LABRADOR EL ABSOLUTISTA
Tras el heroísmo y el sacrificio de la guerra contra Napoleón España fue relegada a la condición de potencia de segundo orden. En el Congreso de Viena estuvo representada por Pedro Gómez Labrador. Había quedado atrás el recuerdo de estadistas y diplomáticos como Diego Hurtado de Mendoza, Baltasar de Zúñiga, el duque de Osuna, el conde de Oñate o el conde de Aranda. Tampoco Fernando VII era Carlos V, Felipe IV o Carlos III. Labrador no dejó un buen recuerdo entre los que lo conocieron y trataron. León y Pizarro, que compartió tareas diplomáticas con el personaje, censuraba "la sequedad de su manera de negociar, poca negociación verbal, poca amabilidad y diligencia social, pocas o ningunas comidas o reuniones, y todo reducido a manera de pleito, a traslados, pedimientos y papeles de derecho". Como si fuese un negociado. Le sobraba además arrogancia entre personajes como Metternich, Talleyrand o Castlereagh. Al parecer Wellington afirmaba que era uno de los hombres más estú...