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ARISTÓCRATAS

Don Fernando de Torres y Portugal fue el primer conde de Villardompardo. Vivió en el reinado de Felipe II al que sirvió como virrey del Perú. Casó en dos ocasiones, la primera con doña Francisca de Carvajal y Osorio, hija del señor de la Casa de Jódar y la segunda con doña María Carrillo de Córdoba, hija del señor de Solares. Tuvo el Conde numerosos hijos. En su testamento da cuenta de algunos. Sus vidas fueron el claro reflejo de su tiempo y una muestra de lo mejor de la aristocracia de los años del Imperio. Parecen sacados de las páginas de una crónica vieja. La muerte, desdeñosa con rangos y estados, hizo lo suyo.

Cuatro estuvieron en Flandes como soldados: don Diego de Carvajal, caballero de Santiago, muerto de un arcabuzazo; don Fernando de Torres y Portugal, también caballero de Santiago al que alcanzaron con otro arcabuzazo en las piernas. Tuvo este alcotán, triste y erguido, que valerse de muletas durante el resto de sus días; otro fue don Luis de Torres y Portugal, caballero de Santiago, muerto en el asalto a Mastrique. Otro hermano más que estuvo con su persona en aquella malventurada guerra fue don Pedro de Torres y Portugal. Don Rodrigo de Torres y Portugal acompañó a Don Juan de Austria en Lepanto y allí entregó su ánima combatiendo. Don Alonso de Torres y Portugal participó en la jornada de la Isla Tercera para morir después, estragado por los trabajos de la guerra. El mayor de todos, don Jerónimo de Torres y Portugal, acompañó a su padre al Perú y participó en diferentes jornadas contra corsarios ingleses.

Estos caballeros bien podrán haber seguido una senda más regalada que, si bien eran muchos en la Casa, no habrían faltado alguna rentilla, oficio real, prebenda o juro, perpetuo o al quitar, pero cuestiones de honra les mandaron elegir las asperezas de las vigilias, los hielos de las madrugadas y los riesgos de la guerra. Y al final ir a parar a los brazos de la muerte antes de hora. Dos hermanos de los antes citados abrazaron la vida religiosa: don Gonzalo de Torres y Portugal sentó plaza en la Compañía de Jesús, una forma de ser soldado a lo divino a fin de cuentas, y don Francisco cambió el don por el fray y vistió hasta su muerte el sayal en la religión de San Francisco.

Los datos sobre la descendencia de Villardompardo están tomados del libro de Enrique Toral y Peñaranda, De la pequeña Historia de Jaén, Jaén 1996. La fotografía corresponde a las casas principales del Conde en Jaén (Crónica de la Cena Jocosa 2005, Amigos de San Antón, Jaén 2010.)



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