LA EDAD Y LA GENTE DEL SIGLO XVI
Lutero, Rabelais, Bartolomé de las Casas, san Ignacio de Loyola y santa Teresa de Jesús no recordaban con precisión su edad. No era un dato fácil conservar en la memoria ni de demasiada utilidad en la vida de una persona. A veces se conocía el año de nacimiento por su coincidencia con temporales, hambres, grandes nevadas, crecidas de ríos, plagas o epidemias. La gente recordaba, con más facilidad, el día por el santoral o por la celebración de alguna festividad grande de la Iglesia. La hora de la llegada a este valle de lágrimas era más fácil de fijar por el testimonio de la propia madre o de las personas que asistieron al parto o tuvieron noticia de éste. Pasados los sesenta años se perdía la cuenta. El teólogo Martín Pérez de Ayala, natural de Segura de la Sierra y que estuvo Trento, escribió en su autobiografía que no sabía muy bien si había nacido en 1503 o 1504 "porque en un año andaba mi madre dudosa, que no sabía determinarse". Aseguraba, sin embargo, que había sido a...