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TRATARSE POR CARTA

Los españoles de los siglos XVI y XVII descubrieron y se aficionaron al correo. En 1580 se abrió en la Puerta del Sol de Madrid una estafeta en la que los particulares podían enviar o recoger sus cartas. Ya no era el correo un medio sólo destinado a los más graves asuntos de la Monarquía. Una villa de la España interior como Pozoblanco, en el Reino de Córdoba, tenía en 1622, dentro de sus modestos gastos, una asignación especial para correos. Años antes, el Concejo de Jaén, apremiado a hacer ajustes muy estrictos en sus cuentas, que en esto como en todo hay pocas cosas nuevas, consideraba imprescindibles los gastos destinados a correos y estafetas por ser necesarios al bien público. El desarrollo del estado, desde el final de la Edad Media, y el propio nacimiento del mundo moderno son incomprensibles sin estos modestos pliegos que, en unos cuantos días, recorrían extensos espacios. Las propias relaciones personales así como las complejas redes de patronazgo se configuraban a través de las cartas. En 1614 el licenciado Jerónimo de Quesada, secretario del Santo Oficio y maestro de ceremonias de la Catedral de Jaén, afirmaba que don Juan Coello de Contreras, futuro consejero de Castilla, era deudo del conde de Barajas, del cardenal Zapata y del inquisidor Zapata "y como tales se comunican y se tratan por cartas". Se aportaba este hecho, como prueba de las relaciones familiares con tan alto personaje, para acreditar la nobleza de don Juan, que aspiraba a conseguir un hábito de Santiago.

Sobre obras pictóricas relacionadas con las cartas pueden consultarse un par de excelentes artículos en el blog Ars Vitae

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LA COCINA DE SANTA TERESA

No había mucho para aparejar una mesa a finales del siglo XVI. Los alimentos eran poco variados, escasos y caros. Los malos caminos, las alcabalas, las sisas y el intervencionismo municipal sobre tratos y contratos no facilitaban ni los abastos ni los precios bajos. Muchos españoles del tiempo de los Austrias se iban a dormir con las tripas desasosegadas. En los escritos de santa Teresa de Ávila hay algunas noticias sobre víveres y cocina. Nadie ha demostrado que la mística y la santidad sean incompatibles con los pucheros.

Aunque las Constituciones de las Carmelitas Descalzas, dispuestas por santa Teresa, imponían con claridad la prohibición de comer carne, había situaciones en las que se daba licencia para su consumo Así, en marzo de 1572, pedía a su hermana, doña Juana de Ahumada, unos pavos para las monjas de la Encarnación de Ávila. A inicios de 1573 daba las gracias por el envío de sesenta y dos aves para unas monjas enfermas del mismo convento. En octubre de 1576 escribía al P…

PROTESTANTES DE EL CENTENILLO

Los ingleses explotaban las minas de plomo de El Centenillo, a pocos kilómetros de La Carolina, ya en Sierra Morena. Allí estaba instalados los Haselden, una familia inglesa, que corrió aventuras y trabajos en el pueblo y la comarca. Entre sus componentes podemos recordar a Arthur Haselden. Don Arturo, conocido así por el paisanaje, fue secuestrado en 1874 por unos facinerosos que obtuvieron un cuantioso rescate de 5.800 libras. En esos tiempos, Andalucía podía ser un lugar peligroso. Su hija, Mary Ethel Haselden, llamada por los del pueblo "doña Eze", según leo en Luis García Sanchez-Berbel, hacía proselitismo protestante entre los mineros, acompañada por una criada española llamada Flora y previamente catequizada. Llegó a existir en el poblado una iglesia de esta obediencia. Allí, los ingenieros ingleses y algunos mineros convertidos cantarían los domingos sus himnos como si estuviesen en Gales o en el Yorkshire. Entre los neófitos destacó un vecino llamado Raimundo Parril…

CORTIJOS

Por mucho que algunos digan lo contrario, hay cortijos en Andalucía desde los romanos. José María Blázquez afirma que los fundi, que bien podemos emparentar con los cortijos, comenzaron a proliferar a finales del siglo II, para adquirir plena importancia a partir del IV, aunque no sólo en Andalucía sino también en la Meseta donde eran, incluso, más ostentosos. En tiempos difíciles constituyeron enclaves autosuficientes, cercados de muros sólidos, para mejor resguardo de las bandas de merodeadores, y bajo el gobierno de terratenientes con mando en plaza, fuente de autoridad patriarcal sobre sus esclavos, colonos y libertos.



Cuando el Imperio Romano de Occidente se hundió, en el siglo V, sólo permaneció, en palabras de FW Walbank en su obra La pavorosa revolución, lo que estaba arraigado en la tierra: el cultivo de la viña, las antiguas fronteras, las murallas de las ciudades y los edificios. Yo añadiría que también los cortijos. Fueron los parientes pobres de los monasterios y de los ca…