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Mostrando las entradas etiquetadas como Sevilla

EL AÑO DEL DILUVIO

1 626 fue llamado el Año del Diluvio por sus lluvias furiosas. En Sevilla se padecieron muchas desgracias y grandes desastres. Los temporales comenzaron el 17 de enero, al día siguiente de san Antonio Abad,  y no pararon hasta el 20 de febrero. El 24 de enero, a las doce de la noche, se desbordó el Guadalquivir.  Causaba espanto el rugido del agua y del viento. Desde los barcos, avisaban a los vecinos para que, con premura, subieran a las estancias altas de las casas si tenían en algo la vida. Los que escapaban –decía Rodrigo Caro-  gritaban: “¡Que se aniega la ciudad! ¡que se aniega la ciudad!”.  Un comentarista anónimo escribió que era “tan grande [el] estruendo y [el] ruido, que parecía que era el Diluvio general, y que era la fin del mundo”. Desde embarcaciones socorrían a los que estaban en mayor peligro. Hubo muchos actos de valor pero también infamias y pillaje. Se tocaban las campanas sin pausa y “en la oscuridad y tristeza de la noche, todo junto formaba un ...

EL VIAJE DE FELIPE IV Y LOS RECIOS TEMPORALES DE 1624

Con motivo de esta primavera lluviosa voy a recordar el viaje de Felipe IV a Andalucía en 1624. Un viaje real era empresa de mucha dificultad, trabajo y gasto. No era para iniciarlo a la ligera. Había muchos libramientos que contabilizar, numerosas partidas que barajar en una Real Hacienda quebrantada y unas arcas locales empeñadas y plagadas de trampas. Los concejos por donde pasaba la comitiva real tenían la obligación de aportar víveres, arreglar caminos y preparar aposentos. El dispendio era enorme y a todos estos gastos se unía la obligada organización de festejos y regocijos para honrar al Rey. Cada pueblo o ciudad festejaba su llegada como podía. Algunas demostraciones eran modestas e incluso ingenuas, como en Santisteban del Puerto donde, según Joaquín Mercado Egea, prepararon una iluminación con lamparillas y un cordel de cohetes "que venía uno y respondía otro". En Jaén, entre otros espectáculos y homenajes, hubo salvas artilleras desde el Castillo de Santa Catalin...

LA TUMBA SEVILLANA DE SIR ALEXANDER DUNCAN

Improvisaron en Sevilla, durante los días de la Guerra de la Independencia, un molino de pólvora. Estaba en un caserón cercano al Hospital de San Jorge, frente a la Real Maestranza de Artillería. El 29 de septiembre de 1812 se produjo una explosión cuando era visitado por Sir Alexander Duncan, mayor de la Royal Artillery. Velázquez y Sánchez -que en sus Anales de Sevilla*  lo llama, a la buena de Dios y erróneamente, Sir Arturo- lo describió como "hombre de excelentes prendas, porte gallardo y de treinta y nueve años de edad". Según  El Conciso **, unía a su bizarría un excelente carácter que le hacía ser muy apreciado en sociedad. Debía de ser muy caballero. Su resolución, al frente de sus cañones, fue decisiva en la batalla de La Barrosa , en marzo de 1811. Con tales prendas, la muerte de este "benemérito isleño" -como lo denomina la mencionada publicación - produjo un sentimiento de general pesar. Hubo, incluso, cierta polémica en la prensa de la época sobre las...

VOLATINES PARA EL CORPUS DE 1617

El 20 de mayo de 1617 Luis de Cáceres, vecino de Sevilla, se obligó ante escribano a ejecutar en la Plaza de Santa María de Jaén, el día del Corpus Christi , las siguientes proezas: " [en una] maroma gruesa las vueltas y danzas  que se hacen sobre la maroma, y metido en un costal hacer las vueltas que se hacen, y andar sobre la maroma con tablillas en los pies. Y hacer cabriolas y saltos en la maroma y las demás pruebas que se hacen. Y así mismo me obligo a volar sobre otra maroma delgada. Y tengo que dar vueltas en el tablado, y ensartar hebras de hilo por el ojo de una aguja, y hacer la prueba de los platos, huevos y vasos y espadas, y otras muchas vueltas. Y hacer la máscara indiana y, en dónde hubiere tablado y parte acomodada en las calles Maestras por donde ha de andar la procesión, me obligo de dar vueltas." Nuestro artista, por tan arriesgado y completo programa, cobraría veinte ducados. No era mala paga. Dejo al lector la consideración de precisar cuál de estos ...

