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EN DÍAS CERCANOS AL CORDONAZO DE SAN FRANCISCO

En las caserías antiguas de mi tierra giennense es fácil encontrar, junto a las fachadas y puertas, altos y viejos laureles que, en los atardeceres de estos días, tienen un aire solemne, de ruina antigua. Quizás los plantaban ahí por herencia de los romanos que atribuían a esta planta un carácter protector contra los rayos. Hay plantas u objetos que atraen o rechazan el rayo. José María Castroviejo mencionó en La montaña herida cierto tipo de cardos que protegían de estos fenómenos naturales y su amigo Álvaro Cunqueiro decía, por haberlo oído de toda la vida, que los rayos se sentían asimismo, según ciertas circunstancias, atraídos o rechazados por los tesoros. También el hierro, fuente de muchas prevenciones entre los antiguos, se usaba como amuleto contra estos poderes fulgurales. En muchos pueblos estaba extendida la costumbre de poner tijeras abiertas dentro de las casas, en forma de cruz, cuando había tormentas y también para evitar otros males. Junto a estas creencias, la tradic...

RAYOS

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Es certeza antigua que el laurel protege del rayo y así lo hacía constar Plinio en su Historia Natural . Es posible que la costumbre de plantar laureles cerca de las casas proceda, remotamente, de este hecho. Robert Graves afirma lo mismo del fresno silvestre.  Además, se pensaba que los útiles prehistóricos de silex eran piedras dejadas por los rayos tras impactar en la tierra. Se les atribuían poderes protectores y curativos. En la revista Don Lope de Sosa , enero de 1919, Manuel Acedo dice: "El origen y el respeto misterioso que muchos arqueólogos atribuyen al hacha, es debido sin duda al lugar en que se encuentran en las cavernas, y el sitio que ocupan en ellas, así como también la denominación dada, de piedras de rayo, de relámpago o piedras de fuego". Incluso hace menos de treinta años tuve yo noticia de esta creencia tan arcaica en la Sierra de Segura. Es sabido, además, que los lugares tocados por el rayo inspiraban temor reverencial. Fustel de Coulanges escribió...

RAYOS Y CENTELLAS EN 1651

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El 13 de marzo de 1651 en Sevilla, cuenta un testigo, "empeçó a tronar y a relampaguear" bien recio y con grandísimos aguaceros" y "al fin caió un rayo o centella que se dixo entró por una ventana de la mas baxa de la torre de la santa iglesia maior, y que fue hazia arriba por las mismas bueltas de la torre". No acabó aquí el portento pues, vale la pena la descripición, "al campanero menor que estaba tocando a rogatiua lo mató dexándole un ojo medio saltado y el lado del carrillo como tostado y acardenalado". Otra centella entró en el convento de Capuchinos, extramuros, cerca de la Puerta de Córdoba que, con espanto general, "derribó la campana, y andubo escarmuzeando" por el coro y un desván hasta acertar, con impía y funesta  precisión, en un cuadro que había en el altar mayor.  En Salteras cayó otra centella que derribó una torre y otra más, sobre una casa, en Carmona. Fueron rayos y centellas de probado peligro pues daban vueltas y revue...