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Mostrando las entradas etiquetadas como intendencia y bastimentos

PAN DE CONVENTO

La España del siglo XVI no sabía de refinamientos gastronómicos. Carnero y vaca, despojos, bacalao, cecial, una panilla de aceite, sardinas, pan y poco más. Más pobre todavía era la escudilla de los conventos reformados por santa Teresa. En sus cartas, avisos y admoniciones dio cuenta de algunas cuestiones relativas a alimentos, refectorios y cocina. Causa admiración que con condumios tan pobres se reformaran órdenes religiosas y se ganaran imperios. Sobre esto escribo en  https://neupic.com/articles/la-cocina-de-santa-teresa

SOBRE EL COSTE DE LA VIDA EN TIEMPOS DEL QUIJOTE

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Los productos de primera necesidad, y en particular los alimentos, eran  mucho más caros  en el siglo XVII que ahora. Igual ocurría con el vestido, el menaje doméstico y el utillaje de trabajo. Aparecen como objetos valiosos en los inventarios y testamentos. La abundancia de la sociedad industrial y la superabundancia de la postindustrial habrían resultado inimaginables  para las gentes del tiempo de Cervantes. Un paseo por unos grandes almacenes producirían, quizás, más asombro que los más sofisticados aparatos electrónicos o los viajes en avión.                                         En el primer tercio del siglo XVII un campesino en Jaén percibía, por día de trabajo, unos dos reales y medio que equivalían a 85 maravedíes con los que se podía adquirir, diariamente, lo siguiente: Un pan de un kilo (34 maravedíes). Un cuarto de litro de vino (6 maravedíes) Un c...

FAROLES EN LA NOCHE

Una diferencia entre el pasado y los tiempos actuales reside en la iluminación de las estancias y las calles . La noche en las ciudades era sobrecogedora y peligrosa. Imaginemos las calles a finales del siglo XVIII. E incluso en el siglo siguiente. Resplandores difusos tras los vidrios y lienzos encerados, las brasas de cigarros y poco más. Por todos los lados postigos cerrados y premura para resguardarse en sitio seguro. En la calle sólo matones, gente atribulada y tipos temerarios. Terreno incierto de valientes, valentones y desgraciados. La descripción que hace Galdós del Madrid nocturno, en La Fontana de Oro , es pavorosa. También escribió   Mesonero Romanos al respecto.                                                            *** Antonio Ponz, de prosa tan antipática como ilustrada, estuvo en Londres en tiempos de Carlos ...

LAS RATAS DE JULIO

Los veranos de siglos pasados estaban unidos a los más hediondos vapores procedentes de charcos, aguas corrompidas y macabras emanaciones de camposanto. Leo en unas anotaciones viejas que, en julio de 1702, se informó al gobierno municipal de Jaén del siguiente asunto: "en las carnicerías del señor San Francisco entraban asimismo las asaduras de dichas reses de que, por ser cosa tan delicada, se originaban mui malos olores por corromperse de que las carnes tomaban aquel mal olor". Al año siguiente se informaba además que en las mismas carnicerías solían quedarse muchos caballeros sin ración de dichos despojos al ser éstos "arrastrados y comidos [por] ratas". Muy difícil de sufrir debía de ser esto para que individuos tan endurecidos, jiferos y chulos del rastro, se espantasen. Las ratas, imagino, serían como liebres medianas, bien alimentadas,  pardas, conocedoras de su terreno y capaces de amagar una tarascada al verse en apuros. Los mondongos, disputados con estac...

DEL MELÓN Y SUS PELIGROS

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En el refranero se recoge el siguiente consejo: "El melón en ayunas es oro, al mediodía plata y por la noche mata". El melón podía, además, ser fuente de serios riesgos y no por razones digestivas. Algo de esto sabía Juan de Montilla, vecino de Jaén, aporreado a principios de septiembre de 1768 "en el sitio de la Fuente de la Zarza, donde estaba guardando un melonar suio propio, por impedir a dos hombres que en él estaban cogiendo melones". No debió de ser el lance de capa y espada sino de garrote y árnica. Tampoco imaginamos a Scaramouche defendiendo melonares.

