Ir al contenido principal

LOS ESPAÑOLES, LOS INGLESES Y AZORÍN

                                               (Spanish Battery, Tynemouth, Northumbria)

Cuando Alfonso XIII viajó a Inglaterra, en 1905, Azorín escribió unas espléndidas crónicas para ABC. Éstas se recogen, al menos en parte, en el estimable libro de Manuel María de Arrillaga, Lo que no se conoce de la vida del Rey (1955), con prólogo del conde de Vallellano y epílogo de Yanguas Messía. Azorín hace una inteligente reflexión que, como todas las suyas, hay que tener muy en cuenta aunque no deja de provocar cierta sorpresa:

"todos los prejuicios que sobre él [el pueblo inglés] tenemos los meridionales, se desvanecen cuando se les visita. No hay nación que se parezca más a la nuestra que Inglaterra. Los ingleses lo dicen y todos los españoles residentes en Londres lo confirman".

Parece una ocurrencia pero, si le damos unas vueltas a esta idea -como hacíamos hace un tiempo al citar el estudio de Ignacio Peyró- descubrimos que han existido notables semejanzas entre ambas naciones, mucho más evidentes hace cien años que ahora: el relativo aislamiento geográfico propiciado por el Canal de la Mancha y los Pirineos, la desconfianza hacia Francia cuando no una abierta hostilidad hacia sus pretensiones hegemónicas, la presencia de separatismos, el monarquismo, todavía muy sólido los tiempos de Azorín, un fuerte sentimiento de independencia -muy resaltado para el caso español, y en todo momento, por Anthony Eden en sus memorias-  y el individualismo esencial e irreductible de nuestros mejores momentos. También la impronta de lo religioso en la política así como la compartida condición de haber sido potencias imperiales y marítimas. El abandono inglés de la Unión Europea bien puede interpretarse como el rechazo irresistible de la vieja monarquía oceánica hacia las complicaciones e inoportunos compromisos continentales. Nuestra rivalidad, nuestros más y nuestros menos con Inglaterra son explicables a partir de estas coincidencias. Y también -aunque creo que esto ya no es así- la enigmática dificultad de españoles e ingleses para aprender otros idiomas, asunto sobre el que se ocupó, en algún momento, Ortega. En fin, si ellos medían su imperio en millas y yardas, nosotros lo hacíamos en leguas, varas, fanegas y celemines y si ellos ahogaban sus penas en pintas y medias pintas, nosotros en azumbres y cuartillos.



Entradas populares de este blog

LA COCINA DE SANTA TERESA

No había mucho para aparejar una mesa a finales del siglo XVI. Los alimentos eran poco variados, escasos y caros. Los malos caminos, las alcabalas, las sisas y el intervencionismo municipal sobre tratos y contratos no facilitaban ni los abastos ni los precios bajos. Muchos españoles del tiempo de los Austrias se iban a dormir con las tripas desasosegadas. En los escritos de santa Teresa de Ávila hay algunas noticias sobre víveres y cocina. Nadie ha demostrado que la mística y la santidad sean incompatibles con los pucheros.

Aunque las Constituciones de las Carmelitas Descalzas, dispuestas por santa Teresa, imponían con claridad la prohibición de comer carne, había situaciones en las que se daba licencia para su consumo Así, en marzo de 1572, pedía a su hermana, doña Juana de Ahumada, unos pavos para las monjas de la Encarnación de Ávila. A inicios de 1573 daba las gracias por el envío de sesenta y dos aves para unas monjas enfermas del mismo convento. En octubre de 1576 escribía al P…

PROTESTANTES DE EL CENTENILLO

Los ingleses explotaban las minas de plomo de El Centenillo, a pocos kilómetros de La Carolina, ya en Sierra Morena. Allí estaba instalados los Haselden, una familia inglesa, que corrió aventuras y trabajos en el pueblo y la comarca. Entre sus componentes podemos recordar a Arthur Haselden. Don Arturo, conocido así por el paisanaje, fue secuestrado en 1874 por unos facinerosos que obtuvieron un cuantioso rescate de 5.800 libras. En esos tiempos, Andalucía podía ser un lugar peligroso. Su hija, Mary Ethel Haselden, llamada por los del pueblo "doña Eze", según leo en Luis García Sanchez-Berbel, hacía proselitismo protestante entre los mineros, acompañada por una criada española llamada Flora y previamente catequizada. Llegó a existir en el poblado una iglesia de esta obediencia. Allí, los ingenieros ingleses y algunos mineros convertidos cantarían los domingos sus himnos como si estuviesen en Gales o en el Yorkshire. Entre los neófitos destacó un vecino llamado Raimundo Parril…

CORTIJOS

Por mucho que algunos digan lo contrario, hay cortijos en Andalucía desde los romanos. José María Blázquez afirma que los fundi, que bien podemos emparentar con los cortijos, comenzaron a proliferar a finales del siglo II, para adquirir plena importancia a partir del IV, aunque no sólo en Andalucía sino también en la Meseta donde eran, incluso, más ostentosos. En tiempos difíciles constituyeron enclaves autosuficientes, cercados de muros sólidos, para mejor resguardo de las bandas de merodeadores, y bajo el gobierno de terratenientes con mando en plaza, fuente de autoridad patriarcal sobre sus esclavos, colonos y libertos.



Cuando el Imperio Romano de Occidente se hundió, en el siglo V, sólo permaneció, en palabras de FW Walbank en su obra La pavorosa revolución, lo que estaba arraigado en la tierra: el cultivo de la viña, las antiguas fronteras, las murallas de las ciudades y los edificios. Yo añadiría que también los cortijos. Fueron los parientes pobres de los monasterios y de los ca…