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Mostrando las entradas etiquetadas como Pérez Galdós

ESTRADOS

El Diccionario de Autoridades (1739),  definía el estrado como “el conjunto de alhajas que sirve para cubrir y adornar el lugar o pieza en que se sientan las señoras para recibir las visitas que se compone de alfombra, taburetes o sillas bajas”. Existía también la costumbre de que las mujeres se sentasen a la morisca, sobre grandes cojines. Cuando la estación lo requería, el suelo se recubría de esteras de junco como las que había, según Galdós, en Palacio, en la antecámara de las habitaciones de Fernando VII. Al entrar el otoño, las salas se recubrían de tapices. En el Entremés de la hidalguía , de Francisco de Monteser (1620-1668), se menciona el estrado como estancia propia de señoras principales. Trata la obra sobre un casamiento desigual entre una hidalga y un labrador rico. No debieron de ser raros en la España del siglo XVII y XVIII. El autor defendía, con criterios muy conservadores, que cada uno enlazase con los de su estado y se evitasen confusiones estamentales que...

CABRERA EN LONDRES

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Galdós en La campaña del Maestrazgo lo describe entre riscos y barranqueras. Azorín también lo evoca, en su "bregar afanoso y valeroso", en dicha comarca, alerta en un paisaje "áspero, luminoso, entre tomillos, cantuesos y espliegos". Desasosegado. Tramando acciones y golpes de mano, admirador de Napoleón, dado a crueldades, cortesías y actos generosos. Insensible o muy hecho al dolor ajeno y al propio, mandaba fusilar a los prisioneros sin reparo alguno. Tuvo mucho del carácter excesivo de los románticos y conoció el infierno, no a través de juegos literarios en gabinetes sino por la terrible y aleccionadora experiencia de la guerra y nada menos que en El Maestrazgo. Defensor de la Tradición y legitimista, tenía en poco las antiguas jerarquías estamentales, católico y pecador, no parecía dado a las triduos y novenas. Cuando acabó la guerra se exilió no en Austria o en Rusia sino en Inglaterra y casó bien, con Marianne Catherine Richards, una inglesa de buena ca...

LOS POBRES Y LA NOCHE DE MADRID

Los pobres de verdad pasaban el día en la calle, deambulando, mal recogidos en cafés, tabernas y figones. De tarde en tarde hacían algún trabajo, transportaban fardos o espuertas , trataban de sobrevivir con enormes apuros, atentos a lo que salía, viviendo al día. Por las noches los que no tenían un techo, que eran legión, buscaban cobijo en algún zaguán o en el pórtico de una iglesia. Los que conseguían unas monedas podían alquilar una cama en las fementidas casas de dormir. Los veranos eran más llevaderos y los inviernos, ya se sabe, siempre han sido malos compañeros para sobrellevar la miseria. En el Londres victoriano, según afirma Jack London en The people of the Abyss (1903), a los que carecían de alojamiento se les prohibía dormir de noche. Cuesta creerlo. Si esto era así, la pobretería londinense, sólo podía sentarse en un banco y dar cabezadas, bien derecha, aparentando, como si tal cosa, estar en vela y tomando el fresco. En Madrid no regía una normativa tan estricta....

UN MAYORAZGO EN LA RIOJA

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Galdós describe en De Oñate a La Granja  la vida diaria de una casa grande en La Guardia -la hacienda de Castro Amézaga- en tiempos de la Primera Guerra Carlista. El texto nos aproxima a la vida del campo de otros tiempos, dependiente ya del mercado y de los precios, con libros de cuentas, pero con muchos rasgos de una economía doméstica y cerrada, no muy alejada de patrones medievales en pleno siglo XIX. Se iniciaba la jornada con la preparación del amasijo y del horno para el pan. Se entregaba uno de cinco libras a cada pastor o campesino con la correspondiente olla de habas . Además se encendían los fogones para la comida diaria de todos los de la casa, en los que se contaba un considerable número de criados. Junto a lo anterior, la mayorazga - pues era una mujer la que conducía con todo orden y rigor la hacienda- debía revisar las cubas y el vino de las bodegas, enviando al alambique el torcido para la elaboración de aguardiente .  Había, también, que contabilizar ...

ESGRIMA DE PALO-BASTÓN

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Antes todos llevaban bastón . Había manuales que mostraban las más depuradas técnicas para utilizarlo, como medio de defensa, en las ocasiones que se pudieran presentar. En el Manual de esgrima de espada y palo-bastón  de don Antonio Álvarez García, oficial de Infantería y profesor de esgrima, publicado en 1887 se dice: "En las cuestiones ocasionadas en un momento, se ven  muchas veces luchar dos personas empleando el palo-bastón; dando el triste espectáculo de salir ambos vencedores y vencidos, por ignorar su útil esgrima". Era un lamentable espectáculo que debía evitarse. Un caballero debía esgrimirlo, si no había otro remedio, con soltura, precisión y elegancia. No como una estaca gañanesca. Un célebre especialista en estas artes fue Sherlock Holmes que en  La aventura del cliente ilustre,  (1924) declaraba a su interlocutor, describiendo un lance: "como sabe no se me da mal la esgrima con bastón. Conseguí parar casi todos los golpes. Pero dos hombres result...

LA ESPERANZA

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"Más no por ello moría el enfermo: España tenía fibra y agallas para resistir tanta calamidad; su sobriedad de mendigo le garantizaba la existencia; su pasividad fatalista le permitía seguir arrastrándose y dando tumbos, hasta que vinieran hombres y tiempos mejores, los cuales...!ay! también podía suceder que no vinieran". Benito Pérez Galdós, De Oñate a La Granja , 1898

MÁS SOBRE EL ATAVÍO DE LA GENTE DE COLETA

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El Padre Coloma conocía bien el mundo taurino. No siempre lo trataba con  benevolencia aunque no deja de percibirse en su obra el rescoldo de una vieja afición. En su obra  Pilatillo  aparece Frasquito Muñoz, conocido como  Desperdicios. Un personaje de ficción que no debe confundirse con el torero Manuel Domínguez, célebre por su desgarro y entereza. Coloma, con pocos paños calientes, describe a  Desperdicios , al de la novela no al de verdad, insisto, como "parte infinitesimal de un Paquiro o de un Redondo, que muy bien podía ser un pillo de playa, un pelón del matadero, o un recluta de presidio". No está mal el plantel de posibilidades. Los pelones de matadero debían de ser tipos de cuidado, de incierta y aperreada vida -sería asunto de interés escribir sobre ellos- pero no nos detengamos y volvamos al Desperdicios de Coloma "preso en unos calzones negros tan ajustados que parecían de punto, con faja de lana encarnada, chaquetita corta gris con...