Ir al contenido principal

RAFAEL DE RIEGO O LA INGENUIDAD ROMÁNTICA



El poeta liberal Manuel José Quintana, en sus cartas a Lord Holland, recordaba a Rafael de Riego. Reconocía que si bien el héroe liberal tuvo cualidades muy apropiadas para encabezar un partido, por su resolución y audacia, carecía de verdadero talento. Era Riego vanidoso y le gustaban las lisonjas del vulgo al que, de igual forma y consciente del peso de la opinión pública, él alababa "para adquirirse una popularidad más aparente y efímera que sólida y verdadera". Su llaneza y facilidad de trato le restaban la gravedad necesaria, propia del militar y del político de altura, "vulgarizando así su puesto y su persona, desairaba la causa de la libertad, que presumía sostener". Era Riego hombre de reacciones imprevisibles, espectaculares y desaforadas. Alcalá Galiano, también liberal y más duro en sus juicios, calificó sus modales "siendo bien nacido y no mal criado" como "algo toscos", además de afirmar que no era hombre demasiado inteligente. Riego era, sencillamente, un romántico. En el fondo esta ausencia de sentido de la medida, sus extravagancias y arrebatos  son propios del espíritu de su tiempo. Pero quizás lo más triste es lo que declara Quintana cuando afirma que Riego se equivocó siempre "en las ideas que se formaba de las cosas y de los hombres y mucho más en la de sí mismo". Más amargo es esto, creo yo,  que su camino hacia el patíbulo, arrastrado en un serón hasta la plaza de la Cebada, aquel día de noviembre de 1823.

Entradas populares de este blog

LA COCINA DE SANTA TERESA

No había mucho para aparejar una mesa a finales del siglo XVI. Los alimentos eran poco variados, escasos y caros. Los malos caminos, las alcabalas, las sisas y el intervencionismo municipal sobre tratos y contratos no facilitaban ni los abastos ni los precios bajos. Muchos españoles del tiempo de los Austrias se iban a dormir con las tripas desasosegadas. En los escritos de santa Teresa de Ávila hay algunas noticias sobre víveres y cocina. Nadie ha demostrado que la mística y la santidad sean incompatibles con los pucheros.

Aunque las Constituciones de las Carmelitas Descalzas, dispuestas por santa Teresa, imponían con claridad la prohibición de comer carne, había situaciones en las que se daba licencia para su consumo Así, en marzo de 1572, pedía a su hermana, doña Juana de Ahumada, unos pavos para las monjas de la Encarnación de Ávila. A inicios de 1573 daba las gracias por el envío de sesenta y dos aves para unas monjas enfermas del mismo convento. En octubre de 1576 escribía al P…

PROTESTANTES DE EL CENTENILLO

Los ingleses explotaban las minas de plomo de El Centenillo, a pocos kilómetros de La Carolina, ya en Sierra Morena. Allí estaba instalados los Haselden, una familia inglesa, que corrió aventuras y trabajos en el pueblo y la comarca. Entre sus componentes podemos recordar a Arthur Haselden. Don Arturo, conocido así por el paisanaje, fue secuestrado en 1874 por unos facinerosos que obtuvieron un cuantioso rescate de 5.800 libras. En esos tiempos, Andalucía podía ser un lugar peligroso. Su hija, Mary Ethel Haselden, llamada por los del pueblo "doña Eze", según leo en Luis García Sanchez-Berbel, hacía proselitismo protestante entre los mineros, acompañada por una criada española llamada Flora y previamente catequizada. Llegó a existir en el poblado una iglesia de esta obediencia. Allí, los ingenieros ingleses y algunos mineros convertidos cantarían los domingos sus himnos como si estuviesen en Gales o en el Yorkshire. Entre los neófitos destacó un vecino llamado Raimundo Parril…

CORTIJOS

Por mucho que algunos digan lo contrario, hay cortijos en Andalucía desde los romanos. José María Blázquez afirma que los fundi, que bien podemos emparentar con los cortijos, comenzaron a proliferar a finales del siglo II, para adquirir plena importancia a partir del IV, aunque no sólo en Andalucía sino también en la Meseta donde eran, incluso, más ostentosos. En tiempos difíciles constituyeron enclaves autosuficientes, cercados de muros sólidos, para mejor resguardo de las bandas de merodeadores, y bajo el gobierno de terratenientes con mando en plaza, fuente de autoridad patriarcal sobre sus esclavos, colonos y libertos.



Cuando el Imperio Romano de Occidente se hundió, en el siglo V, sólo permaneció, en palabras de FW Walbank en su obra La pavorosa revolución, lo que estaba arraigado en la tierra: el cultivo de la viña, las antiguas fronteras, las murallas de las ciudades y los edificios. Yo añadiría que también los cortijos. Fueron los parientes pobres de los monasterios y de los ca…