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LIBRE COMPETENCIA Y QUIEBRA MUNICIPAL EN 1701

En 1701 Lucas Rodríguez y Sebastián Soriano, vecinos de Baños de la Encina, en el Reino de Jaén, denunciaron ante las autoridades municipales de dicha villa, a Juan Rodríguez de Espinosa. La acusación consistía en que "está vendiendo en la casa de su morada de todos cuantos géneros hay de especiería, siendo así que nos los otorgantes somos los arrendadores de los puestos de tiendas y no vendemos porque el susodicho nos haze mala obra y todos los demás vezinos desta villa acuden a comprar a dicha su casa".

 El problema era complejo. Los concejos estaban en una situación de quiebra desde finales del siglo XVI. Sus principales fuentes de ingresos eran las sisas, los arbitrios y el arrendamiento de propios y bienes comunales. También intervenían en otros campos de la actividad económica. Los comerciantes, por ejemplo tenían, con frecuencia, que arrendar tiendas y puestos al propio municipio. Debían vender a precios altos para obtener un margen de ganancia, para poder vivir y además pagar a las autoridades municipales los correspondientes derechos. Pero, sin duda, la gente corriente era la más perjudicada. Una de las causas de las penurias y  los altos precios, padecidos en las sociedades del Antiguo Régimen se debía a este intervencionismo feroz. En especial afectaba a los productos de primera necesidad y a los más pobres. Un ejemplo evidente era el encarecimiento y el desabastecimiento de pan provocado por la tasa del trigo. También el concepto mercantilista de la economía se trataba de adaptar al ámbito local. La ciudad o el pueblo se consideraba, hasta cierto punto, como un espacio cerrado. El miedo a la libertad económica es muy antiguo y todavía está muy arraigado.

Había, sin embargo, tenderos que vendían sus mercancías por libre y a precios más bajos. Era el caso de Juan Rodríguez de Espinosa. Los clientes, al parecer, acudían con entusiasmo a su tienda. La irritación de los especieros de Baños de la Encina que pagaban altos impuestos, rentas a la hacienda municipal y, forzosamente, vendían más caro crecía por días. De dónde sacaba sus mercancías el tendero denunciado es un misterio. Que practicase algún tipo de pequeño contrabando e introdujese productos varios en la villa, burlando o sobornando a los guardas de millones, es perfectamente posible.

 La Justicia tomó cartas en el asunto y le embargó las mercancías que resultaron ser pocas. Es muy probable que las consiguiese esconder antes de la llegada de los alguaciles. Fernando Hidalgo,vecino de Baeza, que, creo entender, era  su socio describe lo intervenido: "una poca ropa y otros trastos que tiene en esta villa  puesta tienda de mercader". Rodríguez de Espinosa fue encarcelado pero salió en libertad previo pago de una fianza. Así consta en las correspondientes escrituras notariales.

Comentarios

  1. Es que a eso se le llama competencia desleal.
    A ver si toma nota Marianito y no sube el IVA.
    Un saludo.

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  2. Competencia desleal o pura supervivencia. Desde luego los impuestos altos son el recurso fácil y más perjudicial para la actividad económica de todo tipo.

    Saludos, don Cayetano.

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  3. Lo cierto es que como dice Cayetano, en condiciones normales lo que hacía el señor Rodríguez de Espinosa es competencia desleal. Lo que ocurre es que cuando el hambre acucia, cada uno se busca su sustento como dios le da a entender. Entiendo a las dos partes.

    Muy curiosa la entrada. Un saludo.

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  4. He leído recientemente que el gobierno español ha decidido prohibir el alquiler de pisos particulares a turistas. Responde, entiendo, a la queja de los hoteleros que protestan tener que atenerse a reglas hosteleras, mientras que los particulares puedan hacer caso omiso de ellas y alquilar sus aposentos a menor precio. Hay algo en esto que es justo y al mismo tiempo arbitrario.

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  5. Estimado Retablo, la entrada de hoy me ha parecido muy interesante.
    Sin duda, en esta entrada se manifiestan tres de los muchos inconvenientes y perjuicios que conlleva el excesivo intervencionismo estatal en la economía: la presión fiscal desmedida, la falta de competencia y el intrusismo laboral.
    Otro gran inconveniente del intervencionismo estatal fue la existencia de los gremios, que impidieron la libre competencia y, por ende, el desarrollo y crecimiento de nuestra economía.

    Don Benigno Carballo en una conferencia pronunciada en el Ateneo de Madrid (23 de enero de 1800) apuntaba: “Sin la libertad económica, la libertad política es estéril, pero sin esta última la primera carece de garantías”.

    Merece la pena consultar el artículo de Pedro Fraile Balbín en el último número de La Aventura de la Historia (Nº 177, julio de 2013, páginas 10 y 11).

    Un saludo

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  6. La actividad comercial del tendero Rodríguez de Espinosa podía ilegal pero, a mi modesto entender, no se le puede dar el carácter de competencia desleal pues, sencillamente, no había tal competencia (ni leal ni desleal) desde el momento en que, probablemente, no podía obtener una licencia para abrir su negocio. Eran los ayuntamientos los que las concedían y, por tanto, impedían el acceso al mercado salvo que se contase con los adecuados contactos.

    Por su parte los merceros que pagaban arbitrios, sisas, alcabalas y todo tipo de cargas fiscales estarían, justamente, enojados aunque también obtenían el beneficio de controlar un sector -por limitado que fuese- de la economía local.

    Estaremos, de acuerdo, en que los grandes perjudicados eran los vecinos, los consumidores.

    Muchas gracias por su comentario, amigos anónimos castellanos.

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  7. Lo de los alquileres es una muestra más de intervencionismo. El propietario de un apartamento debe tener garantizado su derecho a arrendar su inmueble y el turista a alquilarlo. Si se le ponen demasiadas trabas al turismo éste buscará otros destinos, no le quepa a usted la menor duda. Y al final resultarán perjudicados todo el sector hostelero, los propietarios de apartamentos y la propia Hacienda que recaudará menos impuestos. España ha sido un país de destino de millones de viajeros sin estas trabas. En fin.

    Saludos, señor Anónimo, y gracias por su comentario.

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  8. Así es, don Juan Carlos. El modelo económico mercantilista era erróneo incluso dentro de unos condicionantes anteriores a la Revolución Industrial y a la formación de los propios mercados nacionales.

    La afirmación de Benigno Carballo me recuerda a lo que Hayek expone en Camino de Servidumbre. La libertad política es imposible sin libertad económica. Y ésta tampoco puede existir sin un marco jurídico estable y seguro.

    Muchas gracias por su comentario.

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  9. Estupendo post que sin duda hace meditar.Tiene usted toda la razón, sin un marco jurídico que garantice
    la estabilidad y la seguridad al ciudadano la libertad política es imposible
    Un placer volver a leerle.
    Saludos

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  10. Muchas gracias, doña Ambar. No es sólo el mercado -imprescindible- sino también la seguridad jurídica y un estado limitado y sólido lo que hace prosperar a las naciones. Es la gran tradición liberal. Ni más ni menos.

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