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"SI JUSTICIA OVIERA EN EL MUNDO" (DEL HIJO DE UN MÉDICO CONFESO)

El licenciado Juan de Carmona, vecino de Montilla, era médico y confeso. Hacia 1575 el Santo Oficio procedió contra su hijo, llamado Antonio de Silva. Por el apellido parece que era de origen portugués. En una conversación, "tratando de conversos", dijo: "si justicia oviera en el mundo que el Papa, Rey, obispos y arzobispos avian de ser confesos, más que andava el mundo al revés y que lo mejor que el Rey tenía era traer una brizna". No le faltaba orgullo de casta a Antonio de Silva y no siempre se podía estar callado. Aunque las paredes oyesen. Respecto a la brizna de sangre judía de Felipe II, debía de referirse al linaje de Doña Juana Enríquez, madre de Fernando el Católico. Era asunto conocido en aquellos siglos. Alguien escuchó esta afirmación y fue denunciado. Desconozco cómo acabó todo.

LOS MARTES DE DON FELIPE

Baltasar Porreño decía que Felipe II, para  mostrar su desdén hacia supersticiones y miedos vanos, salía de viaje los martes, mandó jurar al príncipe Don Felipe, en Lisboa, un martes y cuando nació éste, un martes de 1578, "no hizo menos fiesta que sí huviera nacido en Domingo, o Jueves; y el mismo Rey se casó la primera vez en Martes, digo se desposó con la Princesa Doña María". Era, además, enemigo de judiciarios y pronósticos. El gobierno del mundo no admitía fantasías.

FELIPE II, LOS ESPAÑOLES Y LA TAUROMAQUIA

En 1527, hubo toros en Valladolid para celebrar el nacimiento de Felipe II. El conde de las Navas, en El espectáculo más nacional, cita distintos festejos que contaron con la presencia del Rey como los celebrados en Toro (1551), Benavente (¿1553?), Sevilla (1570), Badajoz (1580), Lérida (1585), Valencia (1585), Valladolid (1592), Segovia (1592), Tordesillas (1592) y Burgos (1592). Consta en una relación citada por Navas que "...el  príncipe Phelipe la primera vez que entro en Toro" fue agasajado por el marqués de Alcañices con una corrida  de"ocho toros buenos y ubo buenas lanzadas". Fue el 19 de septiembre de 1551. Es sabido, además, que Felipe II dio largas y demostró tener mano izquierda para no aplicar, con todo su rigor, las disposiciones papales que proscribían la tauromaquia. Escribiría a Roma para que tales prohibiciones no tuviesen efecto pues los españoles -que no tenían remedio- no podían pasar sin estos festejos. Sus fieles vasallos llevaban la taurom...

GANAR A VARAS EL CIELO

Tercio de varas, vara de corregidor, vara de alcalde mayor, varas de alguaciles, vara alta de justicia, meterse en camisa de once varas -españolísima afición- toros vareados, varetazo -que es lo que te propina el toro con la pala del asta- una vara de bayeta negra para las exequias reales, vara o garrocha, la vara del Conde Duque, la vara de cochinos que pasa -alegremente- camino de la montanera, dar la vara, vareadores de aceituna, cabo de varas, vareto, que es el ciervo joven, la vara de mimbre, varilarguero o picador de vara larga, recibir un varapalo, envarado como hidalgo pobre y solemne. En fin:  la vara y lo español. Gracián en El Héroe , elogia, creo, a Felipe II "el bueno, el casto, el pío, el celoso de los Filipos españoles" que "no perdiendo un palmo de tierra ganó a varas el cielo". Ganar a varas el cielo: conquistar la Gloria casi metro a metro, bregando, estragado de batallar para al final, muy al final, salvarse. No es desdeñable aportación teológic...

LA MAJESTAD Y LA QUIETUD

La majestad no reside en la riqueza, ni en los palacios. Tampoco en el boato. No es fácil saberlo por ser la majestad un misterio. Y los misterios, de acuerdo con su naturaleza, se resisten a ser desvelados. La majestad es, además, un don que la sangre real no siempre depara. Quizás una de sus moradas sea la quietud. Es la sencillez hermanada con la grandeza Recordemos a Felipe IV, vestido con la ropilla negra y, sobre el pecho, el Toisón. Sostiene el gobierno de la Monarquía sin cetros ni armiños, a solas con su grandeza y su quebrantada conciencia. Sobre estas cuestiones escribo en Suma Cult ural

FELIPE II, MADRID Y EL PATINAJE

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El 22 de febrero escribía Felipe II a su hija la Infanta Doña Catalina Micaela, casada con el duque de Saboya, y le daba cuenta del tiempo en Madrid . Decía el Rey: "ha helado y nebado aquí tanto, que no lo podríades creer; mas ha sido de manera el hielo, que en los estanques de la casa del campo se ha andado en patines un mes entero muy bien, y dos vezes  los fuymos así como esto y otras cosas os deve aver escrito vuestra hermana". Un panorama que más parece de Flandes o de Alemania que de la España interior. Además no deja de producir extrañeza toda esta gente patinando en Madrid, alborozada quizás y dada a realizar piruetas más o menos descompuestas. Sería, claro está, juego de muchachos que no de gente principal. Es asimismo de admirar que el Rey, dejando a un lado los asuntos de Flandes, las estrecheces de la Real Hacienda o el mal recuerdo de la Jornada de Inglaterra, dedicase unos minutos a describir el ambiente  festivo de aquellos inviernos. Bien está que así fues...