceando apriesa” y “jamas se an de dar cozes, ni sonar los pies en el pulpito”. Era obligado, en lo posible, “no toser, ni escupir o limpiar el sudor en medio del sermón” y decía, no sin inocente jactancia: “yo devo de aver predicado mas de cuatrocientos, o quinientos sermones: y no devo de a...