Ir al contenido principal

SOBRE TRUCHAS Y BARBOS.

El caballero portugués Bartolomé Pinheiro da Veiga, estuvo en Valladolid en tiempos de Felipe III, cuando esta ciudad fue Corte. Don Pascual de Gayangos publicó en la Revista de España las notas que tomó de su estancia allí*. Llamó mucho la atención de Pinheiro la gran cantidad de truchas que, procedentes de Burgos y de Medina de Rioseco, se consumían en Valladolid. Decía: “nunca llegué yo a comprender, ni se puede concebir, como en ciertos días, la mitad de la población las come y se alimenta casi exclusivamente de ellas, como si fueran pescado de mar.” Algunas truchas pesaban varios arreldes, un arrelde equivalía a unos dos kilos, “y no pocas son espantables a la vista por lo crecidas”. Menciona un ejemplar que regaló el duque de Lerma a los frailes de San Pablo que, servida en un gran tablero, dio para que comiesen ochenta frailes. Muchos parecen. También menciona el viajero portugués la afición a los barbos que podían ser, algunos buenos ejemplares, de tres o cuatro arreldes. Tengo noticia, por otra parte, de que los barbos se servían fritos con tocino y picatostes de pan. A rodajas, si era lo suficientemente grande. También, en el siglo XVI, preparaban el barbo, en especial si estaba fresco, cocido en vino tinto y algo de vinagre, pimienta, nuez moscada, sal y manteca de vaca fresca. Se acompañaba con rebanadas de pan tostado. Cuando mejor calidad tenían, según decían, era por mayo.
_______________________
*He utilizado la recopilación de García Mercadal sobre viajes por España.

Comentarios

  1. En al Edad Moderna la trucha escabechada era un manjar relacionado con estas tierras. Pescadas en el río Cuerpo de Hombre su exquisitex derivaba de las puras y cristalinas aguas de la sierra en que nacían y crecían.
    Un saludo

    ResponderEliminar
  2. ¡Caramba habrá que esperar al próximo mayo!: " Cuando mejor calidad tenían, según decían, era por mayo.". Pintoresco y culinario post, tienen su gran importancia también. Saludos Cordiales.

    ResponderEliminar
  3. Es lo más importante, la calidad y no la cantidad: " Cuando mejor calidad tenían". Por ejemplo a muchos nos ha pasado que durante un tiempo hemos de forma ingenua prestado atención a la inteligencia, pero cuando pasaba el tiempo se te caía esa ilusión porque veías que había personas muy inteligentes, sí que conocían muchos datos simplemente de alguna materia, lo cual no es sabiduría, pero que luego esas personas no eran ni mínimamente agradecidas, o no sabían saludar a las personas...y te quedabas con la boca abierta diciendo...¡bah esto al final no merece la pena la inteligencia!. Sin embargo la sabiduría si que es preciosa, no se trata de saber más o menos de una materia, sino va relacionada con la bondad, con la generosidad, incluso aunque una persona no conozca tanta materia pero luego, sabe saludar , sabe agradecer hasta el mínimo detalle de una persona...eso si, que es tener clase y grandeza. Además la sabiduría viene del Cielo, la inteligencia teniendo la suficiente sobra, también es necesaria la inteligencia pero no es lo mismo la inteligencia sirviendo a la bondad que la inteligencia sirviendo a la maldad o astucia. Así me quedo con la calidad. Además hay muchos disfraces en la vida...así que siempre atentos y despiertos a los pequeños detalles, confía en el cielo y punto. Un saludo Estimado Señor Aponte.

    ResponderEliminar
  4. Por supuesto que prefiero a un Sabio, de todas todas, aunque no hay muchos y no se encuentran ahí al lado, que no a un intelectual que al final no suelen decir casi nada ni demuestran casi nada.

    ResponderEliminar
  5. ¡La pobreza de espíritu es el mayor tesoro que podemos tener!, ninguno como éste, todo lo demás no vale nada.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

MARIDILLOS

En los siglos XVII y XVIII había mujeres, para soportar los fríos, se ponían bajo las faldas unos hornillos de barro con una rejuela que recibían el jocoso nombre de maridillos. En vez de ascuas llevaban, en su interior, una pieza de hierro que se calentaba previamente al fuego. Así se evitaban accidentes e incomodidades con los tizones. En realidad, con tan sencillo ingenio, guardainfantes y tontillos y demás vestuario acampanado, hacía las funciones de la castiza mesa camilla en los fríos inviernos barrocos. Todo esto lo escribo al leer, en esta tarde de clausura -como fraile travieso castigado en cárcel episcopal- una relación de precios de 1622 en la que se indica: “maridillos ordinarios,  seys maravedis”. Se labraban en Alcorcón y se vendían en muchas partes del Reino.

COSMÉTICA BARROCA

Uno de los patios centrales del Alcázar de Madrid estaba decorado con bustos. Los que representaban figuras o personajes femeninos tenían los hombros y las mejillas pintados de colorete. Es un reflejo de la gran difusión de los afeites en la España del siglo XVII. Causaba, ese hábito de maquillarse, gran contrariedad no sólo entre moralistas y censores sino en personajes tan conocedores del mundo como Quevedo y Lope de Vega, ya precedidos en estas posiciones por humanistas italianos como Piccolomini o Castiglione. Mariló Vigil cita a Francisco Santos, autor de Día y noche de Madrid, donde se menciona la existencia de "quitadoras de vello" a domicilio que vendían, además, "pasas aderezadas, canutillos de albalyalde, solimán labrado, habas, parchecitos para las sienes, modo de hacer lunares, teñir canas, enrubiar el pelo, mudas para los paños de la cara, aderezo para las manos..".  Ya podían clamar contra los afeites unos y otros pero todas estas mixturas, al margen d…

DÍAS DE EXILIO EN INGLATERRA (1842)

En nuestro siglo XIX la experiencia del exilio fue compartida por unos y otros: liberales febriles y exaltados, circunspectos progresistas, carlistas no controlables por abrazos y convenios, republicanos de distinta obediencia y moderados. Siempre imaginamos a estos últimos como aburridos administradores y burgueses de brasero y chocolate pero no, los hubo de vida arriesgada e incorregiblemente aventurera. Uno de ellos fue el general Fernando Fernández de Cordova. Dejó constancia de esta experiencia en sus memorias, publicadas en 1889. Partió al destierro durante la regencia de Espartero. Estuvo primero en Lisboa y Évora y, desde allí, acudió a la llamada del general Narváez en abril de 1842, entonces emigrado en París. Para llegar a esta ciudad, Fernández de Córdova, pasó primero por Inglaterra. Viajó en un buque llamado Britania, cuyo capitán conocía. Hizo la travesía sin grandes inconvenientes ni padecer mareos “sin duda para no desmentir mi raza, toda de marinos”. Desembarcó en S…