MORTIFICACIONES Y AYUNOS DE FUMADORES Y GOLOSOS

Ahora que estamos en Cuaresma no desentona recordar que, en los siglos XVII y XVIII, los españoles plantearon enconados debates sobre si fumar o beber chocolate rompía el preceptivo ayuno. Se publicaron tratados muy concienzudos dedicados a esta cuestión, como el de León Pinelo, de 1636, titulado Cuestión moral si el chocolate quebranta el ayuno  o el escrito por Tomás Hurtado,editado en Madrid pocos años después,  Chocolate y tabaco. Ayuno eclesiástico y natural si éste le quebranta el chocolate; y el tabaco al natural para la Sagrada Comunión. La polémica al respecto no era fácil de cerrar ni de resolver. No era para menos pues el católico de a pie no quería verse en el Purgatorio por una jícara de más , ni en el comprometido trance de dar unas desmañadas y titubeantes explicaciones el día del Juicio Final por haber aceptado una ruin tagarnina o un cigarro de hila y contrabando. De mediados del siglo XVIII es la obra El ayuno reformado, según práctica de la primitiva Igles...

MAÑANAS DE AGUARDIENTE

El letuario es una confitura elaborada con cascos de naranja que, acompañada con unos tragos de aguardiente, constituía el desayuno de los españoles del siglo XVII. Es a lo que Góngora asociaba a  las mañanas de invierno. En las ciudades de alguna población ambos productos eran suministrados por vendedores ambulantes, con frecuencia de origen francés. Observe el culto lector que a los españoles siempre les ha gustado lo de desayunar en la calle, costumbre económica y saludable. Pero sigamos. El aguardiente podía ser de Alanís o de Cazalla. Después, en el siglo XVIII, se vendían más los fabricados en Cataluña,  Navarra, Aragón y Valencia.También se producía en Málaga aunque en menor cantidad. Debían de ser bebidas muy fuertes, secas a más no poder. El precio de una arroba de aguardiente refinado en la Corte era, en 1797, de unos cien reales. La Real Hacienda, consciente de que era un brebaje universalmente aceptado, trató de monopolizar su venta a través de estancos, como con e...

EL CHOCOLATE DE LA TÍA MONJA DEL CONDE DE GARCÍEZ

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No debía de ser fácil hacer testamento para un aristócrata del siglo XVIII.  Sin contar con las mandas piadosas, encargos de misas y otras obras pías, había que desmadejar, con la ayuda de un notario de confianza, una nube de sucesiones en mayorazgos, vínculos, patronatos, deudas antiguas, pleitos más antiguos todavía, particiones, mandas a viejos criados, redenciones de censos, reclamaciones de ayudas de costa a la Corona,  y otras cuestiones de suma importancia. El conde de Garcíez, siempre muy señor, no olvidaba los asuntos menudos y ordenó en su testamento, otorgado en 1763,  que su tía, monja en el Convento de Santa Clara de Baeza, recibiese, durante el resto de su vida, dos arrobas de chocolate cada año. Sentiría la muerte del Conde la linajuda monja. Pero la tristeza podría atemperarse, entre rato y rato, con  la jícara, la mancerina y el soconusco. Otra muestra más de la afición española al chocolate.

REFUGIADO EN SAGRADO

Diego de Moya, tabernero de Jaén en el reinado de Carlos III, recibió un día la visita de unos dependientes del Cabildo municipal y le pidieron las medidas que utilizaba para despachar el vino. Al parecer los vasos estaban trucados y fueron destruidos por las autoridades concejiles. Le impusieron una multa de dos reales que, en honor a la verdad, no era gran cosa. Sin embargo Diego de Moya se enfrentó a los curiales, posiblemente jaleado por su clientela, no tenida por muy comedida,  y les dijo "apasionado[...] alguna cosas proposiciones no conducentes y perjudiciales a la Real Jurisdicción y los que la administran". En particular las palabras más gruesas fueron dedicadas al diputado del Común y el alguacil mayor que no debían de ser hombres de buen humor.  Pues bien, por este motivo fueron a prender al tabernero que, viéndolas venir, se escapó a gran velocidad, por unas calles de gran trasiego, y consiguió entrar en la iglesia de San Andrés. Allí estuvo unos días, contemplan...

