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MÁS SOBRE ARTILLERÍA ANTIGUA

Felipe IV estuvo en Jaén los días 11 y 12 de abril de 1624. Recorría Andalucía por aquellas fechas. La idea del viaje fue del conde duque de Olivares. Las ciudades con voto en Cortes mostraban cierta resistencia en autorizar la concesión de nuevos servicios. Algunos caballeros veinticuatro se había tomado muy en serio la necesidad de reformar la Monarquía. La presencia regia, pensaba don Gaspar de Guzmán, serviría para limar asperezas y suspicacias. Se repartirían promesas, advertencias y mercedes -hábitos, juros y otros premios- para que se diese al Rey lo que pedía. Con el fin de dar lustre a la llegada del Rey, el Cabildo municipal acordó la compra de seis arrobas de pólvora para las salvas de honor. Se prepararon los ocho morteros que había en el Castillo de Jaén  Se añadieron también cincuenta mosquetes.  Mucho hubo que afanarse en aderezar los morteros pues - al menos esa es mi impresión- llevaban mucho tiempo inactivos, allí medio olvidados. La pólvora era cara y, además, muy escasa pero un día era un día. El encargado de comprarla fue don Gaspar de Biedma y Narváez, caballero, soldado veterano e hijo y hermano de soldados probados. Era comisión propia para persona entendida. No fuese a fallar la pólvora y se hiciese de las salvas un pobre petardeo, con el consiguiente sonrojo del Cabildo. No fue así, gracias a Dios y quedó muy bien la Ciudad. El fuego artillero parecía, según Ximénez Patón, "como si fuera en Larache, o la Mamora".

Gobernaba la tormentaria Salvador Caro de Rojas, visitador de la artillería de los castillos y fortalezas de Jaén y teniente de alcaide de Otiñar. Ésta era una vieja fortaleza, metida entre los montes, en el camino hacia el Reino de Granada.  Allí se mantiene todavía, en no muy mal estado si se tiene en cuenta  su venerable antigüedad. Caro de Rojas era considerado, según el ya mencionado Ximénez Patón, como"uno de los mejores artilleros que tiene España" y afirmaba haber "oído decir a artilleros prácticos, que es particular inclinación que tiene a este arte, y  que con su mucho estudio, cuidado y vigilancia, puede ser comparado con los mejores de todo el orbe". No se quedó corto en los elogios. Caro de Rojas fue, además, jurado en el Concejo de Jaén desde 1630 por renuncia de Rodrigo de Chinchilla. Creo que sabía más de morteros y culebrinas que de cuentas, padrones y pleitos.


Sobre Caro de Rojas y el viaje del Rey: Ortega y Sagrista, Rafael, "La visita de Felipe IV a Jaén", Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, 98, 1978 y Aponte Marín, Ángel, Reforma, decadencia y absolutismo. Jaén en el reinado de Felipe IV, 1998

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