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Mostrando las entradas etiquetadas como Granada

PAPELES DE COLORETE

Hace tiempo, nada menos que quince años, escribí unas líneas sobre la afición de las españolas del siglo XVII  a maquillarse con solimán, albalyalde y otros compuestos o mixturas. Sólo hay que recordar que, en uno de los patios centrales del Alcázar de Madrid, había unos bustos de mujeres célebres bien provistos, para mayor realismo, de colorete en mejillas y hombros. Esto por cierto, desmiente el carácter tétrico, tantas veces atribuido a la Corte de los Austrias. Francisco Santos, en su Día y Noche de Madrid, escrita en ese siglo, menciona también ciertos "parchecitos para las sienes". Eran los famosos papeles de colorete elaborados, sobre todo, en Guadix y Granada. Rodríguez Marín, menciona a Juan Cortés de Tolosa, a Lope de Vega y a Polo de Molina que dan cuenta de éstos. Polo de Molina escribió: "poniendo con cautela / sobre la blanca tela / dos rosas encarnadas / del papel trasladadas / sellada provisión que un dedo cita / dada en Granada y en Guadix escrita"....

BRASEROS NAZARÍES

Leopoldo Torres Balbás escribió en 1934 sobre los braseros de la Alhambra. Nos explica, con pocas y precisas palabras, los medios utilizados en dicho lugar para combatir las bajas temperaturas del invierno granadino. Es inevitable, al visitar la Alhambra, sobre todo entre noviembre y abril, pensar que en aquellos patios, salones y palacios debía de hacer un frío considerable. Torres Balbás nos recuerda, sin embargo, que cuando la Alhambra estaba habitada, las estancias contaban con puertas, celosías y vidrieras, los suelos y muros se cubrían con alfombras y tapices y que, probablemente, se utilizaban los espacios más pequeños y, sobre todo, orientados al sur. Además, añadía, es posible que, en las habitaciones de mayor fuste, se utilizase un sistema de calefacción similar al diseñado por los romanos, con cámaras de aire caliente bajo el pavimento. No parece imposible que consiguiesen, en algunos espacios y con estos recursos, un ambiente lo suficientemente caldeado e incluso confortabl...

VAGABUNDOS A GALERAS

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En las sociedades tradicionales, los vagabundos daban miedo. Los pobres que había en las ciudades o pueblos de cada uno se socorrían o se aguantaban porque así lo mandaban la Iglesia y las obligaciones de vecindad, pero otra cosa eran los vagabundos, gentes errantes, desconocidas y desarraigadas. Georges Lefebvre estudió este asunto en su obra El gran miedo de 1789. A los vagabundos -desgraciados, raros y, algunos de ellos, peligrosos- se les expulsaba de las ciudades y pueblos. Muchos se morían por los caminos o, si tenían suerte, recogidos en algún hospital. Se dictaban bandos en los concejos por los que se les ordenaba salir de los límites municipales en un determinado plazo. A los remisos y desobedientes  las justicias locales les mandaban dar decenas de palos, suministrados por el verdugo local. Conozco algún que otro caso de esta naturaleza, ocurrido en Jaén, en la primera mitad del siglo XVII del que escribiré llegado el momento. En algunos casos las penas en las que in...

ESTUDIANTES ALBOROTADOS EN 1896

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En el invierno de 1896 un grupo de estudiantes de Madrid convocó una manifestación en protesta contra la injerencia norteamericana en la guerra de Cuba. Los organizadores visitaron distintas redacciones de periódicos y difundieron una "alocución-aviso" en la que se decía:  "Compañeros ante el incomprensible acto del pueblo norteamericano reconociendo la beligerancia en   favor de los bandidos que contra la Madre Patria pelean en Cuba, os convocamos para realizar una solemne protesta, mañana domingo, a las dos y media de la tarde, en la Universidad Central."   El ministro de la Gobernación que no dudó en prohibir tales protestas y mandó fuerzas policiales  a los alrededores de la Universidad. Prefería que los estudiantes se dedicasen a estudiar o, al menos, a jugar al billar.  Acababa febrero y la exaltación era notoria: "en cafés, teatros y centros de reunión no se hablaba de otra cosa" que de las provocaciones estadounidenses y en algunos locales s...

EL LETRADO EN SU ORATORIO

Siempre asociamos la religiosidad barroca con escenarios públicos, urbanos y fastuosos. Las formas externas de la vida religiosa, sin embargo, convivían con otras devociones y prácticas piadosas caracterizadas por la introspección y el rigorismo. Bien puede servirnos, para fundamentar lo expuesto, lo recogido en la hagiografía de la Venerable Gabriela de San José, una carmelita descalza nacida en Granada en 1628*. Su padre, don Juan Correa de Tapia, era abogado de los Reales Consejos y ejercía en la Real Chancillería. Hombre de ánimo sombrío, sólo abandonaba sus alegatos y dictámenes, para rezar el Rosario y recogerse en “la soledad del Oratorio”. En su casa se “frequentaban mucho los Santos Sacramentos, siguiendo su exemplo los hijos, y criados” además de "tener dos horas de oración mental todos los días, una a la mañana, y otra a la tarde, junta en el oratorio toda la familia”. La Venerable Gabriela de San José comenzó desde los ocho años a cumplir los más ásperos  ayu...

