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GALGOS Y CARNEROS DEL DUQUE DE OSUNA

Lo cuenta Antonio Marichalar, marqués de Montesa, en su Riesgo y ventura del duque de Osuna (1930) .  En octubre de 1856 el zar Alejandro envió dos cartas a Isabel II por las que le daba cuenta de su acceso al trono. Se designó al duque de Osuna para que llevase la respuesta de la Reina a Rusia. Esta expedición fue legendaria por la ostentación demostrada por el aristócrata en regalos y gratificaciones. Su generosidad, principesca, alcanzó cotas fabulosas y extravagantes. En su camino al Imperio Ruso, acompañado por don Juan Valera, presentó el Duque sus respetos al Rey de Prusia que manifestó un marcado interés, entre otras cuestiones, por los carneros merinos de España. No eran ya los tiempos gloriosos de la Mesta pero la fama de los vellones ibéricos no se había olvidado. Se dice que el Duque, considerando insuficiente cualquier descripción verbal, mandó que se enviasen desde España unos pastores, un rebaño de reses merinas y sus correspondientes mastines. Aficionado a estos ges...

ÍBAMOS A REÍRNOS DE ÉL

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 Eugenio d´Ors escribió sobre Riego en 1918 cuando la Restauración iba hacia el derrumbadero: "Íbamos a reírnos de él. Pero ahora nos ha desarmado, mirándonos como en un reproche tristísimo, desde el corazón del Ochocientos; mirándonos con unos ojos asturianos y encendidos en medio del rostro amarillo, consumido por la fiebre y con una barba de ocho días".  Reírse de la ingenuidad liberal de Riego o la inminencia del espanto en el siglo XX.

LOS ESCOPETEROS DE LAS REALES DILIGENCIAS

En la España del siglo XIX eran ásperos los caminos. Las ventas no eran como aquellas posadas de las novelas de Jane Austen o como las referidas por Dickens en sus historias sobre el Club Pickwick. Aquí todo esto era distinto. Bien lo demuestra Moratín en sus notas de viaje por Inglaterra. Viajar en España era padecer fríos y peligros, mal comer y peor dormir. Y jugarse la vida a pares y nones. Cuando no eran los barrancos, acechaban los ladrones. Y los lobos, como aquellos que atacaron a la silla correo, en tierras asturianas y camino de la Corte, un primero de febrero de 1863. Fueron dos guardias civiles, con ejemplar valor y resolución, los que rechazaron a las fieras. Hace hoy 148 años. En el reglamento de mayorales de las Reales Diligencias, editado en 1835, se menciona la figura del escopetero. Tenía la obligación de proteger a los pasajeros y custodiar sus propiedades. Era obligado que los escopeteros fuesen unos hombres fogueados, conocedores de la vida de viaje. Las adver...