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EXTREMOS, OVEJAS Y VADOS PELIGROSOS

La Mesa Capitular de la Santa Iglesia Catedral de Jaén cobraba el diezmo de los ganados extremeños, o diezmo de los corderos, que pastaban en las dehesas de Vilches, Baños de la Encina, Andújar y Espeluy.  Pasar a extremos era conducir los ganados a los pastizales de invierno o de verano. El Cabildo de la Catedral también recaudaba la renta de los carneros por la que obtuvo en 1677 unos 270.000 maravedíes. Un pastor que seguro que sabía de estas cuestiones fue Miguel Soriano,  hijo de Miguel y de Martina,  natural de Calomarde, Obispado de Santa María de Albarracín. Tuvo este serrano un fin trágico pues, según el libro de enterramientos de la Parroquia de San Miguel de Vilches, en Jaén, "no testó por aberlo encontrado la Justicia desta villa ahogado en el río Guadarrizas thermino y jurisdiccion de esta villa". La desgracia debió de pasar al vadear el pastor el río, crecido con las lluvias propias de la estación. Fue el suceso en marzo de 1761, reinando en España Carlos III.

El dato del pastor aparece en: Ángel Aponte Marín, "Entre Sierra Morena y el Guadalquivir: caminantes y peripecias", en Senda de los Huertos, 55-56, 1999.

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LA COCINA DE SANTA TERESA

No había mucho para aparejar una mesa a finales del siglo XVI. Los alimentos eran poco variados, escasos y caros. Los malos caminos, las alcabalas, las sisas y el intervencionismo municipal sobre tratos y contratos no facilitaban ni los abastos ni los precios bajos. Muchos españoles del tiempo de los Austrias se iban a dormir con las tripas desasosegadas. En los escritos de santa Teresa de Ávila hay algunas noticias sobre víveres y cocina. Nadie ha demostrado que la mística y la santidad sean incompatibles con los pucheros.

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PROTESTANTES DE EL CENTENILLO

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CORTIJOS

Por mucho que algunos digan lo contrario, hay cortijos en Andalucía desde los romanos. José María Blázquez afirma que los fundi, que bien podemos emparentar con los cortijos, comenzaron a proliferar a finales del siglo II, para adquirir plena importancia a partir del IV, aunque no sólo en Andalucía sino también en la Meseta donde eran, incluso, más ostentosos. En tiempos difíciles constituyeron enclaves autosuficientes, cercados de muros sólidos, para mejor resguardo de las bandas de merodeadores, y bajo el gobierno de terratenientes con mando en plaza, fuente de autoridad patriarcal sobre sus esclavos, colonos y libertos.



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