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Mostrando las entradas etiquetadas como vida cotidiana

MARIDILLOS

En los siglos XVII y XVIII había mujeres, para soportar los fríos, se ponían bajo las faldas unos hornillos de barro con una rejuela que recibían el jocoso nombre de maridillos. En vez de ascuas llevaban, en su interior, una pieza de hierro que se calentaba previamente al fuego. Así se evitaban accidentes e incomodidades con los tizones. En realidad, con tan sencillo ingenio, guardainfantes y tontillos  y demás vestuario acampanado, hacía las funciones de la castiza mesa camilla en los fríos inviernos barrocos. Todo esto lo escribo al leer, en esta tarde de clausura -como fraile travieso castigado en cárcel episcopal- una relación de precios de 1622 en la que se indica: “maridillos ordinarios,  seys maravedis”. Se labraban en Alcorcón y se vendían en muchas partes del Reino.

ESTRADOS

El Diccionario de Autoridades (1739),  definía el estrado como “el conjunto de alhajas que sirve para cubrir y adornar el lugar o pieza en que se sientan las señoras para recibir las visitas que se compone de alfombra, taburetes o sillas bajas”. Existía también la costumbre de que las mujeres se sentasen a la morisca, sobre grandes cojines. Cuando la estación lo requería, el suelo se recubría de esteras de junco como las que había, según Galdós, en Palacio, en la antecámara de las habitaciones de Fernando VII. Al entrar el otoño, las salas se recubrían de tapices. En el Entremés de la hidalguía , de Francisco de Monteser (1620-1668), se menciona el estrado como estancia propia de señoras principales. Trata la obra sobre un casamiento desigual entre una hidalga y un labrador rico. No debieron de ser raros en la España del siglo XVII y XVIII. El autor defendía, con criterios muy conservadores, que cada uno enlazase con los de su estado y se evitasen confusiones estamentales que...

UN CORTIJO ANTIGUO

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Fotografía http://vreina.es/ http://vreina.es/ Hay un cortijo de mediados del siglo XVIII llamado Casa Grande. Está en Villanueva de la Reina, en la campiña de Jaén y cerca del Guadalquivir*. Es una hacienda de aire señorial, con sus buenas bodegas y sus tinajas empotradas en el suelo. Tiene un aljibe también muy viejo que, con un ingenioso sistema, recoge el agua decantada de impurezas. Durante la Guerra de Independencia sirvió como cuartel a los franceses. En el pueblo estuvo acantonado el ejército de Dupont y no demasiado lejos están los campos de Bailén. El muro sur del cortijo fue utilizado como paredón para fusilamientos. Había, además, en la Casa Grande una mesa vieja que, bajo un forro de cuero, ocultaba periódicos de aquellos días y un mapa, muy detallado, con las posiciones y movimientos de las tropas españolas y francesas. Esto se descubrió, no sin el lógico asombro, cuando restauraron el mueble. Allí, muchos años después, un doce de febrero, se suicidó, con un tiro ...

UN PUCHERO DEL BARROCO

Agustín Moreto (1618-1669) menciona en un entremés* el siguiente guiso: "¿Cómo no os queda nada? hay un puchero, / con chorizo, con baca, y con carnero, / con tocino, que alegra los gaznates, / con su salsa picante de tomates,/ ya picadas sus berenjenitas,/ con sus garbanzos, y sus verduritas" Condumio bien aviado y mejor guarnecido. Y los garbanzos: fundamento del cotidiano puchero de los españoles, golosina apreciada por esclarecidos ingenios,  premio de galeotes   y munición indispensable para la brega diaria. Hasta  san Juan de la Cruz  los cita en sus cartas. _________________ * Entremés de Mariquita

PULGAS PALACIEGAS

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Pulgas, chinches, piojos, ratas y ratones -de los de verdad y no de los de Beatrix Potter- acompañaban la vida de nuestros tatarabuelos. Insectos, animalillos y demás sabandijas circulaban con impunidad y desvergüenza por palacios, casas burguesas y cuartos proletarios. El  Diario de Madrid,  de 14 de marzo de 1825, anunciaba la venta de una "estampa nueva que representa la caza del piojo, manifestada en varias figuras de diferentes edades, y forman un triángulo, todas en la actitud de espulgarse". Se aseguraba, para animar al potencial comprador: "este capricho es sumamente gracioso por estar todos a un mismo tiempo en la misma operación".  Humor de otro tiempo. Podía adquirirse en el almacén de estampas de la calle Mayor de Madrid, "frente a la casa de Oñate", a dos reales en blanco y negro y a seis en color. En la primavera de 1851 hubo en Palacio una plaga de pulgas. Éstas no respetaban a nadie. Ni a la Reina que, como recoge Isabel Burdiel en su ...

