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LA INMACULADA CONCEPCIÓN Y LOS DOMINICOS

La Orden de Predicadores tuvo un crecimiento modesto en la época de los Austrias. Una causa de este hecho, según Antonio Domínguez Ortiz, pudo ser su actitud crítica respecto a la creencia en la Inmaculada Concepción de María. Las disputas, relativas a esta cuestión, fueron muy intensas en la España del XVII y no sólo en ámbitos eclesiásticos. Los dominicos llevaron las de perder. En Sevilla, indica Domínguez Ortiz, bandadas de muchachos los abucheaban mientras la gente cantaba, con unción, las coplas marianas de Miguel del Cid. Las controversias se convertían, día a día y al margen de su fundamento teológico, en un potencial problema de orden público. Por razones menores se amotinaba la gente llana. En el bienio 1615-1616 las tensiones existentes al respecto desvelaban al gobierno de la Monarquía. Roma, a pesar de las continuas peticiones de la Corona española, no se pronunciaba aunque sí llegó a prohibir las opiniones contrarias a la fe inmaculista. Tal disposición afectaba directamente a los dominicos. Éstos se quejaban, con cierta razón, pues decían ser prudentes teólogos, fieles defensores de la ortodoxia católica - nada menos que el nervio del Santo Oficio-y devotos sinceros de la Virgen. Con sus criterios, decían, no atentaban contra dogma alguno. A pesar de todo, su impopularidad creció por días. Ya en los años finales del reinado de Felipe IV, el Consejo de Castilla llegó a amonestar a la Orden por los alborotos que provocaban sus frailes en los sermones. Medidas similares se tomaron en Indias. Por su parte, cabildos municipales, gremios y distintas corporaciones exigían a sus miembros votos solemnes y el juramento de defender la Inmaculada Concepción de María.

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LA COCINA DE SANTA TERESA

No había mucho para aparejar una mesa a finales del siglo XVI. Los alimentos eran poco variados, escasos y caros. Los malos caminos, las alcabalas, las sisas y el intervencionismo municipal sobre tratos y contratos no facilitaban ni los abastos ni los precios bajos. Muchos españoles del tiempo de los Austrias se iban a dormir con las tripas desasosegadas. En los escritos de santa Teresa de Ávila hay algunas noticias sobre víveres y cocina. Nadie ha demostrado que la mística y la santidad sean incompatibles con los pucheros.

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