ALGUNOS DATOS SOBRE MESONES

Los mesones eran establecimientos cuyo fin era alojar a los viajeros. Tenían menos categoría que las fondas y las posadas y se diferenciaban de las ventas en que éstas estaban en despoblado. Podían ser de propiedad concejil, señorial, eclesiástica y también particular. Poco se podía esperar de un mesón. O mucho, según se mire. El viajero recibía techo y cobijo para descansar, dormir o, por lo menos, pasar la noche. En el mesón no se proporcionaba ni vino ni comida pues el alojado debía traerlos por su cuenta. Las ordenanzas municipales y la costumbre establecían que el vino se comprase en las tabernas y la sustancia en figones y bodegones. También cabía la posibilidad de adquirir algún platillo o golosina en los numerosos puestos ambulantes si se trataba, naturalmente, de una población de importancia. En la aldea prevalecía la escasez más que la abundancia. Los mesones no eran caros. Sus precios, muchas veces fijados por el pertinaz intervencionismo de los gobiernos municipales, debía...

NIEVE Y HORCHATAS

Las botillerías eran muy populares en la España del Barroco. En estos honrados negocios se despachaban los más variados refrescos: aloja, limonadas, aguas de canela, de anís, de guindas, de escorzonera, de jazmín, de azahar y de claveles, sorbete de ámbar, garapiña de chocolate y, por supuesto, horchatas. En un pliego de cordel rescatado por Caro Baroja, El ganso en la botillería, aparece un tipo rústico que, deslumbrado por el modesto lujo de uno de estos establecimientos, describe la horchata, no sin desconfianza, como "una gacheta que parecía ajo branco". Al aldeano le ocurrió un singular trance al probarla: "al tirarme el primer trago / las quijás y los dientes / de manera se me helaron / que me queé sin sentío". Dice el romance que se quedó también "acirolao", palabra castiza que no encuentro en los diccionarios pero muy descriptiva para indicar que el cliente quedó traspuesto y con no muy buen color, entre la cruel mofa del paisanaje urbano. No estab...

COSMÉTICA BARROCA

Uno de los patios centrales del Alcázar de Madrid estaba decorado con bustos. Los que representaban figuras o personajes femeninos tenían los hombros y las mejillas pintados de colorete. Es un reflejo de la gran difusión de los afeites en la España del siglo XVII. Causaba, ese hábito de maquillarse, gran contrariedad no sólo entre moralistas y censores sino en personajes tan conocedores del mundo como Quevedo y Lope de Vega, ya precedidos en estas posiciones por humanistas italianos como Piccolomini o Castiglione. Mariló Vigil cita a Francisco Santos, autor de Día y noche de Madrid, donde se menciona la existencia de "quitadoras de vello" a domicilio que vendían, además, "pasas aderezadas, canutillos de albalyalde, solimán labrado, habas, parchecitos para las sienes, modo de hacer lunares, teñir canas, enrubiar el pelo, mudas para los paños de la cara, aderezo para las manos..".  Ya podían clamar contra los afeites unos y otros pero todas estas mixturas, al margen d...

UNA BULA CONTRA EL TABACO EN 1642

Tras la lectura de la última y espléndida entrada de Pinceladas de Historia Bejarana , he recordado la obra del jesuita Alonso de Quintadueñas dedicada a explicar una bula, concedida por Urbano VIII a petición del Deán y Cabildo de la Santa Iglesia Metropolitana de Sevilla en 1642, que trataba de prohibir el consumo de tabaco en las iglesias, patios y otras áreas dependientes de su jurisdicción. Motivó tal documento pontificio "la grave indecencia con que assi eclesiasticos, como seglares profanaban las Iglesias, Sacristias, Coros, y otros lugares sagrados con el uso del tabaco". Se tomaba por la nariz, se mascaba, se fumaba o se bebía disuelto en agua. Circulaba en el coro y habia constancia de "averse algunas veces visto a algunos tomar tabaco de humo en las Capillas de las Iglesias y aun llegar a encender el instrumento a las velas de los altares, y en estos celebrando o siendo Diaconos o subdiaconos". Se daba tambien fe de los malos hábitos de los dados al tab...