UN REINO DE PASTORES

Obligado era que los españoles de siglos pasados comprendiesen y viviesen con unción el misterio del Nacimiento de Nuestro Señor. Era España reino de pastores y hermanarían a los zagalejos que acudieron a agasajar a Cristo en su pesebre, entre hielos y rigores, con  los que cuidaban puntas y hatos de ganado en ejidos y dehesas de los concejos. Sobre esta idea hago unas reflexiones en mi último artículo en Neupic . Espero que sea del interés de los selectos e ilustrados lectores de Retablo de la Vida Antigua.

PAN DE CONVENTO

La España del siglo XVI no sabía de refinamientos gastronómicos. Carnero y vaca, despojos, bacalao, cecial, una panilla de aceite, sardinas, pan y poco más. Más pobre todavía era la escudilla de los conventos reformados por santa Teresa. En sus cartas, avisos y admoniciones dio cuenta de algunas cuestiones relativas a alimentos, refectorios y cocina. Causa admiración que con condumios tan pobres se reformaran órdenes religiosas y se ganaran imperios. Sobre esto escribo en  https://neupic.com/articles/la-cocina-de-santa-teresa

LAS LLUVIAS DE 1626

Llovió con furia en España durante aquel invierno de 1626. En Sevilla comenzaron las aguas a arreciar por el día de san Antonio Abad y no pararon hasta el veinte de febrero. Se desbordó el Guadalquivir y anegó casas, atarazanas, templos y conventos. Causaron espanto el bramido de la corriente, las voces de alarma y el doblar de las campanas. Las calles parecían canales a lo veneciano. Gatos y ratones se refugiaron en los tejados dejando para mejor ocasión viejas desconfianzas y porfías. Se pronunciaron exorcismos contra los temporales. Fueron días de rogativas, plegarias y penitencias. También de muchas muertes y desgracias. Escribo sobre el Año del Diluvio en  https://neupic.com/articles/el-ano-del-diluvio

PICADOR DESPUÉS QUE FRAILE

Hubo frailes que abandonaron el claustro para hacerse soldados y correr aventuras. No pudieron resistir la tentación de la vida arriesgada. Buena decisión, en estos casos, era abrazar el oficio de torero. Refiere el marqués de Tablantes* el caso de un fraile natural de Medina Sidonia, llamado fray Alonso Pérez que, en 1819, cambió los hábitos por la vara larga de picar . Firmó, además, una escritura con la Real Maestranza de Sevilla por la que se obligó a participar en unos festejos, montando el correspondiente jaco. Llegó tal hecho a oídos del padre corrector del convento de San Francisco de Paula de dicha ciudad que, escandalizado, no dudó en ponerlo en conocimiento del teniente de la Real Maestranza mediante un escrito, fechado el 22 de abril de dicho año, en el que censuraba con severidad al fraile taurómaco. Decía: "no puedo ni debo permitir tan gran ultraje a mi santo hábito, que él vistió y profesó". Censurable era que los clérigos fuesen a los toros pero que los p...

INCIDENTES EN LA PLAZA DE TOROS DE SEVILLA EN 1748

El 13 de mayo de 1748 un soldado del Regimiento de Flandes cumplía su servicio en la plaza de toros de Sevilla. Reinaba un ambiente bronco. Había que bregar con un público intratable y díscolo. En estas circunstancias, unos espectadores decidieron bajar al ruedo, espada en mano, para herir al toro. Con el objetivo de evitarlo, el soldado repartió unos espadazos entre los más desobedientes. Al parecer se pasó en en el castigo. El paisanaje se enojó y la emprendió a limonazos contra el infante que, sin amilanarse, arremetió -con más furia todavía- contra sus agresores. Esta vez repartió estopa por los tendidos de media plaza. Era tal su enfado que tuvo que ser apaciguado por sus compañeros de armas.  El griterío debía de ser infernal. Parecía que todo iba a quedar ahí. Transcurrió la lidia y cuando se jugaba el último toro los asistentes pensaron que era el momento de saldar viejas deudas. Comenzaron a buscar al soldado en cuestión -cosa que consiguieron- y, encabezados por un clér...

