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VELETAS

Las veo arriba, en la vigilia de estas noches de invierno, cercadas de montes, sobre las torres de la Catedral. Las veletas están emparentadas con los faros de las costas en su escrutinio del tiempo y de las lejanías, y dan testimonio de verdad del destino de los vientos. El presbítero don Antonio Lobera y Abío en su libro El porqué de todas las ceremonias de la Iglesia y sus misterios (1758), escribe sobre las veletas. Decía que era costumbre antigua poner sobre la cruz un gallo como símbolo de prelados y predicadores y que la veleta  “es al modo de banderila, que se vuelve a todos ayres, y está debajo de la Cruz, nos da a entender que en todo ayre, próspero o adverso, hemos de tener la Cruz sobre nosotros, que es la señal del verdadero cristiano”. 

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LA ÉPICA SOLEDAD DEL JABALÍ

“La braveza o bravura del jabalí es proverbial y épica, pues que épica Homero nos lo describe destrozando los sembrados, asolándolos cuando irrumpe en ellos de las brañas de su guarida montesa y es también proverbial y también épica su singularidad, el hecho de que obre solo y solitario, señero.”

(Miguel de Unamuno, Definición del jabalí, en La enormidad de España. La imagen: BNE, CC.)

DESPERTAR EN VENTA DE CAMINO

Comenzaba la jornada entre ladridos de perros, juramentos de arrieros y descomedidos bostezos de mozos de mulas. Por fuerza tenía que ser ruidoso el despertar de la venta. La noche, mala o regular, en estancias pequeñas o destartaladas, a las que se accedía por escaleras imposibles, con postigos de mal encaje y cuarterones desencajados, horas de mal abrigo con mantas ruanas y piojos maleados por compañeros de cuarto. Poco que ver con las acogedoras posadas de algunos relatos de Dickens. Ya entrado el siglo XIX, la implantación de las diligencias obligó a cierta mejora en los servicios de ventas y demás hospedajes. No creo, la verdad, que se cambiase mucho. Volvamos a la mañana. En un manual de diligencias de 1831, se indica que el viajero de primera, por dos reales, podía desayunar, a elegir, chocolate, café o té -con sin leche- un vaso de leche con azúcar o, para los más castizos, un par de huevos con vino. Por un real más se podía añadir, para iniciar el día y aclarar la garganta, u…

COSMÉTICA BARROCA

Uno de los patios centrales del Alcázar de Madrid estaba decorado con bustos. Los que representaban figuras o personajes femeninos tenían los hombros y las mejillas pintados de colorete. Es un reflejo de la gran difusión de los afeites en la España del siglo XVII. Causaba, ese hábito de maquillarse, gran contrariedad no sólo entre moralistas y censores sino en personajes tan conocedores del mundo como Quevedo y Lope de Vega, ya precedidos en estas posiciones por humanistas italianos como Piccolomini o Castiglione. Mariló Vigil cita a Francisco Santos, autor de Día y noche de Madrid, donde se menciona la existencia de "quitadoras de vello" a domicilio que vendían, además, "pasas aderezadas, canutillos de albalyalde, solimán labrado, habas, parchecitos para las sienes, modo de hacer lunares, teñir canas, enrubiar el pelo, mudas para los paños de la cara, aderezo para las manos..".  Ya podían clamar contra los afeites unos y otros pero todas estas mixturas, al margen d…