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Mostrando las entradas etiquetadas como dolor de España

GOYA EN FRANCIA O LA NOSTALGIA DE ESPAÑA

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"Goya, con sus setenta y nueve pascuas floridas y sus alifafes, ni sabe lo que espera, ni lo que quiere: yo le exhorto a que se esté quieto hasta el cumplimiento de su licencia. Le gusta la ciudad, el campo, el clima, los comestibles, la independencia, la tranquilidad que disfruta. Desde que está aquí no ha tenido ninguno de los males que la incomodaban allá; y, sin embargo, a veces se le pone en la cabeza que en Madrid tiene mucho que hacer, y, si le dejaran, se pondría en camino sobre una mula zaina, con su montera, su capote, sus estribos de nogal, su bota y sus alforjas". De Moratín a Juan Antonio Melón, Burdeos, 14 de abril de 1825.

LA ESPERANZA

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"Más no por ello moría el enfermo: España tenía fibra y agallas para resistir tanta calamidad; su sobriedad de mendigo le garantizaba la existencia; su pasividad fatalista le permitía seguir arrastrándose y dando tumbos, hasta que vinieran hombres y tiempos mejores, los cuales...!ay! también podía suceder que no vinieran". Benito Pérez Galdós, De Oñate a La Granja , 1898

ILUSTRADOS, ROMÁNTICOS Y ABURRIMIENTO

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Rüdiger Safranski en su Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán  analiza, entre otras muchas cuestiones, la relación de los románticos con el aburrimiento. Aporta precedentes al respecto. Era un estado de ánimo, según Montesquieu, unido a los poderosos: "Su grandeza les obliga a aburrirse". A esto alegaba que "Todos los príncipes se aburren: una prueba de esto es que van de caza". Rousseau, en la misma línea argumental, declaraba: "El pueblo no se aburre; lleva una vida activa [...] El azote de los ricos es el aburrimiento". Ya en pleno romanticismo Eichendorff asociaba el aburrimiento a la vida urbana. La glorificación de la pobreza y de la vida de aldea no era nada nuevo, sino una idea defendida por los que vivían en ciudades y no sin un notorio desahogo económico. La visión española del asunto es más realista y más sombría. Así Jovellanos, en su  Memoria para el arreglo de la policía de los espectáculos y diversiones públicas, y sobre su origen...

EL REGENERACIONISTA Y EL TREN

Lucas Mallada en Los males de la patria  (1890) describe los grandes defectos de los ferrocarriles de la España de su tiempo. Da noticia de robos en maletas y baúles, de imperdonables retrasos, de la escasa limpieza de los coches, de la descortesía y la soberbia de los empleados, de las malas fondas y la frecuencia de los descarrilamientos, sin olvidar "la tosca educación, el quijotismo exagerado o las cándidas impertinencias e muchos compañeros de viaje".             A todo esto añade una particular observación: "No hay país en el orbe donde los viajes en ferrocarril sean tan bulliciosos y divertidos, y donde más se señalen las faltas de educación y de sentido común de gran parte de los indígenas, y esto sin contar si salen al encuentro del tren cuadrillas de salvajes que lo apedrean, o que celebran su paso con muecas y ademanes de marcada deshonestidad y grosería".

LA SEQUEDAD DE ESPAÑA

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"-Pues dime, ¿qué concepto has hecho de España?.  -No malo.  -¿Luego bueno?.  -Tampoco.  -Según eso, ¿ni bueno ni malo?.  -No digo eso.  -Pues ¿qué?. ¿Agridulce?.  -¿No te parece muy seca y que de ahí les viene a los españoles aquella su sequedad de condición y melancólica gravedad?. ( El Criticón, 2 ª parte, crisis III). Sequedad de condición y melancólica gravedad. Así nos veían en el resto de Europa. No es el único testimonio sobre la seriedad de los españoles.  Hay, además, en este texto de Gracián una valiosa reflexión sobre el influjo del paisaje en el carácter de los pueblos. Se adelanta el jesuita a los mitos románticos. La Institución Libre de Enseñanza, las meditaciones de la Generación del 98 y, por supuesto, Ortega ahondarán en esta idea.  P ensar sobre el ser de España ha sido una tarea de siglos. Y sigue abierta.

LABRADOR EL ABSOLUTISTA

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Tras el heroísmo y el sacrificio de la guerra contra Napoleón España fue relegada a la condición de potencia de segundo orden. En el Congreso de Viena estuvo representada por Pedro Gómez Labrador. Había quedado atrás el recuerdo de estadistas y diplomáticos como Diego Hurtado de Mendoza, Baltasar de Zúñiga, el duque de Osuna, el conde de Oñate o el conde de Aranda. Tampoco Fernando VII era Carlos V, Felipe IV o Carlos III. Labrador no dejó un buen recuerdo entre los que lo conocieron y trataron. León y Pizarro, que compartió tareas diplomáticas con el personaje, censuraba "la sequedad de su manera de negociar, poca negociación verbal, poca amabilidad y diligencia social, pocas o ningunas comidas o reuniones, y todo reducido a manera de pleito, a traslados, pedimientos y papeles de derecho". Como si fuese un negociado. Le sobraba además arrogancia entre personajes como Metternich, Talleyrand o Castlereagh. Al parecer Wellington afirmaba que era uno de los hombres más estú...

DESTERRADOS Y ROMÁNTICOS

Existe un romanticismo español alejado de lo pretencioso, ajeno al cartón piedra y a la naftalina. Es el de los liberales españoles desterrados de 1823. Alcalá Galiano finaliza sus memorias con su llegada a Inglaterra: "entrábamos a la par tristes y orgullosos en la dura vida del destierro" para "comer el pan salado ajeno". Esta dignidad era recordada por Carlyle, y recogida por Ricardo García de Cortázar: "cada mañana en el frío ambiente primaveral, bajo cielos bien distintos a los suyos, podías ver a un grupo de cincuenta o cien majestuosas y trágicas figuras, orgullosamente envueltas por sus capas raídas, paseando por las amplias aceras de la plaza de Euston y la nueva iglesia de Saint Pancras". El dolor de España es muy anterior a los regeneracionistas y a los del 98.