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EL CIELO DEL OTOÑO



Cuando Libra haya igualado las horas del día y las del sueño y separa ya la mitad del orbe entre luz y sombras, poned los bueyes al trabajo, labradores, y sembrad en los campos la cebada hasta las lluvias finales del intratable invierno.

(Virgilio, Geórgicas, I, 8-12.)

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LA ÉPICA SOLEDAD DEL JABALÍ

“La braveza o bravura del jabalí es proverbial y épica, pues que épica Homero nos lo describe destrozando los sembrados, asolándolos cuando irrumpe en ellos de las brañas de su guarida montesa y es también proverbial y también épica su singularidad, el hecho de que obre solo y solitario, señero.”

(Miguel de Unamuno, Definición del jabalí, en La enormidad de España. La imagen: BNE, CC.)

FELICITAR LAS PASCUAS HACE TRESCIENTOS AÑOS

Don Fausto Pereyra, en su Formulario de cartas y billetes, publicado en Madrid, en 1728, nos ofrece algunos modelos para felicitar la Navidad como era debido en personas de buena crianza. Transcribo uno de los más sencillos con su correspondiente respuesta. Observe el lector la sutileza y matices en los parabienes, advertencias, obligaciones contraídas y agradecimientos.

Carta:

La Venida del Humanado Verbo, nos asegura tan ventajosas felicidades como experimentadas Misericordias en que se nos aumentan los motivos de amarle, y se nos acrecientan los de regocijarnos, festejandonos unos a otros. Con el sagrado motivo, pues de estas Pasquas, acudo ansioso a vaticinartelas tan abundantes en dones de vida, y gracia como comunica por ellas liberal la Divina munificiencia y como yo necesito que las poseas, por lo mucho que me intereso en tus prosperidades asi lo espero saber por tu aviso y el que me mandes. Dios te guarde.

Respuesta:

Por el anuncio de las Pasquas , que he merecido a tu fineza ,…

DESPERTAR EN VENTA DE CAMINO

Comenzaba la jornada entre ladridos de perros, juramentos de arrieros y descomedidos bostezos de mozos de mulas. Por fuerza tenía que ser ruidoso el despertar de la venta. La noche, mala o regular, en estancias pequeñas o destartaladas, a las que se accedía por escaleras imposibles, con postigos de mal encaje y cuarterones desencajados, horas de mal abrigo con mantas ruanas y piojos maleados por compañeros de cuarto. Poco que ver con las acogedoras posadas de algunos relatos de Dickens. Ya entrado el siglo XIX, la implantación de las diligencias obligó a cierta mejora en los servicios de ventas y demás hospedajes. No creo, la verdad, que se cambiase mucho. Volvamos a la mañana. En un manual de diligencias de 1831, se indica que el viajero de primera, por dos reales, podía desayunar, a elegir, chocolate, café o té -con sin leche- un vaso de leche con azúcar o, para los más castizos, un par de huevos con vino. Por un real más se podía añadir, para iniciar el día y aclarar la garganta, u…