UN REINO DE PASTORES

Obligado era que los españoles de siglos pasados comprendiesen y viviesen con unción el misterio del Nacimiento de Nuestro Señor. Era España reino de pastores y hermanarían a los zagalejos que acudieron a agasajar a Cristo en su pesebre, entre hielos y rigores, con  los que cuidaban puntas y hatos de ganado en ejidos y dehesas de los concejos. Sobre esta idea hago unas reflexiones en mi último artículo en Neupic . Espero que sea del interés de los selectos e ilustrados lectores de Retablo de la Vida Antigua.

CAMPANILLAS PARA EL SANTÍSIMO

Los latoneros de Granada las vendían en el siglo XVII. Así constan en una relación de precios de los tiempos de Felipe IV: "otra campanilla que se llaman clarillas, para tocar al Santísmo Sacramento". Es de imaginar el sonido alegre de las clarillas. Para dar buen tono a una mañana de Corpus. Costaban ocho reales.

ALPARGATAS

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Es difícil encontrar un calzado más humilde y con mayor antigüedad.  Podía ser de lona o de lienzo muy basto, con suela de esparto, cuya producción en España está documentada nada menos que por Estrabón, o de cáñamo. Su factura era tan arcaica como la de las abarcas. En el siglo XVII las alpargatas eran confeccionadas por los cordoneros y, como es natural, por los alpargateros. Tengo noticias de esa época relacionadas con la venta en Jaén de alpargatas "de cerro", a dos reales; de estopa, a real y medio; de "alpargates finos pulidos blancos" a dos reales y un cuartillo y, para acabar, "alpargates pequeños para muchachos" a 28 maravedíes. En Granada, hacia 1622, las alpargatas recias de hombre recibían el nombre de "hechizos" y se vendían a dos reales; las había también en "de diecisiete sogas y doze pasadas" a 56 maravedíes; se elaboraban otras llamadas "chiquillos", de diferentes tamaños y precio hasta llegar a los de 36...

EL PRECIO DEL AZÚCAR EN EL SIGLO XVII

Era un producto muy caro en el siglo XVII. Se vendía en boticas y droguerías. En 1681 una libra, casi medio kilo, costaba en Quesada tres reales y medio y una onza se vendía a doce maravedíes. Como elemento de comparación, para valorar su alto precio, es conveniente saber que, en la misma villa, el jornal de un trabajador del campo era de dos reales. En tiempos de Felipe IV una onza de azúcar candé valía diez maravedíes. En esa época, buena parte del azúcar comercializado en España procedía de Motril, Salobreña, Lobras y Adra. Su precio por arroba era el siguiente:  el principal a 45 reales; el de guitas  a 41 reales; el que llaman quebrados  a 37 reales y el mascabado  o moreno a 25 reales. Además de los citados, en Jaén se vendían, en 1627, otros tipos de azúcar como el de retama,  a 40 reales la arroba, el azúcar candé de Lisboa, a cinco reales la libra, y el candé "de la tierra", procedente de la costa de Granada, a tres reales y medio la libra. Los datos ...

SOLES DE SEPTIEMBRE EN 1807

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"En la provincia de Madrid está el tiempo revuelto; en la de Toledo, Granada, Sevilla y Cuenca está caluroso; en la de Ciudad Real se experimentan soles picantes; en la de Extremadura está sentado; y ultimamente en las de Murcia y Córdoba está vario", ( Correo Mercantil de España y sus Indias , jueves 17 de septiembre de 1807). No tenía septiembre buena fama en el pasado. Así lo confirma el refranero, siempre tan agorero. "Por septiembre, se tiemble", decían, a la espera de la sequía continuada, de la tormenta, del granizo y, ya perdidos, de la ruina de los frutales. También nuestros antepasados aguantaron, con seguro estoicismo, días calurosos durante dicho mes. Como en aquel septiembre de 1807. No es por tanto cosa nueva y que conste para que nos sirva de consuelo, a los que reverenciamos el pasado, saber que los antiguos padecieron lo mismo. Soles picantes sobre La Mancha, sobre toda España. Resoplar de la gente goyesca y palabras fuertes en plazas y camino...

PATAS DE PALO

Chateaubriand en su Memorias de ultratumba recuerda, en los días previos a la Revolución, al reaccionario marqués de Trémargat, bretón y oficial de Marina, que con su pata de palo y sus insolencias "ganaba a muchos adversarios para su partido". Otro suceso, recogido en la misma obra, describe la visita del zar Alejandro al Hospital de los Inválidos en el París de 1814, donde pudo ver a muchos de sus antiguos vencedores en Austerlitz "silenciosos y sombríos", serios y solemnes pues "no se oía más que el ruido de la pata de palo en sus patios desiertos y en la iglesia desnuda". Cuenta Chateaubriand que el Zar "se emocionó ante el ruido que hacían estos valientes". Si recurrimos a ejemplos españoles, todos más viejos que los anteriores, podemos mencionar a un soldado que sirvió en la guerra de Granada, la de la rebelión de los moriscos, apellidado Vilches y al que llamaban Pie de palo . Era, según Diego Hurtado de Mendoza, "buen hombre de campo...