SANTA TERESA Y LAS PLUMAS BIEN CORTADAS (1577).
Ni la santidad tiene que estar relacionada con el desaliño y los lamparones, ni el escribir sobre las más altas y profundas cuestiones impide elegir bien el material de escritorio. En 1577, estante en Toledo, santa Teresa, escribía lo siguiente a su hermano, don Lorenzo de Cepeda, entonces en Ávila: "Antes que se me olvide, como otras veces, mande vuestra merced a Francisco que me envie unas buenas plumas cortadas, que acá no las hay buenas, y me hacen disgusto y trabajo".