LUCES DEL 98

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La noche cuenta tanto como el día y cada época tiene su luz. La luz en el Madrid del 98 era la de los arcos voltaicos de la Estación de Mediodía, también la originada por las bombillas de señales en las vías férreas o la de las mariposas de corcho, navegando como buques perdidos en agua y aceite. La luz del 98 relumbraba, modestamente, en faroles de petróleo, velas, quinqués de petróleo de sube y baja, a veces con pantalla blanca. Las sombras de la Villa y Corte se rompían por las llamaradas de las chimeneas de la Fábrica del Gas de Madrid, del gas que alimentaba los mecheros de las calles, envueltos en fundas blancas con fosforescencias de fuego fatuo. Aceras vislumbradas por faroles de sereno en las madrugadas de aguardiente, bohemia e infamia, velas de cera y sebo, venerables velones de aire velazqueño y humildes candiles de hogares proletarios. Baroja  describió, con maestría, las luces lúgubres del Hospital General y las -tímidamente- frívolas de los escaparates mod...

COSAS DEL CAMPO, DE ESPAÑOLES Y DE INGLESES

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La relación de las élites españolas e inglesas con el campo ha sido distinta a lo largo de los últimos siglos. La naturaleza del medio físico, los cambios experimentados en la propiedad de la tierra, la explotación de ésta, la función social de la nobleza y su relación con la Corte, las buenas o malas comunicaciones, la inseguridad e incluso la propia comodidad e incomodidad -extrema a veces- de las casas pueden explicar el origen de esta diferencia. Sobre esta cuestión escribo en Nueva Revista .

ALPARGATAS

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Es difícil encontrar un calzado más humilde y con mayor antigüedad.  Podía ser de lona o de lienzo muy basto, con suela de esparto, cuya producción en España está documentada nada menos que por Estrabón, o de cáñamo. Su factura era tan arcaica como la de las abarcas. En el siglo XVII las alpargatas eran confeccionadas por los cordoneros y, como es natural, por los alpargateros. Tengo noticias de esa época relacionadas con la venta en Jaén de alpargatas "de cerro", a dos reales; de estopa, a real y medio; de "alpargates finos pulidos blancos" a dos reales y un cuartillo y, para acabar, "alpargates pequeños para muchachos" a 28 maravedíes. En Granada, hacia 1622, las alpargatas recias de hombre recibían el nombre de "hechizos" y se vendían a dos reales; las había también en "de diecisiete sogas y doze pasadas" a 56 maravedíes; se elaboraban otras llamadas "chiquillos", de diferentes tamaños y precio hasta llegar a los de 36...

DE LO PROSAICO DE LA GUERRA

En Algo de mí mismo   Kipling destacaba la importancia de situar bien las letrinas en los campamentos. Lo había aprendido en la Guerra de los Boers. Era natural esta preocupación. Las bajas causadas por el tifus, el cólera y otros males podían superar a las originadas por los combates. Dos siglos antes el conde de Montemar aconsejaba construir las letrinas a unos 300 pasos de las últimas tiendas del campamento. Las llamaba, con toda corrección,  lugares comunes. Además recomendaba "que cada quatro días en verano, y cada ocho en invierno se renueven, cubriendo los hechos, y se castigará al soldado que no fuere a ellos con el cuidado que merece; por ser cosa de que depende la salud del Campo." No podemos dejar de resaltar la finura demostrada por el militar para referirse a ciertas miserias humanas con el nombre de hechos . Hay realidades que las personas bien educadas, como nuestro Conde, no tienen -necesariamente- que llamar por su nombre. Aconsejaba además: "estos lug...

MULAS BARROCAS

Es costumbre vieja adornar las caballerías con cascabeles y campanillas . En Jaén, en 1627 se vendía cada "campanilla de harriero"de latón -así consta en el documento que consulto- a tres reales. Se mencionan también "las campanillas chiquitas de pretil de mulas" -de cobre o estaño- a un real cada una. Recibían también el nombre de esquilas o esquilillas. De todo esto podría haber dado cumplida cuenta Juan Eberardo Zetzner, estrasburgués, de viaje por España en 1718. Tuvo la fortuna de recorrer los caminos en un carruaje tirado por dos mulas. Iban éstas bien pertrechadas de cascabeles y plumeros. A lo mejor tenían nombres como Capitana, Generala, Briosa, Valerosa o Peregrina .    Gloriosos tiempos en los que hasta las mulas podían ser tan solemnes como un alabardero de Palacio. Así,   Ortega , que escribió sobre el viajero, hace constar: "tanto el cochero como las mulas avanzaban con la misma gravedad española". Seriedad de los viejos caminos ibéricos, e...

