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Mostrando las entradas etiquetadas como santa Teresa de Ávila

SANTA TERESA Y LAS PLUMAS BIEN CORTADAS (1577).

Ni la santidad tiene que estar relacionada con el desaliño y los lamparones, ni el escribir sobre las más altas y profundas cuestiones impide elegir bien el material de escritorio. En 1577, estante en Toledo, santa Teresa, escribía lo siguiente a su hermano, don Lorenzo de Cepeda, entonces en Ávila: "Antes que se me olvide, como otras veces, mande vuestra merced a Francisco que me envie unas buenas plumas cortadas, que acá no las hay buenas, y me hacen disgusto y trabajo".

PAN DE CONVENTO

La España del siglo XVI no sabía de refinamientos gastronómicos. Carnero y vaca, despojos, bacalao, cecial, una panilla de aceite, sardinas, pan y poco más. Más pobre todavía era la escudilla de los conventos reformados por santa Teresa. En sus cartas, avisos y admoniciones dio cuenta de algunas cuestiones relativas a alimentos, refectorios y cocina. Causa admiración que con condumios tan pobres se reformaran órdenes religiosas y se ganaran imperios. Sobre esto escribo en  https://neupic.com/articles/la-cocina-de-santa-teresa

DORMIR Y SER SANTO

San Juan de Ávila escribía en una carta: "jueves y viernes es bien dormir en alguna tabla" por acompañar al Señor "que padesció en aquellos días". Defendía, sin embargo, la conveniencia de dormir una siesta  para recuperar fuerzas y estar en condiciones de afrontar trabajos.También es muy valiosa la recomendación de santa Teresa de Jesús a su hermano, don Lorenzo de Cepeda, en febrero de 1577: "en el dormir vuestra merced, digo, y aun mando, que no sean menos de seis horas. Mire que es menester los que hemos ya edad llevar estos cuerpos para que no derruequen el espíritu que es terrible trabajo" y, más adelante, indicaba, por si tenía algún escrúpulo: "No piense le hace Dios poca merced en dormir tan bien que sepa es muy grande; y torno a decir que no procure que se le quite el sueño, que ya no es tiempo de eso". No eran de la misma opinión otros religiosos y devotos de vida ascética que, como penitencia, eran dados a velar o a postrarse sobre ...

DINEROS DE DUENDE DE CASA

La creencia en duendes guardianes de tesoros es vieja de muchos siglos. En ocasiones los custodios de estas riquezas ocultas eran fantasmas con todos sus trebejos, bien cargados de cadenas, como aparecen en el entremés barroco titulado La burla con el tesoro,  editado en Córdoba. También las guardaban hadas, enanos y otras criaturas más o menos fantásticas. Cunqueiro escribió mucho y bueno al respecto. Era creencia extendida y no siempre extravagancia de orates. En el Índice del inquisidor Rubín de Ceballos, ya de finales del XVIII, se prohibía un cuaderno que "contiene preceptos, comjuraciones y exorcismos, para descubrir y sacar los tesoros ocultos". La gente perdía el seso con estas historias. Sirve lo anterior para entender cierta carta, escrita por santa Teresa en Malagón, por febrero de 1580. Decía: "Plega a Su Majestad gane vuestra merced en esa soledad muchas riquezas eternas, que todo lo demás son como d...

LA EDAD Y LA GENTE DEL SIGLO XVI

 Lutero, Rabelais, Bartolomé de las Casas, san Ignacio de Loyola y santa Teresa de Jesús no recordaban con precisión su edad. No era un dato fácil conservar en la memoria ni de demasiada utilidad en la vida de una persona. A veces se conocía el año de nacimiento por su coincidencia con temporales, hambres, grandes nevadas, crecidas de ríos, plagas o epidemias. La gente recordaba, con más facilidad, el día por el santoral o por la celebración de alguna festividad grande de la Iglesia. La hora de la llegada a este valle de lágrimas era más fácil de fijar por el testimonio de la propia madre o de las personas que asistieron al parto o tuvieron noticia de éste. Pasados los sesenta años se perdía la cuenta. El teólogo Martín Pérez de Ayala, natural de Segura de la Sierra y que estuvo Trento, escribió en su autobiografía que no sabía muy bien si había nacido en 1503 o 1504 "porque en un año andaba mi madre dudosa, que no sabía determinarse". Aseguraba, sin embargo, que había sido a...

TOROS DEL JARAMA Y DE ZAMORA EN EL SIGLO XVII

Dice Tapia y Salcedo: "De los animales más fuertes que ay es el Toro de España: particularmente de Xarama, y Zamora". Destacaba su acometividad y bravura pues "embiste con la mayor resolución, y tiene excesiva fuerça; de fuerte que se ha visto romper una fuente, saltar un tablado, y con las hastas levantar del suelo una capa, y con los dientes un hombre". Por esto, unido a su resistencia ante las heridas, "se conoce el corage, y valentía suya".  Añadía: "Salesse a ellos al campo con vara larga, y ha avido vaqueros diestrissimos en este exercicio, y que han hecho muchas particularidades". También "se saca en los encierros de la plaça con adereços de campo, espuelas vaqueras, y espada ancha; es muy vistosa arma, aunque penosa, y que requiere pulso". Otro dato más al respecto: en los festejos celebrados por la beatificación de Teresa de Jesús, en Valladolid, se jugaron toros "que fueron del celebrado Jarama, cuya prodigiosa hierba cau...

El ENSIMISMARSE DE LA SANTIDAD

La santidad tiene siempre sus misterios y no es fácil entenderla. Estudiar la vida de los santos del siglo XVI es ir de asombro en asombro. El franciscano san Pedro de Alcántara vivió en ese tiempo. Santa Teresa de Ávila, que lo conoció, dijo que "Era muy viejo y tan extremada su flaqueza que no parecía sino hecho de raíces de árboles". No era realmente hombre de tantos años cuando la Santa pudo verlo en Ávila, mediado el mes de agosto de 1560, sino que aparentaba setenta años cuando realmente tenía unos sesenta.  Aparte de las penitencias y mortificaciones propias de los religiosos y devotos de la época, llama la atención un rasgo de san Pedro de Alcántara. Me refiero a su hábito de ir ensimismado por la vida. Ángel de Badajoz en la Coronica de la prouincia de san Joseph de la religion de S. Francisco desde su fundacion asta el año 1584, dio cuenta de su no estar en el mundo hasta el punto de llevar la cabeza descalabrada. Era por golpearse con las puertas pues no reparaba e...

ÁNIMAS DEL PURGATORIO

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La creencia en el Purgatorio es una de las más difundidas y populares en la tradición católica. Errantes, atormentadas y sin distinción de clases ni estados, han interrumpido los sueños de los vivos con sus lamentos y apariciones. Pedían oraciones, misas y limosnas para salir de su estado de aflicción. No desentonaban con el catolicismo español de siglos pasados, en palabras de Azorín, trágico, simple y sombrío. Las ánimas se representaban envueltas en llamas, implorantes y dolientes. Sirva de ejemplo la fotografía que acompaña a estas líneas, correspondiente a un viejo retablo. Es interesante la relación de las ánimas con el tiempo. Esta preocupación tan barroca también era de su incumbencia pues la estancia en el Purgatorio era contabilizada con criterios estrictamente temporales. La monja de Ágreda, consejera en altas cuestiones del rey Felipe IV, afirmó que la reina Isabel de Borbón estuvo allí, en el Purgatorio, un año y veintiséis días. Ni más ni menos. Se contaban incluso es...