LAS LLUVIAS DE 1626

Siempre se asocia el tiempo del siglo XVII a las sequías. Las hubo y muy severas. Pero también llovió lo suyo. En 1626, en particular, a raudales. El Guadalquivir se desbordó en Sevilla. Fue desastroso. Todos con el agua al cuello, en medio de los barrizales, rezando y lanzando juramentos a partes iguales. Se produjeron, además, situaciones de tono muy barroco. Recuerdan las crónicas: "todos los más conventos fueron anegados [...] y todo lo que estaba en baxa, alimentos y ornamentos se perdió y caieron muchos aposentos y paredes. Las bóbedas y sepulturas se hundieron, y muchos cuerpos anduvieron nadando". Esto último debía de ser causa de estupefacción. Y la gente asomada a ventanas, postigos y puentes ante tan fúnebre zarabanda. Tomo la cita de Memorias de Sevilla , ed. F. Morales Padrón, Córdoba 1981

EL PICADOR Y LOS BANDOLEROS

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Hubo en tiempos de Carlos III un picador llamado Juan Miguel. Aparece como tal en la plaza de toros de Sevilla, el 8 y 10 de mayo de 1764, junto a Fernando del Toro, Mateo Medina, Eduardo Casivero y José Daza. Le pagaron a nuestro personaje, en aquella ocasión, 1.200 reales y once toros de gratificación. Dice el marqués de Tablantes que era, Juan Miguel, hombre muy valeroso en la plaza y fuera de ésta. Una vez fue asaltado en Sierra Morena por una partida de ladrones. El picador, allí en despoblado y en solitario, no se amilanó ante gente de tan mala condición. Mató al jefe de los bandoleros, a uno más y puso en fuga al resto. El valor era su oficio y su destino.

SAN JUAN DE ÁVILA Y LOS ESCRIBANOS

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En el epistolario de san Juan de Ávila se recoge una carta enviada a un asistente de Sevilla. Era, este oficio de asistente, similar al de corregidor. Le preocupaba al Santo la censurable y extendida costumbre de jurar en falso, no sólo por el perjuicio que causaba al buen orden de la república, sino también por el riesgo de perder el alma en que incurrían los perjuros. En particular señalaba como los "más desenfrenados", en tan reprochable comportamiento, a los escribanos. No sólo por las componendas que organizaban en sus escritorios sino por no respetar el obligado juramento de guardar el arancel. Cobraban estos malsines, en sus escrituras y actuaciones, más derechos de lo legalmente establecido. Aparte estaba la recurrente acusación -de la que eran asimismo objeto escribanos, procuradores y alguaciles- de promover pleitos y querellas "por renzillas muy livianas" e  incluso de obstaculizar perdones, partimientos de mano y conciliaciones. Justo es reconocer,...

SOLES DE SEPTIEMBRE EN 1807

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"En la provincia de Madrid está el tiempo revuelto; en la de Toledo, Granada, Sevilla y Cuenca está caluroso; en la de Ciudad Real se experimentan soles picantes; en la de Extremadura está sentado; y ultimamente en las de Murcia y Córdoba está vario", ( Correo Mercantil de España y sus Indias , jueves 17 de septiembre de 1807). No tenía septiembre buena fama en el pasado. Así lo confirma el refranero, siempre tan agorero. "Por septiembre, se tiemble", decían, a la espera de la sequía continuada, de la tormenta, del granizo y, ya perdidos, de la ruina de los frutales. También nuestros antepasados aguantaron, con seguro estoicismo, días calurosos durante dicho mes. Como en aquel septiembre de 1807. No es por tanto cosa nueva y que conste para que nos sirva de consuelo, a los que reverenciamos el pasado, saber que los antiguos padecieron lo mismo. Soles picantes sobre La Mancha, sobre toda España. Resoplar de la gente goyesca y palabras fuertes en plazas y camino...