SOBRE EL COSTE DE LA VIDA EN TIEMPOS DEL QUIJOTE

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Los productos de primera necesidad, y en particular los alimentos, eran  mucho más caros  en el siglo XVII que ahora. Igual ocurría con el vestido, el menaje doméstico y el utillaje de trabajo. Aparecen como objetos valiosos en los inventarios y testamentos. La abundancia de la sociedad industrial y la superabundancia de la postindustrial habrían resultado inimaginables  para las gentes del tiempo de Cervantes. Un paseo por unos grandes almacenes producirían, quizás, más asombro que los más sofisticados aparatos electrónicos o los viajes en avión.                                         En el primer tercio del siglo XVII un campesino en Jaén percibía, por día de trabajo, unos dos reales y medio que equivalían a 85 maravedíes con los que se podía adquirir, diariamente, lo siguiente: Un pan de un kilo (34 maravedíes). Un cuarto de litro de vino (6 maravedíes) Un c...

CAMPANILLAS DE BUFETE

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Hablemos de las campanillas de bufete. Descansaban junto a los memoriales que demostraban remedios universales para los males de la Monarquía. O al lado de un tratado sobre diezmos y primicias en un olvidado abadengo. Daban también una nota alegre a la monotonía de los pleitos y contrastaban en su estridencia con la grave compostura de los hidalgos, fundadores de patronatos, capellanías y mayorazgos. Eran lo único alegre en la celda de los ascetas, con los santos y los demonios tras los cuarterones de la puerta, y en los despachos de los escribanos donde la astucia acechaba por los rincones. Su modesto repique era recurso obligado para llamar al criado, amodorrado y enredador, que no con descompuestas y villanas voces. Con elegancia las agitaban los largos dedos, como de muerto, de los que vivieron en aquellos tiempos. En las anochecidas de invierno las campanillas despedían reflejos de fuego fatuo a la luz de los velones. Los latoneros las vendían en 1627: "Cada campanilla de...

SOBRE ZAPATOS DEL SIGLO XVII

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EN UNA RELACIÓN DE PRECIOS de 1681 del Concejo de Quesada, en Jaén, se establecía que cada par de zapatos de hombre de tres suelas y "hasta onçe puntos" costaría nueve reales y los de a dos suelas hasta siete reales. Debían de ser los llamados zapatos frailescos utilizados por la gente corriente, también conocidos como toribios, quizás por estar confeccionados con piel de vacuno engrasada, como sugiere Miguel Herrero, también denominados"zapatos de quebranta terrón".  Era, junto a las abarcas, de factura antiquísima, el calzado de los labradores y villanos, en el mejor sentido, que aparecen en las comedias de Lope de Vega. Su producción quedaba a cargo de modestos zapateros de obra gruesa. También en Quesada se vendían zapatos de mujer "de tacon y palillo" a ocho reales y "los de muchachos de çinco puntos de tres suelas" a seis reales.  El punto era la medida utilizada para las correspondientes tallas. Si los zapatos llevaban plantas de becer...

ARCANOS DE LA MECÁNICA Y DEL TIEMPO

Los relojes mecánicos fueron, en opinión de Ernst Jünger un invento más revolucionario que la pólvora, la imprenta o la máquina de vapor. Crearon el tiempo artificial o abstracto en contraposición al vivido de acuerdo con las estaciones y los trabajos del campo. No sin lentitud, los relojes se impusieron de forma inexorable en la vida cotidiana.  Don Manuel del Río, autor de la obra Arte de reloxes de ruedas, para torre, sala, y faltriquera, ya en el siglo XVIII, afirmaba: "España está llena de reloxes". Aunque estaba todavía marcado por lo sagrado, las horas canónicas, el santoral y el año litúrgico, la secularización del tiempo había dado su primer paso. Pero, claro está, los relojes eran máquinas complicadas. Se desajustaban, se descomponían y se rompían con frecuencia. Tras estas contrariedades estaba la mano inexperta de los sacristanes o el simple uso diario. A veces se recurría, para su reparación, a arcabuceros y cerrajeros, expertos en mecanismos de cierta comple...

EL CALOR DEL VERANO DE 1708 Y OTROS ASUNTOS DE CANÓNIGOS

Los años de 1707 y 1708 fueron muy difíciles. España estaba en plena guerra de Sucesión, hubo plagas de langosta y, encima, no paró de llover. No era mala la lluvia pero otra cosa fue aquel diluvio que empantanó caminos, provocó riadas y arrastró los puentes. Llegó a faltar el pan por la pérdida de las cosechas y por la falta de abasto al no poder los arrieros trajinar con tan mal tiempo. Tenían que quedarse en sus casas o al regular resguardo de las ventas y posadas. Para rematar el asunto la langosta arrasó lo poco que había en el campo.  El verano fue también muy duro por los calores. Los prebendados del Cabildo catedralicio de Jaén padecieron en sus capítulos unos agobios tremendos. Al no vestir con atavíos frescos, y por tratarse en tales reuniones asuntos muy áridos y no precisamente amenos, llegó el día en que no se pudo más y hubo que huir de aquel brasero. El ocho de julio de 1708 decidieron: "como en atención a los excesivos calores al tiempo presente con la ocasión del...