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POBREZA




En el siglo XVII lo normal era ser pobre. Había, con todo, grados en la indigencia. Desde los pobres vergonzantes a los de solemnidad y con licencia. Los más desgraciados eran los vagabundos, o los vagamundos como a veces se mencionan en los documentos y no sin evidente lógica. Erraban de pueblo en pueblo por los caminos, con la vida a cuestas y de milagro, trasegando soles y hielos, sin consuelo. Con el ladrido de los perros por cena y los postigos cerrados por colación. Siempre bajo la mirada de alguaciles y cuadrilleros de la Santa Hermandad.

El 21 de mayo del desolado año de 1698, cerca de Despeñaperros, en la villa de Vilches, tierra del Reino de Jaén, el párroco de San Miguel dio cuenta de:

"un pobre hombre que murio en el ospital desta villa y no se supo como se llamaba ni de donde era. Recibio los Santos Sacramentos y no tenia aun ropa que ponerse por ser de los pobres viandantes".

Difícil es expresar mejor, con tan poco, tanto desamparo.


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