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RELOJES DE ARENA

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Fueron inseparables del Barroco junto con las calaveras y las tibias. Según Ernst Jünger, rivalizaron durante siglos con los relojes mecánicos, no sólo por cuestiones tecnicas sino por que representaban distintas concepciones del tiempo, de la vida y de la muerte. En la España del siglo XVII, e imagino que en toda Europa, los vendían los merceros y a precios relativamente moderados lo que demuestra su uso generalizado. En la época de Lope de Vega era posible adquirir un reloj de arena, montado en latón, por dos reales. Los bolsillos más modestos, también los austeros y los tacaños, podían comprarlos con guarnición de madera por un real y medio. Después, se contaba con todo el tiempo del mundo para darles una y otra vuelta.

CARLOS V AUSENTE DE LA VIDA

Hay renuncias que deparan grandeza. Ortega, en su Meditación de la técnica, describe la retirada de Carlos V como "la más ilustre bajamar registrada por la historia". Una "resaca hacia la nada", decía.  Allí, en Yuste, sin perder del todo su pasión por el poder y el gobierno del mundo -pues notorio que no hizo vida de monje- se dedicaba a contemplar sus relojes. El último rey caballeresco, medieval en muchos de sus valores, en su temperamento, era un hombre moderno en su fascinación por la mecánica y la precisión de los engranajes. También por la atracción hacia el misterio del tiempo que residía, callado, en cada uno de los relojes. Juanelo Turriano compuso para el Emperador un pájaro con alas de metal. Dicen que le gustaba verlo volar por las estancias.

ARCANOS DE LA MECÁNICA Y DEL TIEMPO

Los relojes mecánicos fueron, en opinión de Ernst Jünger un invento más revolucionario que la pólvora, la imprenta o la máquina de vapor. Crearon el tiempo artificial o abstracto en contraposición al vivido de acuerdo con las estaciones y los trabajos del campo. No sin lentitud, los relojes se impusieron de forma inexorable en la vida cotidiana.  Don Manuel del Río, autor de la obra Arte de reloxes de ruedas, para torre, sala, y faltriquera, ya en el siglo XVIII, afirmaba: "España está llena de reloxes". Aunque estaba todavía marcado por lo sagrado, las horas canónicas, el santoral y el año litúrgico, la secularización del tiempo había dado su primer paso. Pero, claro está, los relojes eran máquinas complicadas. Se desajustaban, se descomponían y se rompían con frecuencia. Tras estas contrariedades estaba la mano inexperta de los sacristanes o el simple uso diario. A veces se recurría, para su reparación, a arcabuceros y cerrajeros, expertos en mecanismos de cierta comple...