JIFEROS, CORTADORES Y OTRA GENTE DEL MATADERO

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Eran unos tipos jaques, echados para adelante, comprendidos dentro de lo que se llamaba gente del trueno. Habituales de la madrugada y devotos del aguardiente a palo seco, se dedicaban al oficio de matar, cortar y pesar reses en rastros y carnicerías. Cultivaban un estilo bronco, con marcada afición por las palabras descompuestas y el vocerío. Juraban cien veces al día. Tenían poco aguante y menos paciencia. Esto explica que aparezcan con relativa frecuencia en los legajos de los escribanos acusados de ruidos, quimeras y pendencias. Estos espejos de ejemplar ciudadanía redondeaban sus salarios con trampas y fullerías. Sustraían o compraban, bajo cuerda, carnes que después vendían a precios superiores a los establecidos por la tasa. Con las deficiencias existentes en los abastos, pues los asentistas debían de ser también de cuidado, tenían la ganancia asegurada. Conozco, en este aspecto, datos referidos a Jaén. En 1639 su concejo advirtió a todos estos dependientes que serían multados ...

LA OSCURIDAD DE PALACIO

Causaba extrañeza en italianos y franceses la oscuridad de Palacio. Quizás exageraban pero algo habría de verdad en sus observaciones. Había una estancia llamada "la Sala oscura". No era la única. Eran muchas las que no contaban con otra luz que la que entraba por las puertas y por ventanucos altos. Oscuros eran los interminables pasadizos y corredores, las escaleras, el acceso a las torres, las salas y las covachuelas. Sombríos como el disimulo, la doblez y el desengaño. Sepulcro de vivos es la Corte, decía Antonio Pérez. Con tanta tiniebla era obligado que la luz fuese polilla del bolsillo real. Carl Justi, en sus estudios sobre Velázquez, afirmó que cada año se gastaban 60.000 ducados en velas y cera. Aparte el aceite de velones y candiles. Domínguez Ortiz refiere unas cuentas de la Casa Real, en 1676, donde constan "limosnas de cera" que ascendían a 10.000 ducados. Eran partidas muy elevadas. Organizar el alumbrado de Palacio era tarea del cerero, a las órdene...

POR UNA JÍCARA DE CHOCOLATE

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"Predicó en San Gil al Consejo Real un fraile descalzo y dijo que había llegado a sus pies un penitente que mezclaba el chocolate con tierra de difuntos, que lo engrasaba mucho y hacía muy bueno, y que con esto lo vendía a muy subido precio". Pasó este suceso, contado por Barrionuevo, en el Madrid de 1657. Arcadas aparte, este producto fue adulterado con las más diversas sustancias y se le añadían propinas como pan rallado, harina de maíz y corteza seca de naranja, práctica que era perseguida por la Justicia del Rey y los veedores municipales con desigual fortuna. Se agasajaba a los más altos personajes con chocolate, en especial con las cajas de Guajaca, procedentes de Guatemala, que también eran objeto de falsificaciones para perjuicio de cándidos. El duque de Alburquerque, virrey de Nueva España entre 1653 y 1660, regaló a distintos consejeros y señores 16.000 libras de chocolate a razón de dos reales de a ocho por libra. No se contaban en esta partida las 8.000 lib...

POR ORDEN DE DOÑA MARIANA

El doctor Juan Alonso y de los Ruyzes de Fontecha era catedrático de la Universidad de Alcalá. Escribió un libro titulado Diez privilegios para mujeres preñadas , editado en 1606. Si ellas, decía el autor, ponían en riesgo la vida al traer hijos al mundo, justo era que recibiesen particulares honores. En gran medida era idea compartida por muchos españoles de aquel tiempo. Guevara en el Relox de Príncipes afirmaba que el varón "desde el tiempo en que sintiese estar su mujer preñada, ni hora ni momento se había apartar de ella, porque en ley de buen marido cabe, que emplee los ojos en mirarla, las manos en servirla, la hacienda en regalarla, y el corazón en contentarla". Ejemplo visible de estas obligaciones era el satisfacer los antojos propios de tales circunstancias. Felipe IV no fue una excepción ya que, como narra Jerónimo de Barrionuevo en un aviso de 8 de noviembre de 1657, "estando a la mesa la Reina, se le antojaron buñuelos. Fueron volando a Puerta Cerrad...