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NAVAJAS PIADOSAS

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A finales del siglo XVIII el inquisidor general, don Agustín Rubín de Ceballos , prohibió y mandó recoger aquellas "navajas y cuchillos, que en los cabos tengan grabadas las imágenes de Nuestro Señor Jesuchristo ó insignias de su Pasión, o las imágenes de Nuestra Señora, o de otros Santos". No se consideraba respetuoso, al parecer, que se cortaran hogazas o se desollasen corderos con cuchillería tan piadosa. Menos aún que se resolviesen cuestiones y pesadumbres con una ferralla tan devota. No faltaban -es verdad- precedentes de espadas antiguas que albergaron en sus empuñaduras y pomos huesecillos de santos, fragmentos de hábitos y otras reliquias. Sin embargo no era lo mismo, es justo reconocerlo, la espada de un caballero que la navaja de un jayán. Ni daba igual combatir en las Navas o en Lepanto que participar en una pelea tabernaria. El Santo Oficio, ya a finales del setecientos, daba ya poco miedo y se dedicaba, más que nada, a rastrear papeles jacobinos y librepensa...

SOR MARTINA DE LOS ÁNGELES Y EL SANTO OFICIO

Sor Martina de los Ángeles y Arilla (1573-1638) nació en Villa Mayor, Zaragoza. Fue monja dominica y tuvo fama de santa y milagrera. Su biografía está repleta de mortificaciones terribles, de actos piadosos, desmesurados y extravagantes. Una pura expresión de la religiosidad barroca en su versión más excesiva. A finales del siglo XVIII el Santo Oficio, siempre con la desconfianza por bandera, prohibió ciertas estampas en las que sor Martina aparecía "con aureolas, y el Padre Eterno sobre su cabeza, en otras Christo y María Santísima, a sus lados, llenándola de resplandores". Los señores inquisidores mandaron también recoger "todas las Cruces, Cuentas, Piedras, tierra de su Sepulcro, que se divulgaron como reliquias"*. En la historia de su vida, escrita en tiempos de Carlos II por fray Andrés de Maya, se dice que cuando sor Martina rezaba el Rosario y las oraciones de la Pasión "cada palabra que dezía, se convertía en una Flor hermosísima; y un Angel, que ten...