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CASAS DE CONVERSACIÓN

  Tenemos una imagen equivocada del Barroco español. No todo eran calaveras, bayetas negras y agoreras meditaciones sobre las postrimerías. Las comedias, las zarzuelas, el rasgueo de las vihuelas, los toros y cañas, las luminarias y los fuegos artificiales también fueron parte de nuestro gran siglo XVII. La necesidad de oxigenar la vida no es monopolio de ninguna época. Tampoco las ganas de hablar que no faltaban a los españoles de entonces. Calderón menciona, en su También hay duelo en las damas las gratas noches de invierno “en buena conversación”. Los caballeros del siglo XVII se reunían en las llamadas casas de conversación.   Allí se departía, se celebraban ocurrencias, se chismorreaba, se despellajaba al prójimo, se diseccionaban linajes, se celebraban concursos para resolver charadas y demás pasatiempos. También se organizaban rifas de guantes, baratijas, medias y hasta de bebidas y alimentos selectos. Además, por supuesto, los asiduos se entregaban al naipe aunque de u...

SONIDOS ARCAIZANTES

En el  Vocabulario andaluz  de Antonio Alcalá Venceslada, editado en 1933, se mencionan estos dos ingenios de muy arcaizante factura. Es con lo que jugaban los niños y muchachos de barrio y aldea. Son las llamadas chicharras. Las había de dos tipos. Una, dice el citado autor, consistía en un "juguete que hacen los chiquillos con un canuto de caña, una badana tapando un extremo y una cerda en medio de ésta que se ata a un palillo, con el que se da vueltas y produce un sonido parecido al de la chicharra, que le da nombre". La otra, en la misma fuente, es descrita como "juguete infantil que consiste en una vejiga inflada sujeta a un palo y que suena frotándola con una cuerda y otro palo en forma de arco de violín". No sería muy armonioso el resultado pero tendría su gracia. Las vejigas de animales eran muy útiles y se utilizaban, además, para confeccionar petacas para el tabaco, pelotas y globos , también como parche para unos curiosos membranófonos o zambombas diminut...

BARAJAS, TABLAJES Y CASAS DE CONVERSACIÓN

La afición al juego era general en la España de los Austrias. Gentes principales, medianas y menudas, -convocadas alrededor de la baraja- dejaban pasar horas y jornadas. Los naipes malograban reputaciones, caudales y almas. El juego era condenado, con todo rigor, desde púlpitos y confesionarios. Los más preocupados por los males de la Monarquía denunciaban sus perniciosas consecuencias sobre aquellos menestrales y oficiales que, descarriados de sus obligaciones, frecuentaban tablajes y garitos. Tampoco eran edificantes las casas de conversación -escuela de partidas, rifas, faroles y apuestas- a las que acudía la nobleza. Si los lectores de Retablo de la Vida Antigua lo consideran prudente y oportuno pueden leer lo que, sobre este asunto, escribo en Neupic .