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CARLOS V, LOS PASTELILLOS DE RANAS Y EL TIEMPO

"El emplasto de ranas de muchos males sana". También los caldos de ranas, según decían, eran probados reconstituyentes para enfermos, convalecientes y demás quebrantados. Asimismo para los dolientes, se prescribían los pastelillos de ranas, aderezados, según Rodríguez Marín, con azafrán, piñones remojados, una puntica de ajos crudos y unas pasas despepitadas. Después se salteaban y se presentaban espolvoreados de azúcar y canela. Montiño, en su Arte de cocina (1611), refiere varias maneras de cocinar las ranas. Podían prepararse en empanadas aunque considera que lo suyo era freírlas con naranja y pimienta o en albondiguillas "quitando los huesos, y picando la carne de las piernas, porque no tienen otra"; después se les añadían, todo bien aparejado, especias a discreción, pan rallado, sal y caldo de garbanzos y manteca. Antes de servirlas, se cuajaban con yemas de huevos y limón. Carlos V, durante sus años de Yuste, fue aficionado a las ancas de rana y también a mon...

CARLOS V, EDUARDO VII Y LAS ANCAS DE RANA

Plato humilde pero apreciado por un Habsburgo. Las ancas de rana se servían en la imperial mesa de Carlos V en su resignado retiro de Yuste. Siglos después, hacia 1889, se prepararon con crema en el Hotel Savoy de Londres, por orden de César Ritz, para el Príncipe de Gales. No había, según dicen, precedentes de príncipes herederos ingleses que fuesen a cenar a restaurantes y, menos aún, ancas de rana. El futuro Eduardo VII acudía al Savoy incluso algunos domingos. Lo cuenta Egon Jameson. Las ranas también constituían el ingrediente básico de un triste caldo, muy adecuado para enfermos y convalecientes, según un recetario español del siglo XIX.

MAESTROS ARCABUCEROS

En el siglo XVI llegaron a España, por orden de Carlos V, dos armeros alemanes. Fueron quizás los primeros en  fabricar cañones en Madrid. Uno se llamaba Simón Macuarte, conocido como Simón de Hoces, y el otro, su cuñado, Pedro Maese. Aquél firmaba sus obras con dos hoces, de ahí el apellido, y el segundo -para diferenciarse- en vez de dos, colocaba tres hoces como marca. Simón tuvo dos hijos que siguieron en el oficio: Felipe y Simón, éste sirvió como artífice a Felipe III. Marcaban, por su parte, arcabuces también con dos hoces, como su padre, pero poniendo el nombre al lado. Al parecer, Simón inventó la llave de patilla. Arcabuces, carabinas y escopetas, aunque de menos calidad que los de los reyes, se difundieron entre los españoles de aquellos tiempos. Algunas veces estaban tan mal aviados que reventaban los cañones con la consiguientes desgracias y quebrantos. Servían para la guerra y la caza. También para defenderse o resolver asuntos a mano airada. A veces, apostados detrá...

ARTE TORMENTARIA

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Cuando Carlos V entró en Valladolid en 1522, acabada ya la guerra de las Comunidades, trajo un buen tren artillero compuesto, entre otras, por las siguientes piezas: Un trabuco llamado Magnus Draco, con cabeza de serpiente o de dragón. Tenía grabado el retrato de Felipe el Hermoso y sus armas. Era de 26 palmos de largo y la boca de un palmo. Dos tiros famosos, El Pollino y La Pollina, de 16 palmos de largo y palmo y medio de boca. Otro tiro tenía por nombre Espérame que allá voy, de 17 palmos de largo y casi dos de boca. Dos tiros llamados Santiago y Santiaguito, eran de 26 palmos de longitud y con la boca de un palmo, adornados con los lises del Rey de Francia. Quizás fue capturado a los franceses en alguna jornada y fueron rebautizados al uso de España. Otro tiro se llamaba  La Tetuda, de 17 palmos   de largo y casi dos de boca. El nombre -lo tengo por cosa segura- debía de ser invención de soldados Y para acabar,  El Gran Diablo, con 18 palmos...

