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LA ELEGANCIA DE ANTONIO FUENTES


La decisión de Juan Belmonte de desprenderse de la coleta, el trato con escritores y sus sinceras aficiones intelectuales se han considerado como un gesto de ruptura con el estilo que, desde siempre, había caracterizado al torero dentro y fuera de la plaza. Belmonte que revolucionó la tauromaquia en tantos aspectos y cuya correspondencia con las vanguardias de su tiempo es evidente, no era del todo original en tales gestos. Ya el marqués de Premio Real,  en su obra Semblanzas de los toreros del día (1900), escribía lo siguiente de Antonio Fuentes: "Es exageradamente elegante en el vestir, y es reo entre la afición sevillana de haber importado el uso de corbata, los trajes de forma inglesa y otros detalles de la toilette masculina de los señoritos". Atenuaba, eso sí, su elección que no dejase de vestir el traje corto "al que en días solemnes da la preferencia, rindiendo así pleitesía a la tradición". Junto a esto menciona Premio Real sus lujos y alardes de elegante pues "se viste tres o cuatro veces al día como cualquier gomoso; frecuenta los círculos y reuniones de la afición más distinguida; tiene coche; y en joyas y caprichos gasta un dineral". Antonio Fuentes no renunciaba a la posibilidad, incluso, de ir más allá del señoritismo castizo y convertirse, si no en un dandy, si en un gentleman. La voluntad de distanciarse de la imagen tradicional del torero no era nueva. Adrian Shubert menciona como precursor de esta tendencia a Francisco Montes y, por supuesto, a Mazzantini. Tales cambios no podían dejar de provocar grandes críticas por parte de los tradicionalistas, partidarios de que los toreros vistiesen, hablasen y actuasen como tales dentro y fuera de la plaza. Mazzantini, de hecho, envío sus padrinos a Peña y Goñi que había censurado, con ofensivas palabras según aquél, su manera de vestir y comportarse como impropia de un matador de toros.

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