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LA FUGA DE DOS BANDOLEROS (1766)

                                                (Casas del Cabildo de Baños de la Encina, Fotografía de Diego Muñoz-Cobo.)

No es cuento, Sierra Morena era un lugar muy peligroso hasta la fundación de la Guardia Civil, la construcción del ferrocarril y la difusión del telégrafo. La causa era el bandolerismo. Frente a interpretaciones románticas y supuestas justificaciones sociológicas o económicas, la actuación impune de partidas de ladrones en los montes españoles, no sólo en Sierra Morena, supuso la comisión de crímenes horrendos, robos, secuestros y demás desmanes. También, por supuesto, un serio obstáculo al comercio, las comunicaciones y una pérdida incalculable de ingresos para la Real Hacienda como consecuencia del contrabando. La tolerancia y la complicidad, de buen grado o forzada, del paisanaje y de las autoridades locales originaron que en comarcas enteras no se hiciese presente la acción del Estado, incapaz de proteger vidas y bienes. Creo que estas fueron las circunstancias que explican el caso que voy a relatar, ocurrido en Baños de la Encina, en la provincia de Jaén, cerca de Sierra Morena. El espacio en el que se desarrollaron los hechos es conocido por la mayoría de los lectores pues es ruta obligada en el camino de Madrid a Cádiz, pasados Despeñaperros, La Carolina, Guarromán y en las proximidades de Bailén.

En 1766 estaban en la cárcel de Baños de la Encina dos bandoleros llamados Manuel Urbán Jordán y Juan Agudo: "se hallaban capturados en ella por el hurto que habían cometido en el sitio de Carvoneros, junto a El Zerrillo que dicen de los Ladrones, compreendido en la deesa de Martin Malo, jurisdiccion de la ziudad de Baeza". Estos lugares bien justificaban un prudente rodeo para no pasar por ellos. Nada menos que Pablo Olavide, inspirador y gobernador de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena, describió el Arroyo de Carboneros como un lugar ominoso donde se cometían los crímenes que inspiraban "más terror a los pasajeros". El paraje, para amenizar al viajero, "aún se mantenía poblado de miembros cortados puestos por orden de la Justicia para escarmiento".

Un día, estos dos individuos -Urbán y Agudo- se fugaron del calabozo "por la fractura que hicieron de sus prisiones y quebrantamiento de una de las paredes principales del calavozo de esta dicha villa [...] a causa de la poca seguridad y defensa de dicha paredes, por ser estas muy antiguas y llenas de salitre las tapias de su construzion".No parece un caso insólito y tampoco era la primera vez que un reo se fugaba de la cárcel de la villa. Las carceles en los siglos XVII y XVIII estaban muy lejos de ser lugares inexpugnables y rigurosamente vigilados pero el relato del escribano, cuyo texto reproduzco, parece dudoso. Que una pared de tapial, cal y canto fuese derribada sin que nadie -ya fuese vecino, alguacil o alcaide- se apercibiese no es creíble. El alcaide en particular, que era también alguacil mayor de la villa, al tener conocimiento de la fuga, se refugió en la Ermita de Jesús del Llano, acogido a sagrado a pesar -decía- de haber perseguido a los presos sin conseguir capturarlos.

Un año más tarde, en octubre de 1767, Manuel Urbán volvió a ser detenido. Fue interrogado sobre los detalles de su fuga y declaró haber recibido ayuda de una mujer llamada María de San Pedro y del alcalde ordinario y "primer asiento" - un regidor con ciertas preeminencias- del cabildo municipal de Baños, don Gabriel Antonio Lechuga y Galindo. Este personaje, de los poderosos del pueblo, negó tal acusación pero sabemos que fue encarcelado. No faltarían indicios claros aunque verse en un calabozo, con grilletes en los tobillos, era cosa fácil en aquellos tiempos. Unos años después, en 1770, el alcalde en cuestión era procesado "por un exceso cometido por el otorgante y por los dos escribanos del Número de dicha villa -probablemente uno de ellos era autor de la relación mencionada- y por Juan Alonso Montesinos, alcalde asimismo de ella".
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Más datos en: Ángel Aponte Marín, "Algunas notas alrededor de un caso de bandolerismo en Baños de la Encina", Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, 154, 1994. Texto completo aquí.

Comentarios

  1. Precisamente por ese peligro tan grande a causa del bandolerismo se crearon nuevas poblaciones como las de Guarromán, Aldeaquemada, Navas de Tolosa o La Carolina. Tiempos muy complicados aquellos.
    Un saludo.

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    1. Así es, don Cayetano. Y no se evitaron estos robos y demás barbaridades hasta pasados muchos años.
      Saludos, don Cayetano.

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  2. Me da en la nariz que el alcaide bien tuvo que ver en la fuga de los dos reos al poner pies en polvorosa y acogerse a sagrado. Inexpugnable no sería la cárcel, pero de sordera no creo que padecieran todos los carceleros. Con buenos reales se compran voluntades.
    Un saludo

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    1. Desde luego. Buenos reales, como usted muy bien dice, y el miedo en el cuerpo al vérselas con personajes tan patibularios.

      Saludos, doña Carmen.

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  3. Por mucho romanticismo que se le quiera atribuir hoy, el bandolerismo fue un terrible azote para España.
    Un saludo.

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    1. Estamos de acuerdo, señor de la Terraza. Eran criminales y muy peligrosos. Los asaltos en despoblado, me da la impresión, duraron mucho más de lo que se piensa.
      Mis saludos.

      Ps: perdone la tardanza en la respuesta pero no me ha llegado la notificación de su comentario y lo he visto tarde.

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