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EN DÍAS CERCANOS AL CORDONAZO DE SAN FRANCISCO

En las caserías antiguas de mi tierra giennense es fácil encontrar, junto a las fachadas y puertas, altos y viejos laureles que, en los atardeceres de estos días, tienen un aire solemne, de ruina antigua. Quizás los plantaban ahí por herencia de los romanos que atribuían a esta planta un carácter protector contra los rayos. Hay plantas u objetos que atraen o rechazan el rayo. José María Castroviejo mencionó en La montaña herida cierto tipo de cardos que protegían de estos fenómenos naturales y su amigo Álvaro Cunqueiro decía, por haberlo oído de toda la vida, que los rayos se sentían asimismo, según ciertas circunstancias, atraídos o rechazados por los tesoros. También el hierro, fuente de muchas prevenciones entre los antiguos, se usaba como amuleto contra estos poderes fulgurales. En muchos pueblos estaba extendida la costumbre de poner tijeras abiertas dentro de las casas, en forma de cruz, cuando había tormentas y también para evitar otros males. Junto a estas creencias, la tradic...

CUNQUEIRO, PRINCE TOP Y LAS PATAS DE PALO

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Hace unos años escribí unas notas sobre patas de palo y pude dar cuenta del recuerdo de Chateaubriand sobre la emocionada impresión, vivida por el zar Nicolás I, cuando escuchó a modo de redoble, en el interior de Los Inválidos, el golpeteo de las patas de palo de los veteranos napoleónicos. Pocas prótesis más marciales que el parche en el ojo perdido y la pata de palo. Han sido de la predilección de generales, almirantes, soldados rasos, toreros, aventureros y piratas de todos los tiempos. Vuelvo a este asunto tras releer un artículo de Álvaro Cunqueiro precisamente dedicado a las patas de palo. Menciona nuestro autor a un vecino suyo llamado Pardo de Viabre que trabajó en París en un sanatorio para perros. Al retornar a Galicia lo hizo con uno al que, para fortuna de los dos, libró de ser sacrificado. Se llamaba Prince Top. El perro, como consecuencia de un accidente, tenía un ojo de cristal que, para su correcta conservación, se ponía cada noche en un recipiente con manzanil...

GODOY O EL ARTE DE ANDAR BIEN

Después de Fernando VII, nadie más desprestigiado que Godoy. Reconozcamos, a pesar de todo, una cualidad en el valido: su arte de andar bien. Álvaro Cunqueiro, en 1957, recoge el dato del estudio de Hans Roger Madol, Godoy, el primer dictador de nuestro tiempo. Refiere una escena de la que fue testigo el caballero Hauser, agente austriaco en Roma. Carlos IV , Doña María Luisa y Godoy estaban ya en el exilio. Éste se vestía de gran gala, de capitán general con toda suerte de placas y bandas, hacía reverencias a la borgoñona y caminaba ante los reyes con cortesana apostura. Creo yo que lo hacía por atenuar sus compartidas tristezas e improbables remordimientos. El dato en: Álvaro Cunqueiro, "Sobre el arte de andar", 1957, recogido Viajes imaginarios y reales, edición de César Antonio Molina, 1986