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EL ÚLTIMO TRAGO DE DON ÁLVARO DE LUNA

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Pasó la noche en vela don Álvaro , acompañado de frailes, y se puso en paz con Dios. Al religioso que lo confesó "rogó con mucha aficción [...] que non le dexasse nin se partiesse del fasta el passo de la muerte"*. Hizo testamento y se arrepintió de sus malas acciones. Al clarear, en esa mañana de junio de 1453, se compuso, afeitó y lavó su cara. Oyó misa, recibió la comunión y, después, le trajeron un plato de guindas, del que tomó algunas, pan y una taza de vino puro. Después lo condujeron a la Plaza Mayor de Valladolid, frente al convento de San Francisco. Allí estaba el patíbulo. Tenía éste un suelo de tablas que, para adecentarlo, lo cubrieron con una alfombra. También compusieron allí un altar y fijaron un palo con un garabato de hierro. Llegó don Álvaro con una comitiva de frailes y gente armada, montado sobre una mula enjaezada de luto " con aquel gesto, é con aquel semblante, é con aquel sosiego que solía cabalgar los passados tiempos de su leda e risueña f...

LA ELEGANCIA DE ANTONIO FUENTES

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La decisión de Juan Belmonte de desprenderse de la coleta, el trato con escritores y sus sinceras aficiones intelectuales se han considerado como un gesto de ruptura con el estilo que, desde siempre, había caracterizado al torero dentro y fuera de la plaza. Belmonte que revolucionó la tauromaquia en tantos aspectos y cuya correspondencia con las vanguardias de su tiempo es evidente, no era del todo original en tales gestos. Ya el marqués de Premio Real,  en su obra Semblanzas de los toreros del día (1900), escribía lo siguiente de Antonio Fuentes: "Es exageradamente elegante en el vestir, y es reo entre la afición sevillana de haber importado el uso de corbata, los trajes de forma inglesa y otros detalles de la toilette  masculina de los señoritos". Atenuaba, eso sí, su elección que no dejase de vestir el traje corto "al que en días solemnes da la preferencia, rindiendo así pleitesía a la tradición". Junto a esto menciona Premio Real sus lujos y alardes de elegan...

CON UN BASTÓN DE JUNCO

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ALFRED DE VIGNY El  conde de Cheste   recorría las calles de Barcelona en los convulsos días de la primavera de 1867. Derecho iba el Conde, Capitán General, vistiendo levita, cubierto con sombrero de copa alta y un bastón de junco en la mano. Afrontaba peligros ciertos y no perdía jamás la compostura. Nos imaginamos a Cheste, indolente con el junco en la mano. Sólo la dureza del gesto revelaría más al guerrero que al dandy. En Servidumbre y grandeza militar de Alfred de Vigny aparece un viejo oficial de las guerras napoleónicas, el capitán Renaud, apodado Bastón de Junco . Ese bastón, del que jamás se separaba, y en el que apoyaba su marcial cojera, había pertenecido a un jovencísimo oficial cuya muerte supuso para el capitán un calvario de escrúpulos de honor y de remordimiento. Con ese bastón como única defensa, el capitán encabezaba los ataques de los tiradores sin esgrimir la espada, hasta el último momento, cuando ya era necesario batirse cuerpo a cuerpo. El dato ...

PRECURSORES DEL DANDISMO

En La dama boba de Lope de Vega se describen los utensilios que un caballero llevaba consigo para su aseo y adorno personal. Aparecen, guardados en una bolsa de piel, unas tenacillas, un alzador de copetes, otras tenacillas más para rizarse el pelo, escobilla, cepillo, peine y hormas para los zapatos. Iba también, el elegante, razonablemente provisto de ropa blanca, blanda y delgada. Estos refinamientos provocaban la indignación de los españoles de la antigua escuela.