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LAS HORAS GRISES

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Oscilar de abedules, conspiraciones de acacias, los grises avellanos y los manzanos en flor; las flores de espino y las zarzas como rosarios del campo; fiesta de lavandas, y enebros azules, las jaras de los caminos "y el sol último de la tarde / contra las ramas de un laurel". La leyenda del fuego en el rastrojo, la oración de los zarzales y el pastor fulminado por el rayo. El olor de la leña en la ciudad, el paso antiguo de las estaciones, los anocheceres "con el fuego débil / resistiendo entre carbones. Tañidos/ de campanas y una podredumbre de nardos en el cesto". Hayedos y silencio, el hielo en el estanque y, siempre, las hojas: las de las arboledas doradas entre el cielo y las vías, las que "son tus compañeras. Las hojas amarillas / las hojas secas" que revolotean, desbordan las aceras, te recuerdan tu mortalidad y "que vencidas tras de ti / se pudren". Todo esto lo ha visto y lo ha escrito Luis Bravo. Todas estas palabras -serias, misterios...

LECTURAS DE CLASE MEDIA

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Don Felix Manuel Martínez vivió en los felices días del reinado de Carlos III. Su ocupación era la de oficial mayor de la Notaría Eclesiástica de Jaén. Estaba casado con doña Isabel Juana Cantero. No es aventurado presumir que llevaron una vida comedida y, como podremos deducir por lo que indicaremos más adelante, cristiana. Él dedicado a sus expedientes, a ir y venir al Obispado, al trato con clérigos graves y juiciosos. Ella, en la decorosa vida de una mujer de su condición, ni popular ni aristocrática. Nada más sabemos de ellos salvo los títulos de sus libros. Tenían una biblioteca modestísima, de una docena de volúmenes o poco más. En aquellos tiempos los lectores no tenían muchos libros pero, en cambio, los leían muchas veces. Inventariaron los libros y fueron tasados en 106 reales. Don Felix Manuel era propietario de ocho, algunos de gran utilidad para su ejercicio profesional. Se mencionan: "un libro de Sigüenza de claúsulas", "uno de a folio, vida de San Borxa...

POMPA Y CIRCUNSTANCIA

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No han faltado, a lo largo de la Historia, marcadas similitudes entre España e Inglaterra. Puede parecer atrevida la afirmación, pero pido al lector que la considere antes de darle patente de disparate. Inglaterra y España fueron potencias coloniales, rivalizaron en los mares y compartieron cierta insularidad pues, durante siglos, los Pirineos constituyeron un obstáculo más difícil de franquear que el Canal de la Mancha. Españoles e ingleses, guardianes arriscados de su independencia, han sido europeos -qué duda cabe- pero a su manera. Si ellos medían en pintas y yardas, nosotros lo hacíamos en azumbres, arrobas y varas; cuando ellos trasegaban grandes cantidades de té, nosotros hacíamos lo propio con jícaras de chocolate; ellos eran protestantes, nosotros católicos, apostólicos y romanos. Sus antepasados pirateaban y soliviantaban a los holandeses, los nuestros enviaron, para meterlos en cintura, los Tercios Viejos. La mala fortuna y no la falta de empuje, quede claro, impidió que...