CARLOS V, LOS PASTELILLOS DE RANAS Y EL TIEMPO
"El emplasto de ranas de muchos males sana". También los caldos de ranas, según decían, eran probados reconstituyentes para enfermos, convalecientes y demás quebrantados. Asimismo para los dolientes, se prescribían los pastelillos de ranas, aderezados, según Rodríguez Marín, con azafrán, piñones remojados, una puntica de ajos crudos y unas pasas despepitadas. Después se salteaban y se presentaban espolvoreados de azúcar y canela. Montiño, en su Arte de cocina (1611), refiere varias maneras de cocinar las ranas. Podían prepararse en empanadas aunque considera que lo suyo era freírlas con naranja y pimienta o en albondiguillas "quitando los huesos, y picando la carne de las piernas, porque no tienen otra"; después se les añadían, todo bien aparejado, especias a discreción, pan rallado, sal y caldo de garbanzos y manteca. Antes de servirlas, se cuajaban con yemas de huevos y limón. Carlos V, durante sus años de Yuste, fue aficionado a las ancas de rana y también a montar y desmontar relojes. Quizás por darle vueltas a ese espejismo que llamamos tiempo.
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