MISAS, GENTECILLA Y ALBOROTO

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En la España del siglo XVI la obligación de asistir a misa en las fiestas de guardar era incumplida,en no pocas ocasiones, por la gente de las capas populares y urbanas. No era tanto una consecuencia de la secularización de las costumbres como de la pérdida del hábito de la práctica religiosa. Una carta de san Juan de Ávila, dirigida al asistente de Sevilla, se da constancia del hecho pues "muchos mancebicos de diez y más años se quedan ordinariamente sin oir misa los domingos y fiestas, y se están  jugando ó haziendo otros pobres recaudos". Estos "pobres recaudos" eran, entre otros posibles entretenimientos, participar en los apedreaderos que tenían lugar los domingos junto a las puertas de la Macarena y de Córdoba. Por otra parte, reconocía San Juan de Ávila, "Ay mal aparejo en las iglesias, porque estan llenas de gente de más edad, y serles molesta la inquietud que tienen los mochachos cuando están juntos". Para evitar travesuras y ruidos, con la cons...

RAYOS Y CENTELLAS EN 1651

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El 13 de marzo de 1651 en Sevilla, cuenta un testigo, "empeçó a tronar y a relampaguear" bien recio y con grandísimos aguaceros" y "al fin caió un rayo o centella que se dixo entró por una ventana de la mas baxa de la torre de la santa iglesia maior, y que fue hazia arriba por las mismas bueltas de la torre". No acabó aquí el portento pues, vale la pena la descripición, "al campanero menor que estaba tocando a rogatiua lo mató dexándole un ojo medio saltado y el lado del carrillo como tostado y acardenalado". Otra centella entró en el convento de Capuchinos, extramuros, cerca de la Puerta de Córdoba que, con espanto general, "derribó la campana, y andubo escarmuzeando" por el coro y un desván hasta acertar, con impía y funesta  precisión, en un cuadro que había en el altar mayor.  En Salteras cayó otra centella que derribó una torre y otra más, sobre una casa, en Carmona. Fueron rayos y centellas de probado peligro pues daban vueltas y revue...

UNA BULA CONTRA EL TABACO EN 1642

Tras la lectura de la última y espléndida entrada de Pinceladas de Historia Bejarana , he recordado la obra del jesuita Alonso de Quintadueñas dedicada a explicar una bula, concedida por Urbano VIII a petición del Deán y Cabildo de la Santa Iglesia Metropolitana de Sevilla en 1642, que trataba de prohibir el consumo de tabaco en las iglesias, patios y otras áreas dependientes de su jurisdicción. Motivó tal documento pontificio "la grave indecencia con que assi eclesiasticos, como seglares profanaban las Iglesias, Sacristias, Coros, y otros lugares sagrados con el uso del tabaco". Se tomaba por la nariz, se mascaba, se fumaba o se bebía disuelto en agua. Circulaba en el coro y habia constancia de "averse algunas veces visto a algunos tomar tabaco de humo en las Capillas de las Iglesias y aun llegar a encender el instrumento a las velas de los altares, y en estos celebrando o siendo Diaconos o subdiaconos". Se daba tambien fe de los malos hábitos de los dados al tab...

GANAPANES

1649 fue año de peste. Leo una relación anónima de las calamidades padecidas en Sevilla. Junto a tantos muertos, desconsuelos y espantos, el desconocido autor dice: "vide a un abogado que auia sido juez lleuar un cuarto de carnero, i a mucha gente honrada cargada con las cosas necesarias, por que no auia de quien valerse". Así se hace constar como prueba irrefutable del desastre de los tiempos. En aquella época la gente principal, o todo aquél que se tuviese por tal, no llevaba bajo el brazo ni el más liviano paquetillo. No era sólo por comodidad, que también, sino por aparecer ante el mundo con la compostura adecuada y mostrar cierta noble ociosidad. Se podía portar, sin asombro de nadie, muleta, vara de justicia, aderezo completo de espada y daga, un misal, un memorial o, incluso, una edición de Plutarco, pero no un carrueco, una talega o un azumbre de vino nuevo sin grave demérito de la estimación general. No digamos un cuarto de carnero, da igual si acecinado o exuda...