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EL PRIOR DE LA ROCHELA Y LOS SECESIONISTAS (1642)

Pellicer recogió en sus avisos, correspondientes al cuatro de febrero de 1642, el viaje que hicieron unos catalanes que se levantaron contra Felipe IV en busca de alianzas con Francia y Portugal. Aquí, dice Pellicer, el duque de Braganza los despidió con buenas palabras y poco más, sin compromiso alguno por su parte. Alegó que las penurias del Reino y  sus cortos medios no daban para mucho. Bastante tenían con lo suyo. A la descaminada comitiva secesionista le fue peor, según la fuente citada, en Francia. Fueron a parar a La Rochela y el Prior de esta plaza, al conocer sus fines, les dijo lo que sigue:

 “que se espantaba que los catalanes teniendo tal generosidad del Rey como el de España, que quisiesen sujetarse a otro [el de Francia] que por la menor palabra ponia a los pies la mas principal cabeça y confiscaba sus bienes y tenia puestos tantos tributos que hasta de casarse y de enbiudar le pagaban y de los criados que despedian”.


No contaban con la simpatía del público en general pues “por las calles de La Rochela los llamaban traydores i lo mismo oyeron en Paris tanto que fue forçoso les pusiesen guardia y del Rey Cristianísimo no pudieron alcançar cosa”.

Comentarios

  1. Fray Luís de León: " DE LA VIDA DEL CIELO"

    Alma región luciente,
    prado de bienandanza, que ni al hielo
    ni con el rayo ardiente
    fallece; fértil suelo,
    producidor eterno de consuelo:

    de púrpura y de nieve
    florida, la cabeza coronado,
    a dulces pastos mueve,
    sin honda ni cayado,
    el Buen Pastor en ti su hato amado.

    Él va, y en pos dichosas
    le siguen sus ovejas, do las pace
    con inmortales rosas,
    con flor que siempre nace
    y cuanto más se goza más renace.

    Y dentro a la montaña
    del alto bien las guía; ya en la vena
    del gozo fiel las baña,
    y les da mesa llena,
    pastor y pasto él solo, y suerte buena.

    Y de su esfera, cuando
    la cumbre toca, altísimo subido,
    el sol, él sesteando,
    de su hato ceñido,
    con dulce son deleita el santo oído.

    Toca el rabel sonoro,
    y el inmortal dulzor al alma pasa,
    con que envilece el oro,
    y ardiendo se traspasa
    y lanza en aquel bien libre de tasa.

    ¡Oh, son! ¡Oh, voz! Siquiera
    pequeña parte alguna decendiese
    en mi sentido, y fuera
    de sí la alma pusiese
    y toda en ti, ¡oh, Amor!, la convirtiese,

    conocería dónde
    sesteas, dulce Esposo, y, desatada
    de esta prisión adonde
    padece, a tu manada
    viviera junta, sin vagar errada.

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  2. https://www.youtube.com/watch?v=808nljgp5oA

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