FELIPE II Y EL SOL DEL CORPUS

Felipe II gobernando imperios, apartado del mundo, entre memoriales y cartas. A  vueltas con el tiempo y con los grandes espacios.                                                  *** "Jamás dexó las horas de sus santos exercicios, y devotas oraciones, y andaba en las procesiones del Santísimo Sacramento la cabeza descubierta: estando en Córdova en una de ellas le suplicaron se la cubriese por el excesivo calor del Sol; y él respondió: este día no hace mal el Sol; aludiendo a lo que havía dicho el Emperador su padre, que ni el Sol del día del Corpus, ni el sereno de la noche de S. Juan ofendían a nadie". Baltasar Porreño, Dichos y hechos del rey Don Felipe II, 1639  

NICOLÁS DE BOBADILLA

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Fue Nicolás de Bobadilla uno de los primeros jesuitas. Siguió a san Ignacio desde la primera hora, cuando todavía no existía la Compañía de Jesús. Nació en Bobadilla del Camino en 1508 ó 1509. Era un tipo indomable y vitalista. Se contaba de él que, siendo un niño, "trepaba las más altas torres o las rocas más escarpadas para desnidar a los pájaros, a riesgo de romperse los huesos". Fue limosnero de los imperiales en la guerra contra los protestantes de la Liga de Smalkada. Había que ser valiente para ir, como si fuese cosa de poco cuidado, por aquella Europa desgarrada por las guerras de religión. En esas jornadas enfermó de peste y se curó, lo apresaron y se escapó. Por si fuera poco, un luterano le asestó un  alabardazo en la cabeza. No tuvo mayores consecuencias por la costumbre que el jesuita tenía de llevar un sombrero grueso que, como si se tratase de un castoreño, le amortiguó el golpe. Quizás aprendió a temer a la Muerte lo justo -ni más ni menos- y vio una señal...

CARLOS V AUSENTE DE LA VIDA

Hay renuncias que deparan grandeza. Ortega, en su Meditación de la técnica, describe la retirada de Carlos V como "la más ilustre bajamar registrada por la historia". Una "resaca hacia la nada", decía.  Allí, en Yuste, sin perder del todo su pasión por el poder y el gobierno del mundo -pues notorio que no hizo vida de monje- se dedicaba a contemplar sus relojes. El último rey caballeresco, medieval en muchos de sus valores, en su temperamento, era un hombre moderno en su fascinación por la mecánica y la precisión de los engranajes. También por la atracción hacia el misterio del tiempo que residía, callado, en cada uno de los relojes. Juanelo Turriano compuso para el Emperador un pájaro con alas de metal. Dicen que le gustaba verlo volar por las estancias.

LA VIDA HEROICA

Patrick Leigh Fermor , en su obra El tiempo de los regalos , describe las cruces de los caminos de Alemania. Esta referencia me hacer recordar un pasaje del  Comentario de la Guerra de Alemania de don Luis de Ávila y Zúñiga donde se narra el siguiente suceso: "El Emperador, con mayor trote que podía sufrir gente de armas, seguía el camino que los enemigos llevaban, en el cual halló un crucifijo puesto, como suelen poner en los caminos, con un arcabuzazo en medio de los pechos. Esta fue una vista para el Emperador tan aborrecible, que no pudo disimular la ira que de una cosa tan fea se debía recibir y mirando al cielo dijo: <<Señor, si vos queréis, poderoso sois para vengar vuestras injurias>>".  Sigue así: "y dichas estas palabras prosiguió su camino por aquella campaña tan ancha y tan rasa: y porque el polvo de nuestra vanguardia era muy grande, y el aire le traía a darnos en los ojos".  Campaña ancha y rasa, el polvo levantado por la caballería. O ...