Ir al contenido principal

QUAN TRABAJOSO Y PELIGROSO ES EL OFICIO DE PREDICADOR

Don Francisco Aguilar Terrones del Caño era natural de Andujar, fue obispo de Tuy y de León y vivió entre 1551 y 1613. Sabía que no era broma de muchachos el negocio de la salvación pues muchos pecadores, conmovidos por un buen sermón, podían cambiar de vida y abominar de pasadas bellaquerías. Para aconsejar a los que subían a los púlpitos escribió su Instrucción de Predicadores. No es libro ameno, a decir verdad, pero está escrito con claridad y tiene reflexiones de gran valor.

Consideraba que el predicador “a de ser de mediano aspecto” y no “monstruosamente feo, o espantable de rostro”. Desaconsejaba predicar a gritos, las acciones vehementes y descompuestas “hundiendose en el pulpito, braceando apriesa” y “jamas se an de dar cozes, ni sonar los pies en el pulpito”.

Era obligado, en lo posible, “no toser, ni escupir o limpiar el sudor en medio del sermón” y decía, no sin inocente jactancia: “yo devo de aver predicado mas de cuatrocientos, o quinientos sermones: y no devo de aver escupido en los diez de ellos”. Si los achaques obligaban a tales servidumbres era conveniente tener prevenido el pañuelo “que despues a medio predicar embaraza el sacarlo, y a veces buscarlo”.

Reflexiona Don Francisco sobre la conveniencia de predicar en ayunas que de lo contrario se podían producir situaciones apuradas. Preocupaban mucho a nuestro clérigo las malas consecuencias de sudar en exceso. No era sensato ir demasiado abrigado a pronunciar sermones. Alegaba, y para esto se valía de reputadas autoridades que mejor era no predicar en el estío y esperar al otoño “que ya se suda menos, y ay menos peligro” pues, “con el concurso de gente en tiempo caluroso, se suelen engendrar enfermedades”. Esta afirmación trae a la memoria la terrible experiencia de las epidemias de principios del siglo XVII. Al predicador “sudado y no abrigado, se le puede temer un catarro, y un costado, y aun yo e visto perlesía repentina”.

Otros achaques procedían “de dar siempre malas nuevas, reñir con todos, dezir a todos sus faltas sin respectar personas”. Compara al predicador con el perro “que si entran ladrones en casa, y no ladra, ahorcale su amo, y con razon, y si ladra danle los ladrones estocadas, o apedreanle, y vanse desta manera: si reñimos a los viciosos, o poderosos, apedreannos, cobramos enemigos, no medramos, y aun suelen desterrarnos: si no reñimos mandanos Dios ahorcar por ello, mirar que bien librados estamos”.

Y añade, además, los peligros de ser denunciados por herejía: “quantos an llevado al Santo Oficio por oyentes ignorantes,o malevolos, que aunque los den por libres, salen tiznados, y muchos mas son los que el santo Oficio no llama”. Lo sabía bien don Francisco que había sido calificador en la Inquisición de Granada. Si decidiesen los inquisidores, aseguraba, “llamar a todos los predicadores que son denunciados por oyentes ruynes, no abria ya quien predicasse” pues, concluía, “el vulgacho, es cossa rezia”. Era peor que los catarros.

Fama tuvo en vida don Francisco de decir las verdades con tanta sinceridad como aspereza. No era dado a melindres.

Entradas populares de este blog

LA COCINA DE SANTA TERESA

No había mucho para aparejar una mesa a finales del siglo XVI. Los alimentos eran poco variados, escasos y caros. Los malos caminos, las alcabalas, las sisas y el intervencionismo municipal sobre tratos y contratos no facilitaban ni los abastos ni los precios bajos. Muchos españoles del tiempo de los Austrias se iban a dormir con las tripas desasosegadas. En los escritos de santa Teresa de Ávila hay algunas noticias sobre víveres y cocina. Nadie ha demostrado que la mística y la santidad sean incompatibles con los pucheros.

Aunque las Constituciones de las Carmelitas Descalzas, dispuestas por santa Teresa, imponían con claridad la prohibición de comer carne, había situaciones en las que se daba licencia para su consumo Así, en marzo de 1572, pedía a su hermana, doña Juana de Ahumada, unos pavos para las monjas de la Encarnación de Ávila. A inicios de 1573 daba las gracias por el envío de sesenta y dos aves para unas monjas enfermas del mismo convento. En octubre de 1576 escribía al P…

PROTESTANTES DE EL CENTENILLO

Los ingleses explotaban las minas de plomo de El Centenillo, a pocos kilómetros de La Carolina, ya en Sierra Morena. Allí estaba instalados los Haselden, una familia inglesa, que corrió aventuras y trabajos en el pueblo y la comarca. Entre sus componentes podemos recordar a Arthur Haselden. Don Arturo, conocido así por el paisanaje, fue secuestrado en 1874 por unos facinerosos que obtuvieron un cuantioso rescate de 5.800 libras. En esos tiempos, Andalucía podía ser un lugar peligroso. Su hija, Mary Ethel Haselden, llamada por los del pueblo "doña Eze", según leo en Luis García Sanchez-Berbel, hacía proselitismo protestante entre los mineros, acompañada por una criada española llamada Flora y previamente catequizada. Llegó a existir en el poblado una iglesia de esta obediencia. Allí, los ingenieros ingleses y algunos mineros convertidos cantarían los domingos sus himnos como si estuviesen en Gales o en el Yorkshire. Entre los neófitos destacó un vecino llamado Raimundo Parril…

CORTIJOS

Por mucho que algunos digan lo contrario, hay cortijos en Andalucía desde los romanos. José María Blázquez afirma que los fundi, que bien podemos emparentar con los cortijos, comenzaron a proliferar a finales del siglo II, para adquirir plena importancia a partir del IV, aunque no sólo en Andalucía sino también en la Meseta donde eran, incluso, más ostentosos. En tiempos difíciles constituyeron enclaves autosuficientes, cercados de muros sólidos, para mejor resguardo de las bandas de merodeadores, y bajo el gobierno de terratenientes con mando en plaza, fuente de autoridad patriarcal sobre sus esclavos, colonos y libertos.



Cuando el Imperio Romano de Occidente se hundió, en el siglo V, sólo permaneció, en palabras de FW Walbank en su obra La pavorosa revolución, lo que estaba arraigado en la tierra: el cultivo de la viña, las antiguas fronteras, las murallas de las ciudades y los edificios. Yo añadiría que también los cortijos. Fueron los parientes pobres de los monasterios y de los ca…